Gente Yold. Hoy bailamos con la danza más enigmática de la historia

La danza del vientre, la madre de las danzas

Carmen Matas
24 agosto, 2020

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La historia de la danza del vientre comienza en Oriente Medio y el Norte de África, y ha evolucionado en el seno de las culturas occidentales como una forma de danza enigmática, sensual y tremendamente exótica. Te contamos todo sobre este baile.

Es posible que cuando hablamos de danza del vientre se te venga a la cabeza la imagen de Shakira moviendo sus caderas a un ritmo que deja atónito a cualquiera. Y es cierto que en los últimos años artistas como ella han sido el reflejo de este enigmático baile. Pero lo cierto es que la danza del vientre, o danza oriental, es uno de los bailes más antiguos del mundo. Su origen se remonta a rituales dedicados a propiciar y obtener fecundidad, que se desarrollaban en diferentes países de Oriente Medio y el Norte de África.

De hecho, el término ‘danza del vientre’ es una creación de Occidente, que descubrió estos bellos movimientos de vientre y cadera cuando los primeros europeos viajaron a Oriente Medio en el siglo XIX. Así acuñaron el término para definir a esta bella danza, muy diferente a todo lo que se conocía en Europa hasta el momento.

La danza del vientre, o danza oriental, es uno de los bailes más antiguos del mundo.

Orígenes en Egipto
Pero, claro está, el hecho de que los europeos lo descubriesen en el siglo XIX no quiere en absoluto decir que los orígenes se remonten a ese momento. Hay dudas acerca de los orígenes reales de esta danza. Algunos opinan que los antecedentes más remotos podrían datarse en el Antiguo Egipto, en el año 1300/1200 a.C., donde se han encontrado frescos de mujeres danzando en posturas parecidas, tan solo vestidas con un faldellín atado a las caderas.

Aunque la versión que más adeptos gana es que la danza del vientre actual tiene sus orígenes en el siglo XVII, con las bailarinas gawazis o gitanas egipcias. Se trataba de bailarinas ambulantes de la etnia dom, que otorgaban a la danza una óptica popular y la practicaban en las plazas y zocos con juglares, recitadores, adivinadores y acróbatas. Estas mujeres fueron expulsadas de El Cairo durante la década de 1830, pero se asentaron en el Alto Egipto y más tarde en Oriente Medio y Europa. La danza del vientre fue, durante este período de tiempo, a menudo conocida como danza oriental y las mujeres que la practicaban consiguieron una auténtica fama en Europa. El mundo de la cultura al completo se sentía muy intrigado por la naturaleza exótica de este arte.

Los antecedentes de esta danza podrían remontarse al Antiguo Egipto, en el año 1300/1200 a.C.

Popularidad en Occidente
Dentro de las influencias de las bailarinas gawazis nació el género raqs sharqi de la danza del vientre. Mucho más urbano y adaptado a la época de comienzos del siglo XX. Rápidamente este estilo se hizo popular, mezclándose con otros bailes folclóricos, ballet, bailes latinos e incluso bandas de música estadounidenses.

El baile comenzó a tener mucho éxito entre las mujeres occidentales, todas querían aprenderlo. Los ejemplos más conocidos son el de Carmen Tórtola Valencia y el de Mata Hari, que a pesar de fingir ser una bailarina de la Isla de Java, se acercaba más a las formas de danza del Medio Oriente que a las de Indonesia. A partir de los años 1960 y 1970 este baile alcanzó especial popularidad en los Estados Unidos, gracias a la labor de divulgación que hicieron artistas como la española Dalilah, que organizó viajes para que las estudiantes pudieran conocer a las bailarinas míticas de Egipto y preparó los primeros seminarios junto al coreógrafo Mahmoud Reda fuera del país egipcio.

En este momento, el baile tenía una fuerte connotación incitadora y sensual, y las mujeres occidentales trabajaron duro para reinventarlo como un baile centrado en la mujer que se realizaba junto con celebraciones femeninas como el parto.

A comienzos del siglo XX, el baile comenzó a tener mucho éxito entre las mujeres occidentales, todas querían aprenderlo.

Época de oro
En ese momento precisamente comenzaba la época de oro de la danza oriental, una época donde las bailarinas en Egipto se hicieron mundialmente conocidas bailando en el Casino Ópera de Badiha Masabny, una de las pioneras que participó en gran cantidad de películas filmadas en el país egipcio entre 1930 y 1980.

Además de una inspiración para todas las amantes de este arte, todas estas bailarinas contaban con historias sumamente interesantes. Muchas de ellas fueron también estrellas de cine y tuvieron una vibrante vida amorosa. Algunas de las más conocidas fueron Shafiqa Al-Qibtiyya, Badia Masabni, Hekmet Fahmy, Beba Ezeddin, Amina Mohamad, Tahia Carioca, Samia Gamal, Hajar Hamdi y Naima Akef.

Beneficios para la salud
La fisonomía de las bailarinas orientales siempre ha sido considerada extremadamente sensual. En este baile, las curvas no solo son normalizadas, sino que resultan imprescindibles para que cada movimiento se sienta bello. Sin embargo, este baile no deja de ser un ejercicio aeróbico cuyos beneficios, además, se extienden más allá del puro físico, para influir en los estados psicológicos y emocionales.

En 1930 comenzó la época de oro de esta danza, cuando bailarinas en Egipto se hicieron mundialmente conocidas.

Esta danza desarrolla el equilibrio entre cuerpo y mente, de ahí que en muchas culturas sea considerada como un baile enigmático y esotérico o como un potenciador de la espiritualidad. La práctica del baile oriental tiene innumerables beneficios en el estado físico. En él participan todas las partes del cuerpo, creando movimientos ondulatorios de diferentes ritmos y vibraciones que nos permiten una estimulación de los órganos internos. El peso de los movimientos se realiza en la pelvis, los músculos abdominales y las caderas, favoreciendo la elasticidad del tejido abdominal. Esta estimulación ayuda a disminuir el malestar menstrual y favorece y facilita la fertilidad y el parto.

En este baile, todo son beneficios. Corrige los vicios posturales, gracias al total alineamiento de la cabeza, hombros y espalda. También desarrolla todas las posibilidades expresivas del cuerpo humano, relajando las articulaciones ayudándonos así a prevenir su rigidez o atrofia. Entrar en el universo es también encontrar una pasarela hacia formas de creatividad e intuición que pocas veces desarrollamos con actividades diarias. Esta danza permite una conexión profunda entre el cuerpo y la mente, y gracias a sus movimientos circulares y a la respiración rítmica que los acompaña, en ocasiones conduce a un estado semi-meditativo o contemplativo que nos brinda una íntima conexión con nuestro mundo interior y emocional.

¿Qué te parece la danza del vientre? ¿La has practicado alguna vez? No dudes en compartirlo tus sensaciones con nosotros a través de los comentarios o en alguna de nuestras redes sociales. ¡Nos vemos muy pronto!

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