Greta Fernández sobresale en La hija del ladrón

 

 

 

Angel Domingo
7 abril, 2020

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La joven barcelonesa Belén Funes debuta en la dirección con la sobresaliente película La hija de un ladrón, Premio Goya a la Mejor Dirección Novel, que ya se puede disfrutar en las plataformas digitales.

El argumento del filme nos presenta a Sara, que ha estado sola toda su vida. Tiene 22 años y un bebé. Su deseo es formar una familia junto a su hermano pequeño y el padre de su hijo.

Manuel -padre de Sara, interpretado magistralmente por Eduard Fernández, que también es su padre en la vida real- tras años de ausencia, sale de la cárcel decidido a reaparecer en su vida. La hija es consciente de que su progenitor será su mayor obstáculo en sus planes y toma una drástica decisión: alejarlo de ella y de su hermano.

Eduard Fernández es considerado uno de los mejores actores del momento pese a ser coetáneo de intérpretes tan excepcionales como Luis Tosar, Javier Bardem, Javier Gutiérrez y Antonio Banderas. Resulta muy difícil explicar cuál es su mayor cualidad en pantalla, pero hay algo en su manera de interpretar que siempre conquista al espectador, incluso en títulos que por sí mismos no interesan demasiado.

Primer plano de la joven actriz cuyo talento deslumbra a cuantos ven la película

Esperar que sucediese lo mismo con su hija, Greta Fernández, probablemente hubiera sido esperar demasiado, pero poco a poco ha ido construyendo una carrera y despojándose de la eterna etiqueta de ser la hija de para exhibir todo lo que puede aportar al séptimo arte. Eso sí, ha sido con esta película con la que ha despejado cualquier tipo de dudas que todavía pudieran existir.

La ópera prima de Funes extiende la historia que presentó en su cortometraje Sara a la fuga (Belén Funes, 2015) pero, en esta ocasión, el personaje es una veinteañera que ha tenido un bebé hace poco y está intentando construir su propia familia con el padre del niño y su hermano pequeño, pero todo se complica cuando reaparece su padre, que había estado en la cárcel hasta entonces. Este es el corazón argumental de la película, sin embargo lo que parece interesarle realmente a Funes es la pesadumbre vital que afecta en todo momento a su protagonista.

Con su padre, el grandísimo actor Eduard Fernández

La directora decide situar la cámara siempre muy encima de Greta, pero la sensación de intimidad inicial que consigue pronto deriva en un implacable relato de una persona a quién las alegrías le duran demasiado poco, y que no deja de ir recibiendo pequeños golpes que le impiden alcanzar la tan deseada felicidad. Ya sea la causa el distanciamiento emocional que recibe Sara por parte del padre, de su hijo o que su hermano siempre parece preferir a un padre ausente cuando fue ella la que siempre estuvo ahí, o incluso la aparente dificultad para conectar con su propio bebé, especialmente reflejada en una escena de ducha que a su manera identifica un reflejo perfecto de su propio estado emocional.

La directora de la estupenda película, Belén Funes

La directora busca, en todo momento, un enfoque realista, en consonancia con el tipo de cine social que hemos visto en numerosas producciones europeas, en el que casi parece que los pequeños temblores de la cámara están llamados a subrayar ese desequilibrio emocional que va erosionado progresivamente a Sara.

Y esto es algo que Greta refleja muy bien a través del lenguaje no verbal, tanto el agotamiento que sufre constantemente por intentar salir adelante, como esa ternura que persigue en determinadas escenas, como el reencuentro con el padre de su hijo tras regresar de la vendimia y el hecho de que nunca es correspondida o, al menos, no hasta el punto que ella necesita.

El espectador siente en todo momento el dolor interno del personaje y ni siquiera son necesarias grandes explosiones emocionales, aunque sea cierto que aparecen algunas en las conversaciones que tiene con su padre, pero sin llegar nunca a extremos poco creíbles para que ese deterioro progresivo resulte evidente. Ni siquiera sus pequeñas victorias le permiten salir del tortuoso camino, ya que resultan efímeras, un sostén insuficiente.

La actriz en el photocall de la última ceremonia de los Goya

Por último, quiero destacar que Greta sabe brillar cuando debería ser más reservada y su personaje se aferre a un deseo que difícilmente llegará a hacerse realidad como cuando ha de enfrentarse a la realidad que tiene ante sí, funcionando especialmente bien cuando comparte escena con su padre, quién en todo momento acepta su condición de complemento en la historia y aporta todo lo que se requiere de él.

Al ver la cinta, los espectadores abandonan la sala con una idea fija en la cabeza: Greta Fernández realiza una de las mejores interpretaciones del año.

La hija de un ladrón es una película desprovista de artificios innecesarios que apuesta de forma decidida por la interpretación de una sobresaliente Greta Fernández, justamente reconocida en el pasado Festival de San Sebastián. Si bien es cierto que transita por caminos conocidos y eso podría restar impacto a lo que propone, pero la ópera prima de Belén Funes lo hace todo muy bien e invita a esperar grandes cosas de ella en un futuro muy cercano.

Ángel Domingo Pérez

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