Mundo Yold. Hoy hacemos un luminoso recorrido por las lámparas más famosas del mundo

Historia de las lámparas Tiffany, las joyas de la iluminación

Inés Almendros
4 septiembre, 2022

Hoy nos asomamos a la historia de la lámpara más famosa y posiblemente más bella del mundo, que mantiene su luz desde hace más de un siglo. Aunque su autor oficial fue el genial diseñador Louis Comfort Tiffany –hijo del famoso joyero- recientemente se ha reconocido que gran parte de los modelos históricos fueron creados por la desconocida diseñadora Clara Driscoll, directora de la fábrica. No dejes de acompañarnos por este maravilloso viaje de arte, luz y color.

Nacieron al principio del siglo XX, pero su poderosa belleza las convirtió en auténticas obras de arte. Hoy en día, las lámparas Tiffany siguen vendiéndose en todo el mundo: la marca original sigue fabricando algunos de los modelos clásicos más reconocidos y otros más modernos. Pero las que tienen mayor valor son, sin duda, las piezas antiguas y originales: una Tiffany de primeros del siglo XX auténtica y bien conservada puede llegar a alcanzar cifras millonarias en las casas de subastas internacionales. Muchas de las originales se encuentran en museos, sobre todo de Estados Unidos, ya que, por supuesto, son consideradas auténticas obras de arte. La más completa colección es la Neustadt Gallery, en el Museo Queens de Nueva York, donde estuvieron los talleres de Tiffany. En ella se muestran miles de cristales y materiales originales, que fueron adquiridos por el Dr. Egon Neustadt en 1967.

Modelos Apple Blosom y Lotus Globe, dos de los modelos clásicos e icónicos del catálogo original

Las lámparas Tiffany parten de un cuidado diseño y elaboración artesanal con cristales coloreados, cortados y unidos entre sí mediante piezas de estaño. Los modelos clásicos de Tiffany normalmente muestran una decoración estilo Art Nouveau, con orlas y cenefas de trazado geométrico, con triángulos, cuadrados, rombos u óvalos; pero también se inspiran en motivos naturales como flores, libélulas o bellos animales, como pavos reales.​ A lo largo de las décadas, hemos visto innumerables lámparas Tiffany no solo en interiores públicos y privados, sino también en el cine y en la televisión

Una Tiffany de primeros del siglo XX auténtica y bien conservada puede llegar a alcanzar cifras millonarias.

Louis Comfort Tiffany 

Un artista multidisciplinar
El creador de estos exquisitos accesorios fue Louis Comfort Tiffany quien, a su vez, era el hijo del famosísimo joyero Charles Lewis Tiffany (sí, el patriarca de la famosa firma de joyería a cuyos escaparates acudía Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes). Pese a formar parte de una riquísima familia y tener el futuro asegurado, Louis nació con gran talento e iniciativa, y desde joven decidió dedicarse a trabajar en sus propias creaciones.

Louis Comfort Tiffany retratado por Joaquín Sorolla, 1911, óleo, 150.5 x 225.4 cm. Hispanic Society of America, New York

En sus primeros años, estudió arte con el paisajista estadounidense George Inness, desarrollando una preciosa obra pictórica, en la que destacan las acuarelas y óleos que realizó en sus viajes por España y África. A lo largo de su vida, supo rodearse de artistas, empresarios y creadores diversos, que sin duda contribuyeron a engrandecer su talento cosmopolita y global. Uno de ellos fue el pintor español Joaquín Sorolla, que le realizó un famoso retrato en 1911.

En Nueva York, 45th Madison, se hallaba el showroom de la firma

Interesado cada vez más por las artes artes decorativas, y en especial, por la fabricación del vidrio, sobre 1879, junto con sus amigos y también artistas, Candace Wheeler, Samuel Colman y Lockwood de Forest, decide abrir su primera firma –Louis Comfort Tiffany and Associated American Artists– para producir piezas de diseño personalizado. Aunque esta compañía duró poco, fue tremendamente activa y creativa: el grupo realizó un extenso catálogo de diseños, especialmente de mobiliario y textiles.

Óleo de Louis Comfort, titulado Mercado de Marruecos actualmente en el New Britain Museum of American Art

Louis se decidió a abrir su propia fábrica de vidrio, en Corona, Nueva York, para crear piezas únicas de cristal.

