Las actrices, lo mejor para lucir esta Rebecca modelo 2020

 

 

Angel Domingo
26 octubre, 2020

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La industria del cine siente una irresistible tentación de regresar a historias que ya han sido contadas con anterioridad. En esta ocasión nos han asegurado que el motivo ha sido celebrar el 80º aniversario del extraordinario trabajo original de Alfred Hitchcock, pero yo apuesto que es solo un pretexto para intentar repetir el éxito obtenido en el año 1940.

Hay, incluso ilusos que aseguran que Ben Wheatley, el realizador que firma esta película, estaba intentando demostrar que podía aportar algo novedoso a la conocida historia. Sin embargo, una vez vista me encantaría tener la ocasión de preguntarle ¿qué pretendía exactamente?

Antes de continuar, me veo en la obligación de confesar que la película original de Hitchcock está entre mis títulos favoritos de su brillante filmografía, así que tenía una duda razonable sobre qué podía aportar esta revisión.

Una vez vista, pienso que lo mejor del filme está en sus primeros minutos, el comienzo de la relación de los personajes interpretados por una acertada Lily James, y un simplemente correcto Armie Hammer. Ella es una joven humilde que hace lo posible por salir adelante, mientras que él representa a un joven adinerado que ha perdido recientemente a su esposa. El romance entre ambos parece inevitable, pero al menos Lily demuestra su talento interpretativo, mientras que él cuenta con la baza de una brillante aparición bromeando sobre sí mismo.

Y tampoco es que estos destacados momentos sean dignos de aplaudir, pero como comedia romántica tiene su encanto, especialmente cuando ella intenta manipular a la respetable señora para la que trabaja, personaje al que encarna una inspirada Ann Down. De hecho, esta veterana intérprete es la única que parece desenvolverse con libertad por la trama, ya que el resto del plantel termina encerrado en el interior de las convenciones habituales del melodrama seudo-romántico por el que apuesta su director a partir del momento en el que la relación entre ambos va más allá.

Y, precisamente, es ese el determinado momento en el que esta nueva Rebecca se convierte en una obra que carece de un verdadero sentido, más allá de lo que su extraordinaria ambientación aporta; valoro los esfuerzos del realizador para que su filme transmita elegancia, algo también aplicable a los notables elementos técnicos, fotografía incluida, con los que cuenta, convirtiéndose en la base de algunos instantes con una fuerza visual indiscutible.

Pero debo insistir en este aspecto, son instantes y no aportan continuidad, ya que el director convierte su película en un poderoso psicodrama de lo más monótono. Así, tanto Lily James, ésta en menor medida, como Hammer, se revelan poco acertadas elecciones después de todo; la primera, por mantener una actitud casi idéntica durante buena parte del metraje, fallando a la hora de transmitir cómo se va viendo afectada por la agobiante sombra de la anterior esposa de su marido. De hecho, su transformación termina siendo demasiado brusca y sin saber muy bien cómo explorar las implicaciones psicológicas de todo lo que sucede.

Por su parte, Hammer también da muestras de no ser capaz de reflejar las emociones de su personaje. Dicho esto, tampoco debemos responsabilizarle, ya que el guion firmado por Jane Goldman, Joe Shrapnel y Anna Waterhouse no le hace grandes favores, pero como crítico tengo que reconocer que él tampoco se esfuerza por elevar la calidad que tiene en sus manos, algo que es más notorio cuando sale a la luz toda la verdad y el espectador comprende lo que sufre.

Por último, Kristin Scott Thomas apenas consigue triunfar en su intento de aportar un enfoque más humano a la siniestra señora Danvers, pero al menos el espectador percibe la intención de querer hacer algo diferente, aunque termina cayendo en la monotonía, igual que el resto del reparto.

En definitiva, la evidente preocupación del director Wheatley de que todo estuviese controlado ha pesado más que en transmitir algo nuevo al espectador, y este es el principal motivo de que la notable carga de suspense del film original no haya sido superada.

Es esa falta de garra y decisión lo que convierte a esta Rebecca 2020 en una película vacía de interés y más si ya conocías la historia. Es cierto que nunca llega a ser horrible y no hay nada especialmente flojo en concreto; pero, incluso olvidando por un momento que existe una extraordinaria película de Hitchcock sobre la misma historia, ésta es una de esas cintas que te da la sensación de estar simplemente lloviendo sobre mojado.

En definitiva, lo mejor que puedo decir de esta Rebecca es que no resulta ofensiva con la historia original creada por Daphne du Maurier; es más, yo diría que es más fiel al relato fuente que la Rebecca de Hitchcock.

Estimado lector o lectora, a pesar de que mi crítica a este remake haya contenido más valoraciones negativas que positivas, te aconsejo que vayas a los cines en los que, desde hace unos días, está en cartelera. Son lugares seguros.

Si no viste la cinta original, esta versión te hará conocer la historia de un personaje en off: nadie vio jamás el rostro de Rebecca, y lo que nos podemos imaginar de ella lo sabemos por boca de otros.

Pero si quieres comparar, es probable que estés de acuerdo con mi crítica.

Ángel Domingo Pérez

 

 

 

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