Fatman: Santa letal

 

 

 

Angel Domingo
2 diciembre, 2020

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Nuestro crítico nos comenta el estreno en una plataforma digital de un film de temática navideña, protagonizado por Mel Gibson. Se trata de una comedia negra que se queda en un juego superficial con apología a la posesión de armas incluida.

Mel Gibson mantiene el tipo en una insensata comedia navideña titulada Fatman. La película tenía a priori todas las papeletas para ser un éxito, pero se queda en agua de borrajas; al menos si la comparamos con la divertida Arma letal (Lethal Weapon, 1987), cuyo guion, firmado por Shane Black, era brillante. Tal vez Eshom Nelms, guionista y director de Fatman, ha pretendido evocar sin éxito el resultado de la hoy olvidada Bad Santa (Terry Zwigoff, 2003).

Estamos ante una comedia negra, que presenta a Papa Noel borracho y obeso. La cinta se queda en esa superficie, con la cara de Mel Gibson, eso sí, pero las similitudes con el personaje real no profundizan, y termina convirtiéndole en un setentón más entre los vecinos de un pueblo de Alaska.

Dicho esto, debo reconocer que se trata de un refrito de tópicos: los niños bien de hoy, son unos malcriados; Amazon puede sustituir perfectamente a Papá Noel; el capitalismo actual produce el consumismo que padecemos; el Estado y sus cloacas; tomarse la justicia por la mano

Le falta audacia para potenciar el trauma de Chris Cringle (un esforzado Gibson), y su amante esposa Ruth (Marianne Jean-Baptiste), que al encontrar su negocio en declive decide utilizar su equipo de elfos y obligarlos a buscar un contrato difícil de entender con el Gobierno, y todo por culpa de niñatos mimados como Billy (Chance Hurstfield), que al recibir un trozo de carbón por Navidad, carbón auténtico, ni siquiera de aquellos dulces, contrata a un estrafalario asesino a sueldo (Walton Goggins) para vengarse en el complejo que Santa tiene organizado en la zona más rural de Alaska.

Sin embargo, lo que parecía una idea original acaba perdiendo ímpetu, tanto que, lo que parecía una broma de mal gusto, termina siendo hasta desagradable.

La parte final sí ofrece un enfrentamiento directo y sangriento, pero que tampoco encaja con ningún argumento navideño, ni siquiera con la evidente lección de moralidad.

Finalmente la única lectura que se puede sacar es que Santa tiene el mismo derecho que cualquier otro estadounidense a defender su casa (canto a la utilidad de utilizar las armas, derecho amparado por la segunda enmienda de la Constitución estadounidense).

Ángel Domingo Pérez

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