Tras este primer proyecto, Louis se decidió a abrir su propia fábrica de vidrio, en Corona, Nueva York, para crear piezas únicas de cristal. En poco tiempo, sus obras -especialmente sus vidrieras y sus lámparas- se convirtieron en imprescindibles en las mansiones de la alta sociedad neoyorquina y en importantes edificios de todo el país. Siguiendo la tendencia Art Nouveau y también motivado por la utilización doméstica del nuevo invento de Thomas Edison -la bombilla eléctrica-, sobre el año 1885 comenzó a diseñar aquellas lámparas que llevarían su nombre, generando una auténtica revolución. 

Desde el principio las Tiffany tuvieron una enorme aceptación: en las dos primeras décadas del siglo XX -la edad de oro de la firma-, la casa produjo y vendió lámparas en todo el mundo. Se diseñaban y fabricaban piezas muy diferentes, algunas baratas, otras de gran valor, para que pudieran llegar a todos los hogares.

Clara Driscoll

Un autor reconocido y una autora hasta ahora anónima
Sin embargo, aunque tradicionalmente la autoría de las lámparas se ha atribuido exclusivamente a Louis Comfort, lo cierto es que, en los últimos años, numerosos estudios han reconocido el papel protagonista que, en el diseño y creación de estas piezas históricas, tuvieron las mujeres que trabajaban en la fábrica Tiffany y muy especialmente el rol de la directora, Clara Driscoll.

Clara Driscoll en el taller con Joseph Briggs, director por mucho tiempo en Estudios Tiffany (1901)

Driscoll era una joven artista que había trabajado en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, y que posteriormente comenzó a colaborar con la factoría Tiffany, adonde llegó de mano del propio Louis. Aunque tuvo que dejar el trabajo cuando se casó, en 1889, tras la muerte de su marido, regresó a los talleres, supervisando los trabajos de diseño y corte de los cristales. Finalmente se convirtió en la directora de Tiffany Studios y permaneció allí veinte años, a lo largo de los cuales desarrolló una increíble labor como diseñadora y artista, pero también como ejecutiva de producción.

Son muchos estudios los que, en las últimas décadas, han comprobado la autoría de Clara como creadora de algunas de las piezas más importantes y representativas de la casa, por ejemplo, la mítica lámpara Libélula, la Peacock o la Dragonfly, entre otras muchas. Las conclusiones claras apuntan a que fueron Clara Driscoll y las “chicas Tiffany” quienes dieron luz a buena parte de los diseños más clásicos de la casa. La importancia de este descubrimiento fue tal que, en el año 2006, la Sociedad Histórica de Nueva York lo presentó al público a través de la conferencia “Una luz nueva en Tiffany: Clara Driscoll y las “chicas Tiffany“.

Un ejemplo de las históricas vidrieras, ‘Landscape with a Greek Temple’, creada sobre 1900, actualmente en el Cleveland Museum of Art

Las conclusiones claras apuntan a que fueron Clara Driscoll y las “chicas Tiffany” quienes dieron luz a buena parte de los diseños más clásicos de la casa.

Una preciosa Tiffany decoraba el famoso apartamento de Jack Lemmon en la película del mismo nombre

Luces inmortales
Pero sigamos con nuestra historia; tras morir Louis, en 1933, con el fin de los años veinte y el auge del Art Nouveau, las Tiffany dejaron de estar temporalmente de moda y su venta decayó durante dos décadas. Sin embargo, en los años sesenta, tras una exposición sobre el Art Nouveau, volvieron a estar de plena actualidad.

La Libélula y la Dragonfly, dos de los más bellos diseños de Clara Driscoll para Tiffany

A día de hoy, varias fábricas autorizadas en todo el mundo siguen produciendo las originales Tiffany y otros muchos modelos modernos. Además, es fácil encontrar Tiffany de imitación en cualquier tienda de iluminación, de casi cualquier lugar del planeta. Pero las Tiffany más valiosas son sin duda las originales, antiguas.

Pond Lily, 1903, vendida por 3.372.500 dólares

En el año 2018 la casa Christie´s vendió un modelo Pond Lily, diseño de Louis Comfort, por nada menos que 3.372.500 dólares. Otros modelos similares han alcanzado, igualmente, cifras de récord.

Icónica foto de Steve Jobs con una and Tiffany en diciembre de 1982

Aunque las fabricaciones originales de los talleres Tiffany incluyen una chapa firmada por la casa, hay tal cantidad de imitaciones, que solo un buen especialista podría verificar su autenticidad. Así es que ya sabes: si en casa de tu abuela hay una lámpara antigua, que pudiera parecer una Tiffany original, no dejes de comprobarlo. Tal vez tienes un tesoro en casa y tú, sin saberlo.

Imagen de portada:

The Neustadt Collection, Queens Museum

Más información:

https://www.theneustadt.org/

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies