Yold en serio. Angel Domingo nos escribe su visión acerca de la última película de Iciar Bollain

Maixabel es una gran película, aunque parezca un documental

Angel Domingo
26 octubre, 2021

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Nuestro crítico de cabecera, Angel Domingo Pérez nos escribe su visión acerca de la última película de Iciar Bollain, que supone además una inmersión en uno de los sangrientos capítulos del pasado terrorista de ETA y sobre, y ante todo, un inmenso viaje a las entrañas del diálogo protagonizado por Blanca Portillo y Luis Tosar

“Prefiero ser la viuda de Juan Mari que tu madre”. Maixabel Lasa.

Esta demoledora frase, aunque alguno de sus protagonistas lo niegue, quedó grabada en la conciencia de ambos.

Maixabel es la viuda de Juan Mari Jáuregui, e Ibon Etxezarreta, con el seudónimo de Potxolo es el miembro del comando etarra que asesinó fríamente a su marido.

En el año 2019, ambos se entrevistaron sentados en un txoco de Legorreta. En aquella ocasión estaban rodando un verdadero documental llamado Zubiak (Jon Sistiaga, 2019), sobre los puentes rotos y los que se construían entre las víctimas de ETA y sus verdugos. Este 2021 vuelven a citarse en la película que hoy les comento.

Todo sucedió en un instante, el 29 de Julio del año 2000: una pareja sentada a la mesa, un teléfono que suena, y dos estallidos que golpean contra la nuca de un hombre; la arrancada frenética de un automóvil y unas vidas que jamás volverá a ser las mismas. Los años pasan casi tan rápido como el auto que se da a la fuga, pero las manchas de sangre continúan grabadas en el suelo, y el terrorista que ejecutó el atentado es muy distinto del actual: un anónimo encargado de una panadería de cuyo nombre no quiero acordarme; aunque todavía cumple condena y todas las noches duerme en su celda.

Lo mismo ocurre con Luis Carrasco y Patxi Makazaga, los autores materiales. El primero ejerce como monitor de yoga y fue el pionero en reunirse con Maixabel, en 2011; y el segundo, el jefe del comando Buruntza que apretó el gatillo, ha decidido hablar ahora, este mismo mes.

Maixabel ya no es la misma, la mujer que les gritaba a los socialistas que se pusieran escolta para no seguir cayendo como moscas; tampoco es la misma que la que se sienta con los medios informativos y reclama, -esta vez para todos-, una segunda oportunidad.

Sobre ese proceso construye Icíar Bollaín su Maixabel, un viaje a las entrañas del diálogo protagonizado por Blanca Portillo y Luis Tosar. La película, que empezó a prepararse durante el homenaje a la muerte de Jáuregui en 2018, ahonda principalmente en la relación de asesino y víctima. Ha pasado el tiempo y Maixabel ha aprendido a ser firme pero generosa, aún cuando lleva más de dos décadas sobreviviendo a la ausencia. Ibon, por su parte, ve las cosas de otra manera. No siempre fue así, para uno ni para el otro.

Volvamos la vista atrás…

La noche del 28 al 29 de julio del 2000, Juan Mari se sobresaltó. Le dijo a Maixabel, al otro lado de la cama, que había soñado que lo matarían; ella le respondió que, “qué tontería era esa”. A 21 kilómetros de distancia, Ibon Etxezarreta también se despertó temprano. El teléfono, al otro lado de la habitación, sonó, y la voz de Patxi Makazaga, su jefe de comando, dijo: “Coge la pistola y el Loctite. Vamos para Tolosa”. A matar a Jáuregui”.

Juan Mari Jáuregui había sido gobernador civil de Guipúzcoa, pero se exilió a Chile en cuanto ETA le puso en el punto de mira. Ese verano volvió a casa para celebrar las bodas de plata y se citó a las 11:30 h con un amigo en la cafetería del frontón Beotibar, en Tolosa; el mismo sitio que los dos sábados anteriores. A las horas entraron Makazaga y Carrasco, disfrazados con bigotes y txapelas, y le aplicaron dos tiros sobre su nuca. Afuera esperaba Etxezarreta, con el coche en marcha y las puertas abiertas. Maixabel también esperaba, en casa, a que su marido volviera para comer.

Lo mataron, en palabras de Etxezarreta, porque se lo ordenaron. Maixabel dice que fue porque era un dialogante, el primero que quiso tender puentes entre la sociedad y los terroristas. Horas después de morir Jáuregui, ella gritó y pidió cautela para los compañeros del partido. Horas después de matar a Jáuregui, él se duchó, se fue al monte y sacó a pasear al perro.

La cinta pasa rápido por encima del veintinueve de julio. Lo importante es lo que sucede a continuación: los catorce años que pasan hasta que la viuda se encuentra, cara a cara, por primera vez con uno de los asesinos de su marido. A lo largo del tiempo se ha reunido con dos de ellos. De forma individual, en varias ocasiones, en años distintos y circunstancias diferentes. Se toman algo y hablan. También de aquello.

“Para mí son personas valientes que se han enfrentado a la organización; pasaron de ser héroes a traidores sólo por sentarse a hablar conmigo”, recuerda. Preguntada por cómo reunió las fuerzas, hace ya tanto tiempo, no titubea: “Porque todo el mundo merece una segunda oportunidad, y porque tenemos que dialogar para entendernos y arreglar las cosas”.

Habla del tema con tristeza, pero firme, con esa audacia de vasca que hace a una esposa capaz de mirar a los ojos al asesino de su marido, escucharle y entenderle. Perdonar es otra historia, quizás, pero con matices: “Les considero otras personas, son dos hombres que han recuperado su dignidad y no tienen nada que ver con lo que eran en el año 2000. Han hecho un recorrido muy largo para llegar hasta aquí”, zanja, rotunda. “Ahora son los mayores desligitimadores del uso de la violencia.

“Me atreví a preguntarles ¿Por qué lo hicieron?”

Les pregunté si conocían a Juan Mari, si sabían quién era. Ninguno lo conocía. Les había llegado una orden de arriba y la ejecutaron, pero no sabían nada de él: no sabían que había estado en la cárcel, ni que había formado parte de ETA (durante el franquismo), ni que había sido miembro del Partido Comunista, ni que había declarado contra el general Galindo en el caso Lasa y Zabala. No sabían a quién estaban matando.

Apuesto a que el mayor reto de Maixabel, película y persona, sea tratar de comprender: entender cómo humanizar a un asesino y qué la movió a ella a reunirse con quien le había arrebatado a su compañero desde la adolescencia.

Hasta entonces, a la llegada de esa primera conversación, en 2014, se limita a presentarles a ellos, los dos protagonistas del crimen, sin más, y al tercer hombre, Juan Mari Jáuregui, que no sale en pantalla, pero siempre está presente. Ella cree que Juan Mari habría hablado con ellos y ella así lo ha hecho.

¿Retrata bien la película a la izquierda abertzale?

“No. Creo que deberían ser más valientes, igual que lo debería de ser el Partido Socialista, para contar la verdad de lo sucedido y las responsabilidades que tienen. Han sido muy tibios, y condenan… de aquella manera. Hay que ser más claros y contundentes, porque si no se están tirando piedras los unos a los otros”.

Esto también forma parte de la película, de una suerte de receta para el futuro. La propia Maixabel Lasa, la de verdad, aparece en las escenas finales, obligando a indignarse y entender a partes iguales. Está satisfecha con el resultado, y espera que ayude a aprender. Porque la Maixabel de Icíar Bollaín es una ficción, pero todo lo que cuenta es cierto. Y merece ser recordado.

 

 

 

 

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