Mundo Yold. La amorosa mirada del gran pintor británico

Quédate con quien te mire como Sir James Gunn a Pauline

 

 

 

 

 

Inés Almendros
26 octubre, 2020

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Sir Herbert James Gunn fue uno de los más prestigiosos artistas británicos del siglo XX, y retratista habitual de la Casa Real. Pero, de su obra, los trabajos que más han trascendido son los retratos que pintó a su propia esposa Pauline. Maravillosas pinturas que reflejan la belleza y elegancia de la modelo a través de los ojos enamorados de su marido. Puro amor pintado al óleo.

Hay obras que trascienden a sus creadores, incluso a su propia época y a los límites del tiempo; son aquellas que se convierten en clásicos y que atrapan y fascinan a gentes de distintas generaciones, aunque hayan pasado años, incluso siglos, desde su creación. Es lo que sucede con los retratos que el pintor británico Sir Herbert James Gunn  (1893-1964) realizó a su propia mujer, su segunda esposa, la bella y elegante María Pauline Miller.

Herbert-James-Gunn, retrato del pintor

La historia del matrimonio no es especialmente conocida; sin embargo, los cuadros que el artista creó con su mujer como modelo se han convertido en reputadas obras de arte, que despiertan auténtica fascinación. En ellos, la mano diestra del artista no solo plasmó la belleza, elegancia y carisma innegables de Pauline, sino que logró reflejar su propia fascinación y amor por ella. No en vano, Pauline fue el gran amor de su vida y el tiempo que duró su matrimonio, la época más estable y feliz del pintor.

Pauline fue el gran amor de su vida y el tiempo que duró su matrimonio, la época más estable y feliz del pintor.

Cuando Herbert James Gunn conoció a su segunda esposa, era ya era un artista conocido por sus retratos, y un hombre que -aunque joven- arrastraba ya un camino de duras experiencias. Nacido en Escocia, de familia de clase media, y educado en Glasgow, Edimburgo y París, James había viajado por el mundo durante su juventud, pasando por Francia, España, Tánger, Argelia… De esta época quedan sus primeros cuadros, en su mayoría paisajes sencillos, plácidos y luminosos, con un estilo personal, pero no tan apreciados como serían sus retratos. Al estallar la Primera Guerra Mundial, Gunn ingresa en el Ejército y es enviado a Francia, donde participa en alguno de los capítulos más duros de la contienda, como la batalla del Somme, en la que falleció más de un millón de soldados. Gunn sobrevivió a esta carnicería, pero quedó profundamente marcado por la experiencia, hasta el punto de que jamás volvería a hablar de la guerra.

Retrato de Gwendoline Hillman

Una tortuosa separación
De vuelta a Inglaterra, en 1919, se casó con la aristócrata Gwendoline Hillman, viuda del Capitán Guy S. Thorne. Del matrimonio nacieron sus tres primeras hijas, Pauline, Elizabeth y Diana. Pero la unión familiar saltó por los aires cuando, en 1925, Gwen se enamoró y se marchó con el banquero millonario Sir Arthur Whinney. El divorcio se convirtió en un gran escándalo social, y desde ese momento, Gunn apenas si pudo ver a sus hijas, que crecieron en Estados Unidos lejos de él.

La pintura que Gunn realizó de sus hijas, de forma casi clandestina, mientras estas jugaban en el parque

Antes de que se marcharan, James las vio jugando en Regents Park, en Londres, y aprovechando que estaban solas con su cuidadora, las retrató allí mismo. James guardaría ese cuadro -hoy famoso- hasta que sus hijas fueron mayores. En Estados Unidos, Pauline, Elizabeth y Diana alejadas de su padre, crecieron pensando que este las había abandonado y que no quería verlas. Pasaron muchos años hasta que los cuatro pudieron reencontrarse y restituir el cariño perdido durante tantos años.

