Mundo Yold. La nefasta ley que potenció al hampa, la violencia y el consumo alcohólico cumple cien años de su instauración

Grandes películas para recordar en el centenario de la Ley Seca

 

 

Angel Domingo
2 noviembre, 2020

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Con nuestro crítico de confianza, Ángel Domingo, viajamos hoy a los años húmedos de la Ley Seca, ahora que se cumplen cien años de su desastrosa entrada en vigor. Y para este viaje, nada mejor que sumergirnos en las películas que recrearon este universo de gansters, cabarets, balas y whiskies en tazas de té. ¿Te vienes?

Cien años después, se ha demostrado que la famosa orden de abstinencia obligatoria a cualquier bebida alcohólica superior a 0,5 grados fue un desastre. Sin embargo, hay que reconocer que potenció el florecimiento de un nuevo subgénero cinematográfico que permitió la aparición de películas muy aplaudidas. Hoy recordaré las que, a mi juicio, son las producciones más exitosas, todas ellas rodadas entre los años 30 y los 90. Todas las que voy a citar van más allá de las producciones de Coppola o Scorsese. Desde La ley del hampa (Budd Boetticher, 1960) hasta Muerte entre las flores (Joel Coen, 1990).

James Cagney, muy ocupado en su trapicheo alcohólico (Los violentos años veinte)

Un 17 de enero de 1920 la producción, distribución y venta de alcohol quedaron prohibidas al entrar en vigor la enmienda 18 de la Constitución norteamericana; enmienda a la que se conoció y se conoce como Ley Seca. Estuvo en vigor hasta el 5 de diciembre de 1933 (casi 14 años), con consecuencias muy diferentes a las esperadas. Sin ir más lejos, la más notoria fue el aumento de bebidas espirituosas; los norteamericanos bebieron más alcohol durante este periodo que el consumido antes de la prohibición, y por consiguiente se activó el desarrollo y aumento de las mafias estadounidenses, que gracias al apoyo de policías y funcionarios sobornados por los gangsters de turno, amasaron inmensas fortunas. Todo gracias a la Ley Seca y, sin embargo, tan húmeda.

Celebrando el fin de la prohibición en 1933 (con alcohol, como no podía ser de otra forma)

También la industria cinematográfica se permitió su propio beneficio, desarrollando el subgénero de películas sobre gangsters que tanta felicidad les proporcionó, tanto económica, como artísticamente. Vamos allá con las sugerencias cinematográficas en torno a la Ley Seca:

Capone y sus secuaces planeando maldades (Scarface)

Scarface, el terror del hampa (Howard Hawks, 1932). Cuentan que el productor Howard Hughes estaba preocupado porque las autoridades no estuvieran haciendo lo suficiente para controlar el crimen organizado y que, como reacción a la incipiente carrera del mafioso de Chicago, Al Capone, surgió esta gran película de 1932. Dirigida por Howard Hawks, con un excelente guion de otro grande, Ben Hecht, el autor de La ley del hampa, adaptando la novela de Armitage Trail basada en la figura del gangster más importante de la época, el Caracortada Capone. Eso sí, compone libremente su historia, de manera sorprendentemente violenta para su época, incluyendo la misteriosa y terrible recreación de la masacre del Día de San Valentín.

En esta deliciosa película, Hawks cuenta el ascenso de Tony Camonte (Paul Muni) a través de su trabajo en la mafia, organización criminal en la que comienza como asesino a sueldo, frío y calculador, hasta llegar a convertirse en el rey de Chicago. Y es que Scarface, el terror del hampa tiene un estilo visual consistente y revelador, apoyado por una mezcla casi desconocida anteriormente de brutalidad y testimonio, que a Capone, según cuenta la historia, le gustó bastante. Sorprendente, inquietante y enormemente sarcástica, descarnada a la vez y atrevida -con alusiones apenas ocultas al incesto– está cargada, sin embargo, de hechizo, ese hechizo que hace de su peligroso protagonista un chico atractivo para el espectador.

Cartel de Los violentos años veinte

Los violentos años veinte (Raoul Walsh, 1939). James Cagney interpreta a Eddie Bartlett, un veterano de la Primera Guerra Mundial que encuentra un trabajo extra. Bartlett descubre que puede ganar dinero con el contrabando de alcohol ilegal a través de la ciudad que ahora domina como conductor, y que convierte en negocio de distribución mediante un acuerdo con el propietario de un club. George Hally (Humphrey Bogart), amigo del ejército, se aprovechará de la buena naturaleza de este para arrebatarle su puesto y negocio, y devolverle al mundo del taxi. La historia, escrita por Mark Hellinger, se basó en acontecimientos que había presenciado el propio guionista y en personas que conoció durante su período como periodista en los años 20.

Marilyn, su ukelele y toda la orquesta al completo en el tren de Con faldas y a lo loco

Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959). Esta película del gran maestro, Billy Wilder, el dios cinematográfico para muchos, la comedia por excelencia para otros tantos, cuenta la historia en el Chicago de 1929 de los músicos de jazz interpretados por Jack Lemmon y Tony Curtis, que malviven, como pueden, valiéndose de una trompeta y un violonchelo. El único problema es que por azares de la vida son testigos de la famosa masacre del Día de San Valentín. Es hora entonces de huir de los mafiosos, que no cejarán en perseguirlos hasta verles muertos; en esa huida, no dudarán en calzarse tacones, ajustarse fajas y colocarse otras falsificaciones para unirse a una banda de chicas y pasar por dos de ellas. Si ya es difícil esto, con semejantes caretos, sobre todo Lemmon, ¿cómo mantener la maldita testosterona bajo control si la cantante del grupo femenino es, ni más ni menos, que la sensual y deseable Marilyn Monroe?

