Mundo Yold. Hoy nuestro crítico analiza la película española candidata a los Oscar, la estupenda El buen patrón

León de Aranoa y Javier Bardem logran equilibrar la balanza

Angel Domingo
13 noviembre, 2021

 Número de Comentarios (0)

Nuestro crítico de cabecera, Ángel Domingo, desgrana los detalles de la última película del talentoso León de Aranoa, El buen patrón y nos recomienda tajantemente su visionado, pues está al nivel de la magistral Los lunes al sol.

Si algún espectador tiene dudas sobre cuáles son los mejores directores en España actualmente, El buen patrón (Fernando León de Aranoa, 2021) puede ayudar a aclarar su duda. También es cierto que Aranoa ha elegido en esta cinta a los más eficaces secundarios del cine español, técnicos e intérpretes; unos al servicio del director y otros que entronan a un imperial Javier Barden.

En la parte técnica, nuestro director eligió a Pau Estévez Birba, premio Goya a la mejor fotografía, que ha sabido componer excelentes planos de claros y sombras, esencia del filme.

Para la banda musical, a la gallega Zeltia Montes, que consigue dar ritmo sonoro a esta producción, enviada por España para ser candidata al Oscar 2022.

En lo referente al elenco interpretativo, dejando en margen al todoterreno Javier, la hierática y casi musa egipcia Almudena Amor, encarna a la becaria objeto de abuso, por parte del patrón, en la costumbre que los reyes medievales convirtieron en derecho y de cuyo nombre prefiero no acordarme.

Manolo Solo (Miralles en la trama) interpreta al buen amigo que el empresario afirma querer como un hermano pero que no duda en sacrificar, por su interés, con la peregrina razón: Miralles, no soy yo, es la Empresa.      

Si hace dos décadas, León de Aranoa nos mostró con Los lunes al sol cuál es la mentalidad de los trabajadores anónimos en una ciudad pequeña de la geografía española, ahora, repleto de talento y experiencia se propone describir a la parte contratante: el empresario.

El resultado es terrorífico. Y sin embargo, el espectador no odiará al buen patrón, porque es un hombre llamativo, tanto en su fisonomía como en sus gestos y no carece, a priori, de empatía.

Trabaja fabricando balanzas, y la película es un gran reflejo de este elemento. Por un lado no escatima esfuerzos y pelea hasta la extenuación para impedir que su empresa se desmorone. Pero en el otro extremo está el obrero que, aunque parezca que sería una figura con la que el director empatiza, lo compensa con una actitud tozuda que lo sitúa al borde de la parodia.

Sin embargo, Aranoa no enseña sus cartas hasta la simbólica secuencia final, en la que nos muestra la satisfacción del buen patrón, junto al infinito gesto de desesperación del obrero que ha combatido por los derechos del colectivo hasta la extenuación.

Insectos contra mastodontes
En dos décadas han sucedido muchas cosas (nos referimos a la fecha de estreno de Los lunes al sol (2002)) y si observamos la situación actual, con las supuestas indicaciones de la Unión Europea, las comparaciones pueden ser muy injustas, porque los desempleados de entonces no lo fueron por cambios empresariales, sino debido al cierre de empresas ruinosas que  terminaban despidiendo al obrero más necesitado. Sin embargo, la unión de los empleados ha logrado que vayan todos a una para tratar de rescatar al compañero más castigado.

Hoy en día, la pelea es individual, lo que antaño resultaba un  derecho colectivo y reivindicativo. Así, el acierto de la descripción de Aranoa sobre el panorama laboral raya lo inhumano, y su brillante solución es disfrazarla de comedia berlanguiana. Desde luego que la película nos provoca alguna carcajada y muchas sonrisas sarcásticas, pero después de ver la sobrecogedora secuencia final te das cuenta de que te estabas riendo de ti mismo.

El acierto de no hipotecar al buen patrón
León de Aranoa decide vestir el personaje de Javier Bardem con una coraza que pretende conquistar al espectador; es atractivo físicamente y en principio encantador (luego irá perdiendo esta careta), y emprende una lucha de tintes quijotescos para evitar el cierre de su fábrica. Y en el otro extremo de la balanza aparece el obrero despedido con quién deberíamos empatizar desde el director hasta el último espectador. Sin embargo, es una persona cabezona hasta el límite de la parodia, que ejerce su pelea sin apoyarse en el sindicato.

Creo que ni el propio León de Aranoa está orgulloso de su creación, y lo deja ver con el dramático plano final (que, naturalmente, no puedo revelar aquí), pero que me ha recordado al protagonista de aquella película de Paolo Taviani de 1977, la desgarradora Padre padrone, con ese progenitor tan autoritario que impide a su hijo ir a la escuela o tener amigos, pero que sin embargo, daría su vida por él.

Ángel Domingo Pérez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies