Mundo Yold. Luces y sombras de una emperatriz de cuento

Sissi, rebelde e inolvidable

 

Inés Almendros
10 septiembre, 2019

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Murió hace más de un siglo, pero dejó la estela inolvidable de un personaje de cuento, que ha sido rememorado posteriormente por el cine y en numerosos libros y biografías. Su belleza, su historia y su personalidad nos siguen fascinando.

Las películas almibaradas de Romy Schneider nos dibujaron un cuento de hadas en el que un príncipe y una princesa superaban todos sus problemas gracias al amor. Pero, como siempre sucede, la realidad fue muy diferente, y desde luego, mucho más dura y complicada.

Uno de los retratos más emblemáticos de la emperatriz, pintado por Franz Xaver Winterhalter en 1865

La vida de Elizabeth de Baviera, la bella emperatriz austriaca más conocida como Sissi, no fue un camino de rosas, más bien fue una complicada senda sembrada de dificultades, como el continuo enfrentamiento con su suegra que le hizo la vida imposible; una vida plena de grandes dramas, como las horribles muertes de dos de sus hijos.

A los 16 años, cuando enamoró al Archiduque Francisco José

La vida le obligó a refugiarse en sí misma, a construir un mundo propio, con costumbres que resultaban extrañas para la época y a emprender una continuada huida: Sissi encontró la paz en sus continuados viajes por todo el mundo.

La famosa y larguísima cabellera de Sissi

De niña a emperatriz
Hija del matrimonio formado por la princesa Ludovica de Wittlesbach y Maximiliano de Baviera, primos de la Familia Real de Austria, Isabel de Baviera había nacido el 24 de diciembre de 1837 por lo que sus padres decían que había sido un auténtico regalo de Navidad. Tal y como aparecía en las películas de Romy Schneider, es verdad que Sissi vivió una niñez libre, bohemia y feliz en el espléndido entorno natural del Palacio de Possenhofen, donde nació y creció, donde solía perderse en el bosque, soñar a través de sus libros y montar a caballo durante horas.

Sissi pasaba horas y horas montando a caballo por los jardines de palacio

De niña solía perderse en el bosque, soñar a través de sus libros y montar a caballo durante horas.

Pero su vida dio un giro radical cuando, en 1953, acompañó a su madre y a su hermana mayor Nené a la estación termal de Bad Is. Allí se reunieron nada menos que con el emperador Francisco José y su madre, la archiduquesa Sofia, mujer de gran carácter que influía de forma determinante en los asuntos del gobierno. En realidad el encuentro no fue casual: Sofía quería que Nene, una joven discreta, bien educada y dócil, se convirtiera en la esposa de Francisco José.

Romy Schneider en el papel de la joven Sissi siendo coronada por Francisco José

Pero las flechas del amor intervinieron, caprichosas, para cambiar el rumbo de la historia: Francisco José, que para entonces era un atractivo veinteañero, además de emperador, no solamente ignoró a Nené, sino que quedó totalmente prendado de su hermana pequeña, la adolescente Sissi.

Retrato que Sissi regaló a su prometido

Pese a las protestas de Sofia, el disgusto de Nené y de la propia madre de ambas, el emperador, que decía “estar enamorado como un cadete”, insistió en casarse con Elizabeth. La boda imperial se celebró el 24 de abril en Viena, y desde ese momento la joven Sissi pasó de ser una niña libre en un privilegiado entorno natural, a ejercer como nueva emperatriz del imperio austrohúngaro, rodeada por una corte conservadora y convencional hasta el extremo, con aburridas damas de compañía que la triplicaban en edad y un protocolo más rígido que su propio corsé. Eso sí: al menos al principio Sissi siempre contó con el amor apasionado de su esposo, que durante toda su vida y, pese a las dificultades de su matrimonio, le profesó un sincero cariño y una lealtad sin fisuras.

La joven pareja de enamorados

Sissi siempre contó con el amor apasionado de su esposo, que durante toda su vida y, pese a las dificultades de su matrimonio, le profesó un sincero cariño y una lealtad sin fisuras.

Difícil maternidad
En el enorme y maravilloso Palacio de Hofburg, donde hoy en día se pueden visitar las estancias de Sissi, los primeros años de la emperatriz fueron los de una cautiva en una jaula de oro. Su rebeldía y espontaneidad, su juventud, su lógica inmadurez, provocaban el recelo de la corte de Viena cuyos miembros la acogieron con antipatía y frialdad. Pero sin duda lo peor de todo, durante aquellos primeros años, fue el continuo enfrentamiento con su suegra, Sofia, que criticaba todos sus hábitos y costumbres, que parecía empeñada en hacerle la vida imposible, y que, sobre todo, se impuso para arrebatarle la crianza de su hija mayor a la que llamaron Sofia, como ella.

