Mundo Yold. Historia y curiosidades de este complemento imprescindible para muchos

Las gafas, compañeras de la Gente Yold, que cambiaron la vida del ser humano

 

 

Inés Almendros
25 febrero, 2022

Casi todos los que hemos atravesado la barrera de la mediana edad, las hemos ido acoplando a nuestro día a día: gafas, lentes, lentillas… son el accesorio imprescindible en la madurez. Pero, ¿imaginas cómo era la vida antes de que se descubrieran? Hoy os ofrecemos una breve historia de nuestras amigas las gafas, sin duda, uno de los más importantes inventos de la humanidad.

Desde su aparición en el planeta Tierra, hasta hace unos pocos siglos, nuestros ancestros humanos solo podían valerse de sus ojos para ver el horizonte lejano o los objetos más cercanos, ya que no contaban con ninguna ayuda o soporte que les ayudase a corregir su percepción visual. Por ejemplo, quien hubiera nacido con miopía siempre vería mal de lejos y jamás podría disfrutar de una imagen nítida del paisaje.

El fabricante de gafas, por Amman, Jost, 1539-1591. Bibliothèque municipale de Lyon. Fuente, GALLICA

Al contrario, quienes padecieran hipermetropía tendrían que alejarse para disfrutar de la belleza del rostro amado, que verían distorsionarse conforme se les acercaba. Evidentemente, a partir de una determinada edad, la gran mayoría de nuestros ancestros padecieron lo que hoy llamamos presbicia o “vista cansada”; pero a diferencia de nosotros, no podían contar con la ayuda de las gafas.

El primer cuadro de una persona con gafas, pintado en el año 1.352. Es el retrato del Cardenal Hugo de Provenza leyendo en un escritorio, por Tomás de Módena

La degeneración progresiva de la vista solía provocar el abandono obligado de trabajos y actividades y prescindir de los ingresos que generaban. En resumidas cuentas, la humanidad nunca pudo disfrutar de una visión correcta durante siglos, porque carecía de la inestimable ayuda de las lentes. Por eso, aunque no fue de un día para otro, la invención de las gafas está considerada como uno de los pasos más importantes para la evolución del ser humano.

El Libro de la Óptica, de Alhacén

Las lentes nacieron en las bibliotecas
De las dificultades de nuestros ancestros para ver bien quedaron, a lo largo de los siglos, multitud de testimonios; por ejemplo, el del filósofo romano Marco Tulio Cicerón, quien relataba en su madurez cómo necesitaba que sus esclavos leyeran por él. Multitud de profesiones eran sencillamente inaccesibles para quienes carecieran de una visión perfecta: oficios militares, de despacho o bibliotecas, cazadores, sastres, artistas o marinos…

Quien hubiera nacido con miopía siempre vería mal de lejos y jamás podría disfrutar de una imagen nítida del paisaje.

Todos ellos necesitaban tener una buena vista natural, porque no había ningún recurso accesorio para ayudarse. Para muchas mujeres, no poder ver bien significaba renunciar a labores entonces consideradas típicamente femeninas, como era coser, bordar, o realizar manualidades.

Gafas en 1403. Detalle de un retablo de Conrad von Soest en Bad Wildungen

La aparición y uso de las primeras lentes fue un proceso que duró siglos y que fue desarrollado, a lo largo del tiempo, por distintos estudiosos e investigadores. El físico iraquí Alhacén (aprox. 965-1040 d.C.), considerado el padre de la óptica, fue el primero que facilitó la posibilidad de corregir los defectos de visión con la ayuda de accesorios de cristal. Aunque sus descubrimientos no se aplicaron inmediatamente, sus textos serían estudiados y traducidos siglos después en las bibliotecas de los monasterios europeos, lugares casi únicos donde se atesoraba la cultura occidental.

Para muchas mujeres, no poder ver bien significaba renunciar a labores entonces consideradas típicamente femeninas, como era coser, bordar.

En el siglo XIII, el monje franciscano Roger Bacon continuó las investigaciones de Alhacén, definiendo ya de forma técnica la fabricación de lentes para corregir problemas de visión. Desde entonces, las primeras y muy primitivas lentes eran utilizadas de forma regular entre los monjes que, al fin y al cabo, eran casi los únicos humanos que trabajaban en leer, escribir, copiar o ilustrar. Aquellas primeras “gafas” les permitían seguir haciendo sus labores, aun cuando eran mayores.

El uso de las gafas se extendió en los monasterios de toda Europa

Hay que decir también que en algunos lugares de Oriente, por aquella época, ya se utilizaban gafas, de hecho, Marco Polo relató haberlas visto frecuentemente en sus viajes a China.

Multitud de profesiones eran sencillamente inaccesibles para quienes carecieran de una visión perfecta.

