Mundo Yold. La actriz fue toda una leyenda de la época dorada de Hollywood

María Montez: la bella y efímera reina del technicolor

 

Inés Almendros
7 septiembre, 2019

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Hollywood, años cuarenta: en la cumbre dorada del cine clásico una belleza latina conquistó al mundo. Se trataba de la dominicana María África Gracia Vidal, cuyo nombre artístico era María Montez. Sus exóticos personajes femeninos en películas como Las mil y una noches, Simbad el Marino o Ali Baba la convirtieron en un mito del cine. Pero su misteriosa muerte, en una bañera de agua caliente, acabó de forma temprana con la leyenda. Hoy recordamos a la Reina del Technicolor.

-“¡Cuando me miro en el espejo, me encuentro tan hermosa que grito de alegría!”… Así hablaba de su propia belleza la dominicana María Gracia Antonia África Vidal de Santos Vilas, universalmente conocida como María Montez, una de las más famosas estrellas del Hollywood de los años cuarenta, protagonista de películas como Las mil y una noches, Simbad el Marino, La Sirena de la Atlántida, El Ladrón de Venecia o Ali Baba y los cuarenta ladrones, que hicieron disfrutar a generaciones enteras. También a muchas generaciones de niños yold que vimos estas pelis en la televisión en blanco y negro, o en el cine de barrio.

Primer plano de la bella actriz

Filmes en el formato technicolor de la época, en los cuales María aparecía radiante, ataviada con espectaculares vestidos, sofisticados turbantes, tocados de fantasía y fastuosas joyas falsas. Por ello fue conocida como la Reina del Technicolor, aunque tuvo otros apodos: el Ciclón Caribeño, la Dinamita Dominicana, la Sirena de Hollywood o la Tempestuosa Montez. Aún hoy, muchas décadas después, su imagen en los carteles antiguos de aquellas películas resulta igualmente irresistible.

“¡Cuando me miro en el espejo, me encuentro tan hermosa que grito de alegría!”

En uno de sus papeles exóticos

María África era la segunda de la familia numerosa formada por el español Isidoro Gracia, nacido en la canaria Isla de La Palma y la dominicana Teresa Vidal. Isidoro había emigrado a Barahona, en la República Dominicana, una zona donde muchos canarios trabajaban en el cultivo de la caña de azúcar. El padre de la actriz posteriormente obtuvo la explotación de una finca maderera y abrió otros negocios, convirtiéndose en uno de los hacendados acomodados de la zona; por ello fue nombrado Vicecónsul Honorario de España.

La elegancia glamourosa de la actriz

La fecha de nacimiento de María África no está nada clara; oficialmente y en su sepultura, consta el año 1918, pero todos sus biógrafos coinciden en que seguramente habría nacido antes, tal vez en 1912 o en 1915, ya que la artista habría seguido una costumbre muy de la época de quitarse años. En cualquier caso, en Barahona se la recordaba como una niña guapísima y con desparpajo a la que le gustaba el teatro y la actuación; una criatura nacida con la vocación de ser actriz.

Su fecha de nacimiento no está clara. La artista habría seguido una costumbre muy de la época de quitarse años.

Gracias a la situación desahogada de la familia Gracia, María disfrutó de una buena educación, algo que influyó también en su gran afición a la lectura. De hecho, fue conocida siempre por ser una persona culta, bilingüe, de modales y gustos refinados; algo que influyó positivamente en su carrera. Según algunos testimonios, parte de su educación se desarrolló en una escuela de monjas de Santa Cruz de Tenerife, donde su padre la envió precisamente para cortar sus amoríos con un ejecutivo del Banco Nacional de la República Dominicana que la doblaba en edad. Sin embargo, a su regreso a Barahona en 1932, se casó con él. Se llamaba William McFeeters y era irlandés. Como para muchas mujeres en aquella época, el matrimonio vino a significar para la jovencísima María un viento de libertad: la nueva esposa podía viajar, acudir a actos sociales y escapar de la férrea tutela paterna. Parece ser que los recién casados vivieron un tiempo en Puerto Rico, donde la joven también comenzó a asistir a la proyección de películas, y a participar en obras de teatro.

La belleza morena de María encajaba en los roles de mujer oriental, exótica y enjoyada

Poco se sabe de cómo María África dio el salto definitivo a Estados Unidos y desde allí a Hollywood. Parece ser que se marchó a Nueva York, y comenzó a hacer su propia vida lejos de su marido. Con su belleza y desparpajo supo hacerse un hueco en la sociedad neoyorquina, y que ella misma se las apañó para dar sus primeros pasos como artista. El pintor McClelland Barclay (1891-1943) le hizo un famoso retrato, y pronto también comenzó a relacionarse con los ejecutivos del mundo del cine, hasta que los estudios Universal Pictures le ofrecieron un contrato y sus primeras películas. Para entonces, María África ya se había divorciado de su primer marido.

En una escena de La reina Cobra, de 1944

Comienzos en Hollywood
Los magnates de la empresa del celuloide pronto se dieron cuenta de que María tenía gancho, y que su físico espectacular era perfecto para las películas de technicolor que eran el no va más en la época. Universal Pictures pronto la encasilló en un personaje femenino pletórico de fantasía y glamour para películas dirigidas a todos los públicos de aventura, fantasía y leyenda como Ali Baba y los cuarenta ladrones, La reina Cobra, La salvaje blanca, Alma cíngara, Sudán, La Atlántida, etc. Sus papeles no eran muy sofisticados, solían ser hiperfemeninas protagonistas a las que un varonil héroe salvaba de los peligros. Pero ella no tenía complejos al respecto; muy al contrario, supo gestionar adecuadamente la maquinaria de las relaciones públicas y de la publicidad de los estudios.

