Mundo Yold. Frances McDormand ha accedido a uno de los clubs más exclusivos del mundo

McDormand, gran triunfadora del Oscar que asciende al olimpo de las diosas del cine

Angel Domingo
11 mayo, 2021

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Tras su éxito con Nomadland,  Frances McDormand ha accedido a uno de los clubs más exclusivos del mundo: el de las actrices premiadas con más Oscars, junto con leyendas como Meryl Streep, Ingrid Bergman y Katherine Hepburn. Hoy nuestro crítico de cine, Ángel Domingo Pérez analiza la figura y el trabajo de esta intérprete genial.

Antes de hablar sobre la película ganadora, creo que es conveniente destacar a la actriz Frances McDormand, quien, a partir de esta histórica noche, será conocida como la reina nómada de Hollywood. Y no es para menos, Frances recogió su tercer Óscar como interprete, cifra pocas veces vista en la historia, y el primero como productora.

Sumar tres estatuillas de la Academia no es casualidad, Frances solo acepta papeles de protagonista, además pone una segunda condición: “que no giren alrededor de los hombres”, ha declarado en numerosas ocasiones.

Y, en su gran noche no quiso pasar desapercibida; tras agradecer su premio en tan solo 35 segundos aulló: “Este se lo damos a nuestro lobo” al alzar la estatuilla de Mejor película para Nomadland, (Chloé Zhao, Pekin 1982). El gesto era en honor a Mike Wolf, uno de los técnicos de sonido de la producción, que se suicidó el año pasado a los 35 años en Nueva York.

Frances con su tercera estatuilla, al lado de la directora también galardonada

La película fue la indiscutible ganadora de la noche con los premios a película, actriz y directora. McDormand volvió minutos después frente al mismo micrófono a compartir otro breve mensaje de agradecimiento: “Mi voz y mi trabajo son mi espada. Y me gusta trabajar”. Así McDormand entraba en el club exclusivo de actrices con tres estatuillas, junto a Meryl Streep e Ingrid Bergman. Por delante, solo Katherine Hepburn con cuatro.

Lo que quiero dejar claro, en este artículo, es que la película no hubiera sido posible sin ella, literalmente. Y no solo por su inolvidable interpretación, sino porque precisamente ella tenía los derechos del libro en que se basa la cinta: el que escribió la periodista Jessica Bruder sobre la experiencia de cincuenta nómadas en pleno siglo XXI. Fue la actriz quien descubrió, en un intrascendente ensayo periodístico, al personaje fundamental que, sumado a su amplio catálogo de personajes extravagantes, otorga al filme la importancia para atraer la atención de las grandes productoras hollywoodienses.

El éxito de Frances es para estudiarlo en profundidad, aunque ella le quita importancia asegurando que “busco la empatía con mis personajes y sorprender al público” y “represento a la gente que conozco”.

Desde la década de los ochenta suma seis candidaturas al Óscar, y sin embargo solo ha ganado tres estatuillas a Mejor actriz protagonista y ha perdido en todas sus nominaciones a Mejor actriz secundaria.

McDormand nació en Gibson City (Illinois), con el nombre de Cynthia Ann Smith, en 1957. Al año y medio fue adoptada por el ministro de una iglesia presbiteriana y su esposa, una enfermera canadiense, que viajaban de ciudad en ciudad reactivando parroquias abandonadas, y que no tuvieron hijos biológicos. Adoptaron tres, y Frances fue la menor. Décadas después, ella misma y su marido, el director Joel Coen, adoptaron en Paraguay en 1994 a Pedro McDormand Coen.

Una larga y sólida carrera avalan su palmarés

En su adolescencia estudió en diversos Estados, antes de entrar en Yale a estudiar teatro a los 21 años. Tres años después se fue a Nueva York, donde vivió más de dos décadas. Empezó compartiendo piso con Holly Hunter, en el Bronx, y allí tuvo su primer contacto con el teatro experimental a través de The Wooster Group, compañía fundada en 1975 por Willem Dafoe y otros actores de la ciudad. Y le fue bien: debutó en el cine con Sangre fácil, (1984), de Joel y Ethan Coen, la primera de las siete películas en las que ha trabajado con los hermanos, que tras esa primera colaboración se convirtieron en su marido y su cuñado, respectivamente.

