Cine Yold. La mujer fatal por excelencia se llamaba Marlene

Marlene Dietrich, ángel de hielo azul

 

Angel Domingo
5 mayo, 2022

Actriz de fulminante personalidad, belleza salvaje, voz grave y piernas eternas, Marlene Dietrich permanece en la memoria de tantos yold cinéfilos. Con la competencia de nuestro crítico favorito, Ángel Domingo, queremos recordarla hoy. Su glamourosa y rubia imagen sigue grabada a fuego en el celuloide de todos los tiempos.

El valiente oficial de la policía prusiana, Ludwig Dietrich, falleció en acto de servicio sin saber que su hija llegaría a ser una de las actrices más icónicas del siglo XX. Su madre decidió casarse por segunda vez con Edouard Von Losch, y se cree que fue su nuevo padre el que le aconsejó que adoptara un diminutivo para su nombre, que era Marie Magdalene, con el objetivo de que apareciera completo en los carteles publicitarios de sus películas.

La joven Marlene

La pequeña Magdalene fue enviada a un colegio privado, de gran exigencia, donde aprendió inglés y francés y se formó para ser concertista de violín. Sin embargo, la derrota alemana en la I Guerra Mundial, que trajo consigo la instauración de la conocida como República de Weimar, trajo consigo una fiebre de cabarets y esas mujeres a las que Alejandro Dumas llamaba cariñosamente en sus novelas, demi monde (libertinas en el hablar popular).

Una joven y decidida Marlene fingió una lesión de muñeca para alejarse de la profesión de respetable violinista y decidir completar su formación como bailarina en la compañía Deutsche Theaterschule, que entonces dirigía un genio, pionero del cine mudo alemán llamado Rudolf Sieber, quién comenzó a solicitarla para realizar pequeños papeles en sus producciones. Ella y Sieber se enamoraron y casaron al año siguiente y, después del nacimiento de su hija, María, Dietrich volvió a trabajar en los escenarios. La pareja se separó en 1929.

El más fotograma de El ángel azul

Ese mismo año, el director Josef Von Sternberg vio por primera vez a Dietrich y la eligió como Lola-Lola, la hastiada y sensual protagonista de Der blaue Engel (1930), El ángel azul en castellano, la primera película hablada de Alemania. El arrollador éxito de la película catapultó a Dietrich al estrellato internacional. Von Sternberg la llevó a los Estados Unidos y le consiguió un contrato con Paramount Pictures. Con la ayuda de Von Sternberg, Dietrich comenzó a desarrollar su leyenda de femme fatale en sus propias películas: Marruecos (1930), Dishonored (1931), Shanghai Express (1932), Blonde Venus (1932),  The Scarlet Empress (1934), y El Diablo es una mujer (1935), la película que la consagró como la gran mujer fatal del continente europeo.

Durante el nazismo y a pesar de peticiones personales de Adolf Hitler, Dietrich mostró su arrolladora personalidad y se negó a trabajar en la Alemania nazi y, debido a esa negativa sus películas fueron prohibidas y Dietrich fue acusada de traidora en su país. Ciudadana estadounidense desde 1937, hizo más de quinientas apariciones ante las tropas aliadas entre 1943 y 1946. Luego afirmó en numerosas ocasiones: “Estados Unidos me albergó en su pecho cuando ya no tenía un país nativo digno de ese nombre, pero en mi corazón soy alemana, alemana es mi alma”.

Después de la guerra, Dietrich continuó haciendo películas exitosas, como A Foreign Affair (1948), The Monte Carlo Story (1956), Witness for the Prosecution (1957), Touch of Evil (1958) y ¿Vencedores o vencidos? (El juicio de Nuremberg) (Stanley Kramer, 1961), una de las mejores cintas de la historia. También fue la artista más popular de los clubes nocturnos germanos. Después de un período de retiro de la pantalla, reapareció en la película ¿Cómo ser un gigoló? (Olivier Baroux, 1978). El documental Marlene, una reseña de su vida y su carrera, que incluyó una entrevista hecha por Maximilian Schell, se estrenó en 1986. Su autobiografía, Ich bin, Gott sei Dank, Berlinerin (Yo soy, gracias a dios, de Berlín; traducida al español, también como Marlene), se publicó en 1987.

Paulatinamente, sus apariciones públicas fueron cuidadosamente preparadas y sus películas, con pocas excepciones, fueron hábilmente interpretadas. Aunque su rango vocal no era excelente, realizó versiones memorables de canciones como Falling in Love Again, y, por supuesto, Lili Marleen, una imprescindible versión del clásico La Vie en Ros,e que instantáneamente se convirtió en un clásico de la época.

Sus relaciones sentimentales, tanto con hombres, como con mujeres, no fueron ningún secreto, pero en lugar de destruir su carrera parecían otorgarle un status de inalcanzable. Su gusto por usar pantalones y otras prendas masculinas la convirtieron en una pionera de la moda y ayudó a lanzar un estilo que persistió durante el todo el siglo XXI. Pero su magnetismo personal fue mucho más allá de su imagen andrógina magistral y su glamour; otro de sus admiradores, el escritor Ernest Hemingway, que dejó para el recuerdo la magistral frase: “Si ella no tuviera nada más que su voz, podría romper tu corazón con eso”.

En Testigo de cargo, Marlene hizo una interpretación magistral

Cuando parecía una figura olvidada, Billy Wilder le regaló un último canto del cisne en su imprescindible película Testigo de cargo (1957).

Finalmente, a las tres de la tarde del 6 de mayo de 1992 se extinguió la vida de la dueña de las más hermosas piernas de toda la historia del cine. “Acostada en su salón, rodeada de las fotos de sus amigos, Maria Magdalena Dietrich ha muerto en un hermoso día de la primavera parisiense”, declaró su nieto, Pierre Riva. Las pasadas Navidades, la intérprete de El ángel azul, la cantante de Lili Marleen, había celebrado en la intimidad su noventa aniversario. Había abandonado el cine en 1976 y, precisamente, la 45ª edición del Festival de Cannes le había preparado un homenaje, que nunca llegó a ver.

Mi intención, con este artículo, es rendir homenaje a una actriz que no merece ser recordada con la simplista descripción de “una alemana con piernas largas”, aunque tenemos que reconocer que era muy alemana y que tenía las piernas endiabladamente largas.

Ángel Domingo Pérez

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

  1. Susana dice:

    La actitud de no encasillarse en el concepto sumiso de la mujer de esa época, de usar las armas del mundo masculino para abrirse paso por la selva humana, su ganas de vivir, su saber querer a su manera, todo eso la hizo un espíritu libre, y su valentía de no doblegarse ante nada la hizo inolvidable. Solo la muerte fue su límite y pienso que ni aún así está vencerá su legado

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