Wilder acomete un trabajo cinematográfico sencillo, poniendo en relieve una historia tan divertida como loca. Soberbia en su colección de gags y chistes, se necesita más de una visión del filme para poder pillar todos. Actuaciones fabulosas para un guion excelente, divertido e inteligente, que no necesita jugar con el espectador, tan solo mostrar. Un filme elegante y suave que se inclina por las insinuaciones, frente al insulto y desarrolla sin aspavientos el romance y la tensión sexual.

Cartel de La ley del hampa

La ley del hampa (Budd Boetticher, 1960). Fue un inmigrante, concretamente Budd Boetticher, quien realizó a finales de la década de los años veinte, la que ha sido considerada la mejor película de gangsteres de Hollywood. George Bancroft interpreta a Bull Weed, delincuente valiente que, durante un atraco, conoce y entabla amistad con Rolls Royce Wensel (Clive Brook), un talentoso y competente abogado hundido en el alcoholismo y la indigencia. Weed le sacará de la miseria y, por su parte, Rolls Royce le ayudará con su habilidad natural a impulsar su carrera en el mundo del hampa. Pero la situación se complica cuando la atracción de los dos amigos se dirige hacia la misma mujer. Boetticher derrocha sin contenerse todos y cada uno de los talentos que entraña su maestría visual para hacer brillar el magnífico guion (ganador de un Oscar) de Ben Hecht.

La ley del hampa es un enorme experimento de violencia y cine, tanto en su planificación como en el ambiente sublime de su fotografía, creando un paisaje cinematográfico, un universo a través del humo y la luz, y su esmerado montaje. Una película enormemente expresiva, en la que el poeta Sternberg da rienda suelta a su exquisitez filosófica, los forajidos se burlan de la autoridad para convertirse en héroes poderosos y hasta capaces de conmoverse y conmover al espectador.

El puente de Brooklyn en una de sus imágenes más icónicas (Érase una vez en América)

Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984). Saltamos hasta los años 80, concretamente hasta 1984, para encontrarnos con otra obra maestra en la que la Ley Seca tiene mucho juego. La fabulosa película de Sergio Leone, quizá su mejor película, está basada en la novela de Harry Grey, The Hoods. Érase una vez en América va y viene en el tiempo para narrar la vida de Noodles (Robert De Niro) y Max (James Woods), dos niños judíos de la calle en Nueva York que construyen un imperio criminal en el transcurso de varias décadas, junto a sus amigos de la infancia Patsy (James Hayden) y Cockeye (William Forsythe).

En esta cinta se ve reflejada la historia de los Estados Unidos de América, contada como la de una tierra de inmigrantes y personas que vinieron de la nada, se esforzaron por ganarse la vida y reescribieron su propia historia, pero también una descripción dolorosa, incluso trágica, de las consecuencias de su criminalidad bajo la inmensidad del paisaje de Nueva York y las relaciones entre sus personajes a lo largo de 50 años. Bellísima formalmente cuenta con la banda sonora de Ennio Morricone, una de las más hermosas de toda la historia del cine.

Apatrullando Nueva York en Los intocables de Eliot Ness

Los intocables de Eliot Ness (Brian De Palma, 1987). Esta película es la que logra recuperar en las pantallas de todo el mundo el controvertido, pero también admirado, mundo fílmico del director Brian De Palma. Con un estupendo guion de David Mamet, Los intocables de Eliot Ness amplifica y dramatiza la prohibición, la Ley Seca, y lo hace a través de personajes reales, el del famoso agente del Tesoro de los Estados Unidos, Eliot Ness, y su batalla contra el líder del grupo mafioso más poderoso de Chicago, Al Capone.

El famoso fotograma de un sombrero, la muerte en el bosque (Muerte entre las flores)

Muerte entre las flores (Joel Coen, 1990). Y vamos a acabar en los 90, con una de las grandes cintas de los Cohen. Muerte entre las flores ya es parte de la historia del cine de todos los tiempos. Gabriel Byrne interpreta a Tom, la mano derecha del jefe del crimen de la era de la prohibición, Leo (Albert Finney). Cuando la chica de Leo, Verna (Marcia Gay Harden), comienza a susurrar malos consejos al oído de Leo, Tom se ve obligado a salir de la banda, y no tiene más remedio que ponerse del lado del ganster rival de su jefe y amigo, Johnny Caspar (Jon Polito). Es una historia moral dentro de un mundo inmoral, cuyo dilema atraviesa las fronteras del pecado y cobra importancia natural y universal.

Reflexivos, tanto la historia como sus personajes y sus dramas personales, cada palabra y cada ángulo de cámara están milimétricamente medidos, a pesar del nihilismo y la exhibición de violencia, que hacen de esta película casi un ensayo filosófico, trazando las líneas precisas entre lo correcto y lo incorrecto, ajustables para todo tipo de circunstancias y personajes, hasta en los mundos de corrupción.

Si aún no la han visto permítanme aconsejarles que lo hagan; disfrutarán de los vertiginosos giros de la trama y del cinismo profundo, envoltorio de una verdad que casi no queremos mirar. O quizás comprender.

Hay leyes, como esta Ley Seca, que tienen el efecto contrario al deseado. Son como piedras tiradas sobre el propio tejado. Y el cine supo contarlo.

Ángel Domingo Pérez

Comentarios

  1. Sonieta dice:

    Maravilloso artículo, mi preferida siempre será Con faldas y a lo loco (Some like It Hot)

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