La Princesa Gisela

Pero cuando nació la segunda hija, Gisela, Sissi logró recuperar el control de las niñas y trasladarlas a sus habitaciones en Hofburg, para hacerse cargo ella misma de su crianza. Pero la alegría fue efímera. Francisco José y ella planificaron un viaje de Estado a Hungría, y la joven emperatriz se empeñó en llevarse a las pequeñas Sofia y Gisela con ellos, en contra de la opinión de la abuela, que hizo todo lo posible para impedirlo. Sissi se salió con la suya, y la familia viajó unida, pero durante el trayecto la pequeña Sofia enfermo de disentería y falleció rápidamente en Budapest. Era mayo de 1857, Elizabeth quedó tan devastada y se sintió tan culpable que ella misma decidió devolver a Gisela a su abuela, para que se ocupara de su cuidado. Al año siguiente nació su hijo Rodolfo, del que igualmente se hizo cargo la abuela.

La familia de Maximiliano. De pie, el Emperador Francisco José, Maximiliano, Carlota, el hermano menor y Karl Ludwig; sentada Sissi, sus hijos y la Archiduquesa Sofia

La muerte de Sofia y el alejamiento de sus otros dos hijos supusieron un golpe tan duro para Sissi que enfermó de una terrible depresión. Aconsejada por los médicos, viajó durante unos meses, primero a Madeira (Portugal) y luego a Corfú en Grecia. Durante estas largas estancias lejos de su marido y sus hijos, lejos de la corte, mejoró notablemente, pero ya nunca volvería a ser la misma. A su regreso estableció con su marido el acuerdo de crear una parcela de privacidad e independencia, que mantuvo para siempre gracias, entre otras cosas, a sus constantes viajes.

Con su esposo y su hijo Rodolfo

Con los años logró también retomar la educación y crianza de sus hijos, sobre todo las de Rodolfo, a quien la suegra aplicaba unos métodos tan duros y rigurosos que provocaban al niño terrores e inseguridad. Sissi cambió a sus rancios maestros por profesores mucho más flexibles, liberales y modernos, algo que igualmente fue criticado duramente por la corte. En 1868 nacería su cuarta y última hija, Maria Valeria; tal vez su niña más querida porque fue a la única a la que ella pudo cuidar y educar por completo. Valeria, que tenía un gran parecido físico con su padre, el emperador, fue una dulce compañía y un excelente consuelo para su madre.

Maria Valeria

Bulímica, maniática, depresiva, viajera…
Elizabeth era una mujer inquieta y culta, amante de la lectura, de la música y de los viajes. Adoraba la ópera, y era una gran entendida en cultura y arte griego; el interés por la historia de Grecia lo descubrió a partir de su primer viaje a Corfú. Leía incansablemente a los clásicos como Shakespeare, y dominaba varios idiomas. Igualmente amaba a los animales, sobre todo a los caballos -era una experta y hábil amazona, capaz de cabalgar durante horas- y a los perros. Han quedado muchos testimonios fotográficos de ello, sobre todo muchas fotos con su perro Houseguard, que la acompañó muchos años de su vida (foto de portada).

Peinando a uno de sus perros

Leía incansablemente a los clásicos como Shakespeare, y dominaba varios idiomas.

La otra cara de la moneda, la negativa, estaba en su temperamento depresivo, maniático y obsesivo hasta el extremo, sobre todo en lo referente a su aspecto físico, y a la insistencia en mantenerse delgada.

La cama de la emperatriz en su dormitorio, que aún se puede visitar en el Palacio de Hofburg

Pese a ser bastante alta para la época (1,72 cm), estaba empeñada en no pesar más de 50 kilos y mantener su cintura de avispa; para ello, apenas si comía, pasaba días en ayuno, se vestía con insoportables corsés y hacía continuamente ejercicio hasta el punto de instalar aparatos de gimnasia en sus habitaciones, como las anillas colgadas del techo y las espalderas que todavía pueden verse en el Palacio de Viena. En pleno siglo XIX hacer deporte era una absoluta excentricidad, así es que muchos consideraban que Sissi estaba rematadamente loca. Su obsesión por la delgadez ha sido con el tiempo interpretada como anorexia nerviosa.

