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José Sacristán: ni Quijote, ni rojo de salón, ganador del Premio Nacional de Cinematografía

Angel Domingo
8 julio, 2021

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Hoy, Ángel Domingo dedica su artículo a ensalzar la carrera del grandísimo actor, flamante Premio Nacional de Cinematografía. A los yolds, Sacristán nos ha acompañado desde los escenarios, la grande y la pequeña pantalla; es como un amigo, un hermano, alguien cercano que siempre ha estado ahí. ¡Felicidades Pepe!

El público ha cambiado con la pandemia. Tose menos con la mascarilla”.
José Sacristán

Llama la atención que, probablemente, Sacristán haya sido el último en saber que había sido galardonado con el Premio Nacional de Cinematografía, pues estaba rodando, incomunicado, en un bosque de la provincia de Segovia su última película, Cuidado con lo que deseas, a las órdenes de Fernando Colomo. Finalmente, fue su mujer, Amparo Pascual, la que consiguió localizarlo para informarle de la noticia. Después, se tomó el lujo de detenerse unos minutos para asimilarlo, y continuó con el rodaje como si no hubiera pasado nada; yo no puedo asegurar que esto sea cierto, pero me encantaría que lo fuera, porque sería la mejor definición de José Sacristán, un hombre dedicado a su trabajo.

A sus 83 años, el actor tiene claro que no piensa jubilarse, ni del cine ni de las tablas, aunque confiesa, algo apenado, que la mecánica de los rodajes se le hace cada vez más dura, los madrugones, los tiempos muertos, tener que estar expuesto al frío y al calor… En el teatro me encuentro más sosegado”, dice.

El primero en anunciar el premio fue el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, que lo felicitó vía Twitter: “Enhorabuena, querido Pepe”. En un tuit posterior, el ministro ha aclarado que finalmente había sido posible contactar con él: “En el Año Berlanga, reconocemos a uno de los actores más grandes de nuestra historia. Le he telefoneado y, cómo no, le he pillado rodando, al pie del cañón ¡Gracias, Pepe, por tanto, por todo! Un abrazo enorme”.

Nacido en el pueblo madrileño de Chinchón, José Sacristán ha recibido este premio después de una larga carrera que lo ha convertido en una figura de referencia, y a la vez, muy popular, tanto en la pantalla chica, como en la grande, y también en los escenarios.

El premio le fue otorgado, con absoluta unanimidad de todos los miembros del jurado,  por “representar la historia viva del cine español de los últimos sesenta años y por haber encarnado como nadie las contradicciones, vicisitudes e idiosincrasia de una sociedad en transformación”. La nota del jurado subraya también que Sacristán “ha trabajado con algunos de los cineastas más relevantes, entre los que cabe destacar a Luis García Berlanga y Fernando Fernán Gómez, cuyos centenarios celebramos este año, y con cineastas en activo como Carlos Vermut, Isaki Lacuesta o Javier Rebollo, demostrando que acepta trabajar con realizadores jóvenes, conectando con distintas generaciones y sensibilidades, siempre que tengan ideas cinematográficas interesantes”.

La carrera de Sacristán comenzó en los escenarios en 1960 y, su talento, no pasó desapercibido; en 1965 debutó en la gran pantalla con la divertida La familia y uno más (Fernando Palacios), donde compartió escenas con Alberto Closas y José Luis López Vázquez. Participó en muchas de aquellas comedias atrevidas de los setenta y se convirtió en uno de los más taquilleros de la época junto con Alfredo Landa y José Luis López Vázquez, pero enseguida empezó a protagonizar también notables papeles dramáticos en trabajos como Un hombre llamado Flor de Otoño, de Pedro Olea (1978), La colmena (1982), de Mario Camus, o El pájaro de la felicidad (1993), de Pilar Miró. De todas ellas se siente orgulloso el actor: “Unas me gustan más, otras menos, pero a todas las amo por igual. Forman parte de mi vida”. No obstante, asegura que nunca ha vuelto a sentir una emoción parecida a la que le invadió cuando rodó su primera película: “Verme ahí con Alberto Closas fue tremendo para mí. No podía dormir por las noches. Por eso quizá La familia y uno más tiene un lugar especial en mi corazón”, afirma emocionado.

Tampoco le han faltado a José Sacristán los reconocimientos. En 1978 ganó la Concha de Plata en el Festival de Cine de San Sebastián por Un hombre llamado Flor de Otoño. En 2012 logró su primer y único premio Goya por su papel en la película El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo, por el que también recibió su segunda Concha de Plata en San Sebastián. Atesora también el Premio de Honor de la Unión de Actores, el Feroz de Honor, cinco Fotogramas de Plata, Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert, Premio Ceres del Festival de Mérida, TP de Oro, un Ondas y un Cóndor de Plata argentino.

Sin embargo, el Premio Nacional de Cine parecía resistírsele. O el de teatro, para el que también ha sonado su nombre varios años. En una reciente entrevista en el suplemento dominical de El País, el propio actor bromeó sobre ello: “Puesto a dárselo a alguien (el Premio Nacional de Teatro), me lo daría a mí. Al final, el que le ha caído es el del cine. De momento.

A pesar de sus éxitos en la gran pantalla, Sacristán nunca ha abandonado el teatro y en los años noventa sorprendió con su salto al musical, género en el que alcanzó un gran reconocimiento con El hombre de La Mancha y, después, My fair lady, espectáculos en los que compartió protagonismo con Paloma San Basilio. En los últimos años no se ha bajado de los escenarios y ha cosechado aplausos con largas giras por España con las obras Muñeca de porcelana y Señora de rojo sobre fondo gris, que interpretaba con gran éxito hasta que la pandemia ha obligado a bajar el telón.

Ángel Domingo Pérez

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