Sus papeles no eran muy sofisticados, solían ser hiperfemeninas protagonistas a las que un varonil héroe salvaba de los peligros.

Las cuatro hermanas Gracia

Divorciada de su primer marido y convertida en una de las estrellas del star system, María residía en Hollywood como una codiciada soltera, acompañada por sus hermanas, y dedicada en sus ratos libres a su afición a la lectura (llegó incluso a escribir una novela). Llevaba una vida relativamente tranquila, pese a algún pequeño escándalo, como cuando posó para la revista Yank, ligera de ropa, hasta que se cruzó, en los platós de Hollywood, con el que sería el gran amor de su vida: el actor francés Jean-Pierre Aumont, un joven galán que llevaba poco en Hollywood, y que ya había flirteado con estrellas como Marlene Dietrich, Joan Crawford o Hedy Lamarr.

Con su marido y su hija

El flechazo entre ambos fue instantáneo y rotundo: María y Jean-Pierre se hicieron inseparables y se casaron en julio de 1943, aunque inmediatamente el joven tuvo que marchar a Europa para luchar con las tropas francesas en la Segunda Guerra Mundial. Durante los tres años que duró la contienda, María y Jean Pierre permanecieron separados: ella se quedó en Hollywood, devastada y aterrorizada. Pero afortunadamente, su marido regresó tres años después, aunque eso sí, con una rodilla destrozada por la metralla. Al año siguiente en 1946, nació su única hija, Cristina.

Cartel de otra de sus películas

Un final temprano y misterioso
Un poco cansada de los papeles de diosa exótica de la belleza, María decide abandonar Hollywood y seguir a su marido hasta Francia, donde se instalaron en Suresnes, cerca de París. Allí, María fue feliz, acompañada por su familia y por sus tres hermanas que se trasladaron a vivir con ellos. Jean-Pierre llegó a escribir una obra para su esposa, The Happy Island, que fue un éxito en los teatros franceses. En Francia ademas rodó Hans le Marin, dirigida por François Villiers (que no era otro que el hermano menor de Jean-Pierre Aumont) y Caroline Chérie.

En 1944, en todo el esplendor de su belleza

Desde Hollywood la seguían llamando para protagonizar nuevos proyectos, que ella pensaba aceptar. Joven, con un marido enamorado, una hija pequeña, un nombre conocido en todo el mundo, el futuro parecía sonreír a la diva del technicolor.

Pero el destino dio un trágico giro el 7 de septiembre de 1951, cuando las dos hermanas de María encontraron a la actriz desvanecida en la bañera. Aquel día, la actriz había quedado con sus hermanas Ada, Luz y Teresita, para ir a París; pero cuando las tres constataron que María tardaba demasiado, fueron a buscarla a su habitación. Allí la encontraron sumergida por completo en la bañera. Aunque los especialistas intentaron reanimarla durante horas, no pudo ser, María Montez, la reina del technicolor, falleció con poco más de 30 años.

Con su hija Tina

La muerte de María suscitó numerosas teorías, la investigación jamás aclaró las causas reales, tampoco hubo autopsia. Nunca se llegó a saber si fue un accidente o muerte natural. Hubo especulaciones de asesinato y de suicidio. Se habló de la maldición de la finca donde había sucedido, llamada Les Copeaux; algunos artículos de prensa aseguraban que años antes había fallecido allí otra actriz en causas también desconocidas.

Nunca se llegó a saber si fue un accidente o muerte natural. Hubo especulaciones de asesinato y de suicidio.

La tesis más repetida en la prematura y terrible muerte de la actriz es que se debió a un desvanecimiento por bañarse con agua demasiado caliente. Se dijo que María, con el fin de adelgazar, solía tomar baños muy calientes, a 45° C, a los que añadía sal. Y que el agua demasiado caliente le habría provocado un desvanecimiento por el cual se habría quedado sumergida y ahogada en el agua. El caso es que la actriz falleció dejando una hija de 5 años y un marido desolado. Las imágenes de Jean-Pierre Aumont devastado por el dolor dieron la vuelta al mundo. Jean Pierre volvió a casarse algunos años después, con Marisa Pavan, la hermana gemela de Pier Angeli. Aunque con alguna ruptura, estuvieron juntos hasta la muerte del actor en 2001.

Tina Aumont

Tina Aumont, la hija de María, vivió como un trauma la pérdida de su madre siendo tan pequeña; no aceptó bien el segundo matrimonio de su padre, y -si bien tuvo una breve carrera como actriz- pasó la vida enganchada a las drogas y con problemas con la ley. Falleció en 2006 y fue enterrada junto a su madre en el cementerio de Montparnasse.

Con su muerte, María Montez dejó tras de sí un importante legado de películas míticas, personajes de ensueño y leyenda hollywoodense que siempre quedará con nosotros. Convertida, además, en un mito en su tierra dominicana, ha pasado a la historia como una de las actrices latinas más importantes e inolvidables del cine mundial.

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