Mundo Yold. Autochrome Lumière, las primeras fotografías en color

La vida en color: los autocromas de Lumière

Carmen Matas
3 diciembre, 2020

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Cuando la fotografía apareció, sin duda sorprendió a todo el mundo, pero una espinita quedó clavada: no se captaban los colores. En 1903 los hermanos Lumière inventaron el autocroma, una tecnología que conseguía obtener imágenes a todo color. Una auténtica revolución. Te contamos todo en nuestro reportaje de hoy.

Cuando en 1839 surge el concepto fotografía y salen a la luz las primeras instantáneas, el mundo enmudeció de asombro. ¿Captar momentos de la vida y que quedasen impresos sobre un papel? Sencillamente increíble. Pero es necesario remarcar que una pequeña decepción se apoderó también del público en general. Aquellas fotografías capturaban cualquier tipo de estampa con exquisito detalle, pero no conseguían registrar sus colores.

En este momento comenzaba la búsqueda del Santo Grial de la fotografía: las instantáneas en color. En 1861, James Clerk Maxwell realizó un experimento para demostrar que todos los colores se pueden reproducir mezclando luz roja, verde y azul. Este principio se conocía como síntesis aditiva de color. Con la teoría bien clara, varios pioneros lograron hacer fotografías en color, pero sus procesos eran complejos, poco prácticos y no viables comercialmente.

Las placas autocromadas de los hermanos Lumière resultaron toda una revolución y fueron el único procedimiento de fotografía en color disponible hasta 1935.

No fue hasta finales del siglo XIX cuando se produjeron las primeras planchas llamadas “pancromáticas”, sensibles a todos los colores. Ahora, por fin, estaba despejado el camino para la invención del primer método practicable de fotografía en color. Y es en este momento en el que aparecen los hermanos franceses Auguste y Louis Lumière.

Aunque el gran hito de estos conocidos hermanos fue la invención del cinematógrafo en 1895, los Lumière desarrollaron también, a primeros del siglo XX, las planchas autocromadas, la primera fotografía en color. Su nombre en francés era Autochrome Lumière y fue patentado por los hermanos en 1903. De hecho, Louis siempre consideró que su verdadera obra maestra, fruto de muchos esfuerzos, fue conseguir pasar en 1907 de la producción artesanal a la producción industrial de este tipo de planchas, que resultaron toda una revolución y fue el único procedimiento de fotografía en color disponible hasta 1935.

‘Las posibilidades del proceso parecen ilimitadas y pronto el mundo se volverá loco por los colores y los Lumière serán los responsables’, afirmó el fotógrafo Alfred Stieglitz.

Su primera demostración, desarrollada el 10 de junio de 1907 en las oficinas del periódico francés L‘Illustration, fue un auténtico triunfo. La noticia del descubrimiento se difundió rápidamente y la respuesta crítica fue entusiasta. Al ver su primer autocromo, por ejemplo, el eminente fotógrafo Alfred Stieglitz apenas pudo contener su entusiasmo: “Las posibilidades del proceso parecen ilimitadas y pronto el mundo se volverá loco por los colores y los Lumière serán los responsables”, afirmó.

¿Cómo funcionaban?
Aunque complicadas de hacer, las planchas autocromadas eran, comparándolas con otros métodos anteriores, sencillas de usar, algo que aumentó enormemente su atractivo para los fotógrafos aficionados. Además, no necesitaban ningún aparato especial: los fotógrafos podían utilizar las cámaras que ya tenían.

La particularidad fue integrar, en una placa en blanco y negro, una pantalla compuesta por millones de granos microscópicos de fécula de patata teñidos en rojo, verde y azul.

Las fotografías se obtenían en placas de vidrio. La particularidad del proceso Autochrome Lumière fue integrar, en una placa en blanco y negro, una pantalla compuesta por millones de granos microscópicos de fécula de patata teñidos en tres colores: rojo, verde y azul. En concreto, se calcula que había unos cuatro millones de estos granos de fécula de patata por pulgada cuadrada. Cuando se tomaba la fotografía, la luz pasaba a través de estos filtros de color hasta la emulsión fotográfica. El resultado era una imagen a todo color.