 

En Sangre fácil, uno de sus primeros títulos populares en el cine

A la vez que crecía en el audiovisual (fue la abogada Connie Chapman en la quinta temporada de Canción triste de Hill Street), se hizo un nombre en el teatro: en 1988 fue candidata a un Tony por su versión de Stella Kowalski en una adaptación de Un tranvía llamado deseo y al Oscar como secundaria por Arde Misisipi, junto a un intérprete que admira, Gene Hackman.

McDormand no solo se ha arriesgado con los personajes de los Coen. En 1990 protagonizó Agenda oculta, la película de un director británico conocido en su país y en el circuito de festivales, pero que aún no se había convertido en el pope del cine social: Ken Loach. En esa década su currículo se llenó de títulos de calidad, como Vidas cruzadas, Palookaville, Las dos caras de la verdad, Más allá de Rangún, Lone Star y, por supuesto, su creación de Marge Gunderson, la inolvidable agente embarazada de la policía de Fargo (1996), en Dakota del Norte. McDormand ganó su primer Oscar por esta película.

Inolvidable en Fargo

En esos años los Coen y la actriz se mudaron a la costa Oeste, a un pequeño pueblo al norte del Estado de California, del que siempre pide omitir el nombre en las entrevistas: “No vivo en Hollywood, solo trabajo allí”, asegura bromeando.

En el siglo XXI su ritmo no ha decrecido. Y ha sido capaz de poner ella misma en marcha proyectos cuando veía un texto en el que podría aportar algo en su adaptación al audiovisual. Antes de Normadlad hizo lo mismo con la serie Olive Kitteridge: compró los derechos de la novela a su autora, Elizabeth Strout, y esperó a encontrar la financiación adecuada.

Sin embargo, McDormand no se siente cómoda con los premios. Ve el éxito como algo que puede corromperla en lugar de tomárselo como motivo de celebración. “Así es y ha sido siempre”, contaba Holly Hunter en los Globos de Oro de 2017, cuando McDormand ganó con Tres anuncios en las afueras, que se convertiría en su segundo Oscar. Ya había sido candidata con Casi famosos (2000) y En tierra de hombres (2005).

Con su amiga de la juventud, Holly Hunter

Constante en su trabajo -colabora con dos clanes cinematográficos, el de los Coen y el de Wes Anderson-, desde hace unos años lleva a rajatabla una máxima: “En teatro no me ha ocurrido, pero en cine gran parte del trabajo que hice durante lustros fueron papeles de reparto, por lo general periféricos al varón protagonista. Ya no los acepto. En el cine digo mucho que no. Es el lujo que me permito por trabajar en el teatro”.

Esa afirmación corrobora el lado militante de la ganadora de la triple corona (Oscar, Tony y Emmy). Con su segundo Oscar en la mano, desde el escenario del teatro Dolby, la actriz señaló en 2017: “Si tuviera el honor de que todas las nominadas, en todas las categorías, se pusieran de pie conmigo. Actrices, directoras, guionistas, diseñadoras, directoras de fotografía, productoras, compositoras. ¡Vamos!, mirad alrededor, señoras y señores, porque todas tenemos historias que contar y proyectos que necesitamos que sean financiados”. “No nos habléis esta noche en la fiesta, invitadnos a vuestros despachos en un par de días o venid a los nuestros, y os hablaremos de ellos”. “Tengo dos palabras que dejaros esta noche: cláusula de inclusión”. Ella popularizó un concepto que llevaba desde 2014 dando vueltas por la industria, cuando la profesora Stacy L. Smith lo describió en The Hollywood Reporter. Desde entonces, McDormand lo ha añadido a todos sus proyectos, en pos de mayor inclusión y equidad en los equipos artísticos y técnicos con los que trabaja.

 

Con su marido, el director Joel Coen

Actualmente, McDormand apuntala el nuevo trabajo de los Coen, The Tragedy of Macbeth. “Encarno a alguien feroz, que nunca pide disculpas y tan ambiciosa que raya en la locura. La he interpretado como una mujer que ha pasado la menopausia, y que ha enloquecido con la pérdida de sus hijos después de muchos embarazos, abortos y bebés que nacieron muertos”. Ese fue el personaje, Lady Macbeth, que despertó el gusanillo de la interpretación en una adolescente de 14 años en clase de Literatura. Hoy esa niña se ha coronado como la mejor intérprete de su generación.

 

Ángel Domingo Pérez.

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