La imprenta, el impulso definitivo
Los cristaleros de la isla de Murano, junto a Venecia, donde desde la antigüedad se realizan los más sofisticados trabajos en vidrio, se convirtieron en los primeros especialistas en tallar, primero, lentes esmeriladas convexas para la presbicia y, posteriormente, lentes cóncavas para la miopía. Durante un tiempo, la sistemática de la fabricación era un proceso apenas conocido, pues los cristaleros de Murano estaban obligados a permanecer en la isla, precisamente para mantener en secreto los procesos utilizados. Hasta el siglo XV, el uso de lentes seguía restringido a muy pocas personas: monjes, profesores, escribientes, intelectuales, nobles, clérigos… Pero a partir de 1452, con la aparición de la imprenta, y la popularización del libro, la necesidad de leer disparó el uso de las gafas, con lo cual empezaron a surgir fábricas y talleres de lentes por toda Europa.

El sentido del oído, 1747, por Philip Mercier, con el retrato de una chelista con gafas

Desde este momento, la evolución de la óptica fue una carrera sin freno, hasta nuestros días; carrera en la que participarían algunos de los más ilustres científicos de la historia (muchos interesados personalmente en solucionar sus propios problemas de vista). Por ejemplo, en 1604 Johannes Kepler, astrónomo y matemático alemán, explicó las causas de la miopía, que él mismo siempre había sufrido. En el siglo XVIII, el estadounidense Benjamin Franklin creó las primeras bifocales para ver de cerca y de lejos. Al igual que el estudio de la óptica avanzó con la investigación científica, lo mismo sucedió con el diseño de las monturas. Al principio eran un soporte básico que se colocaba en la nariz, pero a finales del siglo XVIII, la estructura, aunque con distintos diseños, ya se fija en las orejas.

Don Francisco de Quevedo-Villegas, tal vez el primer personaje histórico conocido por sus lentes

Gafas memorables
El poeta Francisco de Quevedo fue uno de los primeros personajes conocidos de la historia cuya imagen siempre quedará asociada a sus anteojos sin patillas, conocidos precisamente como “quevedos”; pero, a lo largo de los siglos, muchos más las utilizaron; su uso era corriente sobre todo entre las clases altas, pues su adquisición no estaba al alcance de cualquiera.

El poeta Francisco de Quevedo fue uno de los primeros personajes conocidos de la historia cuya imagen siempre quedará asociada a sus anteojos sin patillas, conocidos precisamente como “quevedos”.

El rey Carlos V de España tenía 27 pares de gafas, mientras que el zar Alexei Mikhailovich llevaba anteojos con montura plateada. Por el contrario, se dice que al arquitecto Antonio Gaudí no le gustaba la gente con gafas y en Rusia, durante la época prerrevolucionaria, los hombres con lentes despertaban sospechas y hostilidad.

Cuando John Lennon fue asesinado, llevaba sus gafas puestas. Su viuda, Yoko Ono las recogió, y su foto, tal cual quedaron ensangrentadas, sirvió para la portada del disco Season of Glass, convirtiéndolas para siempre en un símbolo asociado a la paz.

Cuatro figuras en un escalón, cuadro de Murillo con una de las primeras mujeres con gafas vistas en la historia

Aunque los retratos femeninos con gafas tardaron más en aparecer, desde el siglo XVII se consideraba un accesorio imprescindible y de buen gusto para damas cultas y para las mayores. Tal vez el retrato más antiguo de una mujer llevando gafas está en el lienzo Cuatro figuras en un escalón, de Bartolomé Murillo, obra de 1655 en el que, a la derecha, aparece una mujer con grandes gafas.

Gafas de tijera del Imperio francés, aprox. 1805

Entre las primeras conocidas por fotografiarse con sus lentes, en el siglo XIX, figura la sufragista e intelectual americana Susan Brownell Anthon.

Retrato de Cecilia D’Auersperg, 1822, por Giuseppe Tominz, con las lentes como accesorio

Pocos años después, la diseñadora Coco Chanel convertiría las gafas en un accesorio chic, elegante e imprescindible. Ella misma fue uno de los personajes femeninos que supo lucir las suyas con elegancia y orgullo.

Retrato de Antoine-Julien Meffre-Rouzan, 1839, por Jean Joseph Vaudechamp, uno de los primeros retratos no anónimos en el que una mujer lleva las gafas puestas

Afortunadamente en nuestro mundo de hoy contamos con los avances más increíbles para ver mejor. Por eso, nos resulta casi inimaginable pensar cómo vivieron nuestros ancestros sin llegar a percibir nunca la imagen nítida del horizonte, sin poder leer bien, sin protegerse los ojos de los rayos del sol

Retrato de las hermanas Dolby, Estados Unidos, sobre 1892. El uso de las gafas ya estaba totalmente extendido en el mundo

Hoy en día, disfrutamos de muchas cosas de las que ellos carecieron, que hacen nuestra vida infinitamente mejor…

Brigitte Bardot con glamourosas gafas de sol

Una de ellas es este pequeño accesorio que comparte con nosotros el día a día: las humildes, pero imprescindibles, gafas.

 

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