Una belleza digna de brujería
En aquella época fue toda una revolución, pero, todavía hoy, sorprende la belleza luminosa inherente y la calidad onírica del autocromo, que recuerda mucho a la pintura impresionista. Esta belleza tiene una explicación muy realista. En teoría, los granos de almidón coloreados se distribuían al azar. En la práctica, sin embargo, era inevitable que se produjeran agrupamientos de granos del mismo color. Si bien los granos de almidón individuales son invisibles a simple vista, estos grumos sí son visibles, motivo por el cual el autódromo posee una belleza única.

Por primera vez, los fotógrafos se veían empujados a desarrollar una empatía y sensibilidad con el color más cercana a la de los pintores.

La prestigiosa publicación especializada en fotografía The Photographic News, publicaba en 1908, en referencia al autocroma, que “la brujería no habría sido más que un término débil, casi elogioso, para algo tan realista y sorprendente”. Y es cierto que la belleza del autocroma dependía en gran medida del proceso en sí más que de cualquier intervención personal del fotógrafo, cuyo papel se limitaba a la composición más que a la manipulación. Por primera vez, los fotógrafos se veían empujados a desarrollar una empatía y sensibilidad con el color más cercana a la de los pintores.

¿Qué falló?
La complejidad del proceso de fabricación hizo que las planchas autocromadas fueran inevitablemente más caras que los monocromas, lo que fue objeto de frecuentes críticas en la prensa fotográfica que mermaron poco a poco la popularidad del revolucionario proceso.

Esto, sumado a que los autocromas eran extremadamente difíciles de exhibir y que el proceso no permitía ningún tipo de manipulación de la imagen final, provocó que después de un breve período de intenso interés, la mayoría de los fotógrafos artísticos terminaran por abandonar el proceso.

La evolución
El éxito de las planchas autocromadas provocó la aparición de varios otros procesos para añadir color a las fotografías, todos basados ​​en el mismo principio de una pantalla formada por filtros de color microscópicos. Sin embargo, ninguno de ellos consiguió ser tan exitoso como el Autochrome Lumière y la mayoría de ellos quedaron en el olvido con relativa rapidez. Y es que, a pesar de las limitaciones de las que hemos hablado, el proceso de autocroma dominó el mercado de la fotografía en color durante casi 30 años.

En 1932, respondiendo a una tendencia creciente que se alejaba del uso de placas de vidrio hacia las películas en color, los Lumière introdujeron una versión de su proceso que utilizaba películas laminadas como soporte de emulsión. Comercializado bajo el nombre de Filmcolor, en un par de años esta técnica había reemplazado completamente a las placas de vidrio autocromadas. Sin embargo, estos cambios se produjeron en el mismo momento en el que otros fabricantes desarrollaban con éxito nuevas películas de color multicapa que reproducían películas de color mediante síntesis sustractiva, eliminando así la necesidad de pantallas de filtro. Una técnica más avanzada y con muchas más ventajas, como el caso de Kodachrome, en el que se encontró el futuro de la fotografía en color.

El autocroma quedaba así en historia, pero siempre con el mérito de haber sido el primer proceso fotográfico en color y, sin duda, una de las técnicas fotográficas más hermosas jamás inventadas.

¿Conocías esta técnica? ¿Qué te parecen las imágenes que te mostramos? No dudes en compartir tus sensaciones con nosotros a través de los comentarios o en alguna de nuestras redes sociales. ¡Nos vemos muy pronto!

Más información:

https://www.flickr.com/photos/george_eastman_house/sets/72157606226772243/with/2677414099/

https://www.xatakafoto.com/fotografos/autocromas-el-precursor-de-la-fotografia-digital

Autochrome Lumière, el primer proceso de coloración fotográfica que existió

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