 

Apartamentos privados de Sissi en el Palacio de Hofburg. En primer término uno de sus vestidos y al fondo las espalderas y aparatos de gimnasia con los que la emperatriz practicaba sus ejercicios

Aunque apenas si tuvo capacidad de intervenir en la vida política y en el gobierno dirigido por el emperador, su posicionamiento y simpatía por la Hungría entonces nacionalista, ayudó a mantener unido al imperio austrohúngaro, durante los años de su vida. Su joven amiga húngara Ida Ferenczy le presentó al coronel magiar Gyula Andrássy, que sería uno de sus grandes amigos, hasta el punto que se especulaba si eran amantes. Pero lo cierto es que la cercanía de Sissi con la causa húngara ayudó a que el 8 de junio de 1867, Francisco José y ella fueran coronados reyes constitucionales de Hungría. En Godollo, cerca de Budapest, nació su hija pequeña, la archiduquesa Maria Valeria.

Gisela y Maria Valeria

La cercanía de Sissi con la causa húngara ayudó a que el 8 de junio de 1867, Francisco José y ella fueran coronados reyes constitucionales de Hungría.

Últimos y tristes años
El nacimiento de Maria Valeria en 1868 supuso el inicio de una época más dulce para Elizabeth. Con Sofia ya muy envejecida, fue la propia Sissi la que se ocupó del cuidado y educación de su hija pequeña de la que sí pudo disfrutar, y que fue para ella una dulce compañía. Durante años, ambas viajaron por Europa, muchas veces con nombres anónimos. Con el trascurso del tiempo, la relación con su marido se transformó de amor a amistad, siempre marcada por el cariño y la lealtad. De hecho, ella misma fomentó la amistad entre Francisco José, ya maduro, y la actriz Katharina Schratt, que se convirtió en la amante y compañera del emperador hasta la muerte de este.

El Príncipe Rodolfo

Cuando ya había cumplido los cincuenta, y era una dama madura, igualmente bella, que había aprendido a vivir en la corte manteniendo un amplio margen de privacidad y realizando numerosos viajes; cuando se conocía mejor; cuando se había librado del férreo control de su suegra, que había fallecido en 1872; cuando estaba más segura de sí misma… llegó el golpe más duro de toda su vida: la muerte de su hijo Rodolfo en 1889, en el famoso pabellón de caza de Mayerling, con tan solo 30 años. Las extrañas circunstancias de su muerte aún a día de hoy siguen provocando controversia. La explicación oficial es que se suicidó, junto con su amante, la baronesa Marie Alexandrine Freiin von Vetsera. Pero la versión de que fue un crimen de Estado surgió entonces, y sigue manteniéndose hoy. Lo único que sabemos ciertamente es que su muerte dejó a su madre devastada. No fue la única muerte trágica en la familia: Luis, su primo e íntimo amigo de Sissi desde la infancia, pereció ahogado en el Lago de Samberg, el 13 de junio de 1886 en extrañas circunstancias. Sofia Carlota, su hermana pequeña, falleció en 1897, en el trágico incendio del Bazar de Caridad de París.

Sissi ocultado su rostro tras un abanico, durante un paseo a caballo

Desde la muerte de Rodolfo, Sissi entró en su época más oscura, en todos los sentidos: desde entonces vestía de negro riguroso, se alejó definitivamente de la corte, se compró un barco y vagó por el Mediterráneo sin apenas rumbo fijo. Nunca más dejó fotografiar su bello rostro; de hecho, de esta época hay fotos suyas, pero siempre va de negro y con la cara tapada.

Una de las últimas fotos que se conservan: Sissi y su dama de compañía paseando por las calles de Montreaux

Así, hasta que en septiembre de 1898, siguiendo la estela de maldición que parecía perseguir a la familia, Sissi fue asesinada por un anarquista perturbado llamado Luigi Lucheni, con quien tropieza cuando se encuentra en Ginebra, preparándose para embarcar rumbo a Montreux. Lucheni, que sólo buscaba notoriedad, reconoció a la emperatriz y se lanzó contra ella, clavándole un estilete en pleno corazón; aunque Sissi ni siquiera se dio cuenta de lo que había sucedido, perdió el conocimiento y en la misma tarde falleció.

En su lecho de muerte, el 10 sept de 1898, en el Hotel Beau Rivate de Ginebra

Hasta en el hecho de su enterramiento, Elizabeth no pudo cumplir sus deseos: la bella emperatriz había pedido que la enterrasen en su amado Mediterráneo, pero las normas palaciegas se impusieron y finalmente fue sepultada en la cripta de los Capuchinos, en pleno Viena, rodada por los miembros de una dinastía cuyo poder se perdió también en el pasado. El mundo, eso sí, siempre la recordará.

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