Retrato de Gwen y Diana Gunn, la hija mayor del pintor

Gunn sobrevivió a la batalla del Somme, pero quedó profundamente marcado por la experiencia,

Nuevo amor, nueva vida
Destrozado tras su divorcio, Sir James emprendió nuevos viajes, con la ilusión de retomar su carrera como paisajista. Fue entonces y fue en Roma, donde conoció a la bella Pauline Miller (que además tenía el mismo nombre que una de sus queridas hijas perdidas), cuando ella trabajaba para la firma de cosméticos Elizabeth Arden.

El viejo mercado de Antibes, uno de los paisajes del pintor, sobre 1926

El fracaso de su exposición de paisajes convenció a James para volver al Reino Unido y retomar su trabajo como retratista, que le reportaba, al fin y al cabo, la seguridad económica que necesitaba para reiniciar la vida familiar con su segunda esposa, con la que se casó en 1929. Así comenzó la fase más prestigiosa de su carrera, pintando a algunos de los personajes más eminentes de la sociedad británica.

Mi esposa

Las tres hijas del pintor, Pauline, Elizabeth y Diana alejadas de su padre, crecieron pensando que este las había abandonado.

Entre los años treinta y cuarenta, y al tiempo que retrataba a aristócratas, royalties y ministros, Gunn dedicó sus pinceladas más sutiles y delicadas a Pauline, con la que tuvo, después de casarse, a sus dos hijos menores, Chloë Marya y Paul. Pauline se convirtió en la modelo favorita del pintor, y los cuadros dedicados a ella, en sus obras más representativas.

Pauline esperando

El atractivo y magnético perfil de la señora Gunn, su mirada felina y penetrante, sus manos infinitas, su elegancia sublime, su expresión encantadora, inteligente y serena… todos estos rasgos tan particulares fueron captados por su marido, en unas obras pintadas, tanto con el dominio de la técnica, como con la fascinación de un corazón enamorado. Cuadros como Mi esposa o La esposa del artista, de 1933; Pauline en París (1939), donde la modelo deslumbra con su maquillaje y un glamour casi de Hollywood o Pauline esperando (1939) con la señora Gunn sentada y melancólica en el hotel Claridge de Londres, en una atmosfera tan distinguida como ella.

El vestido amarillo (1944)

Y por supuesto, El vestido amarillo (1944) , tal vez la obra más conocida del pintor, que fue apodada como La Mona Lisa de 1944, durante su presentación en la Exposición de Verano de la Royal Academy. Este cuadro, creado y expuesto en plena Segunda Guerra Mundial, levantó tanta admiración como controversia. Admiración, por su perfección técnica; por la imagen fascinante de la modelo, por su mirada a la vez enigmática y sonriente; por el contraste cromático de ese amarillo oro que ilumina el cuadro. Controversia, porque -en una época en la que Europa se desangraba y Londres era bombardeado sin tregua-, para algunos Pauline -bellamente vestida y maquillada- ostentaba una hiriente frivolidad.

El vestido amarillo, tal vez la obra más conocida del pintor, fue apodada como “La Mona Lisa de 1944”.

El pintor retrató a la Familia Real británica en Conversación en el Royal Lodge de Windsor

La desgracia también acabó con el hechizo de amor de la pareja, pues Pauline murió joven, enferma de cáncer, en 1950, solamente unos años después de estos bellos retratos. El pintor siguió con su carrera, y su prestigio creció con los años. En el mismo año en que enviudó, 1950, pintó a la familia real en el cuadro Conversación en el Royal Lodge, Windsor.

El famoso cuadro de la Coronación de la Reina Isabel

Tres años más tarde retrataría a la Reina Isabel en su coronación. En 1953 fue nombrado presidente de la Royal Society of Portrait Painters, honor que mantuvo hasta su muerte. En 1961 también se convirtió en miembro de pleno derecho de la Real Academia, y recibió los honores de caballero.

Gunn murió en Londres el 30 de diciembre de 1964 a los 71 años, tras una vida larga e intensa sellada por momentos duros y difíciles. Pero marcada sobre todo por el amor que vivió con Pauline, y por la mirada eterna de su esposa, que sigue viva y presente en sus retratos. Una historia de amor y arte, de esas que trascienden al tiempo y al espacio.

 

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