Mundo Yold. Hoy repasamos los momentos más románticos y más esperados por muchos en las películas de todos los tiempos

Los besos, razón para ver cine

Angel Domingo
11 mayo, 2021

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A veces son inesperados y dan la vuelta al argumento más anhelado por los espectadores; y a menudo sellan un final feliz. Los besos son tan necesarios en el Séptimo Arte como las rimas en la poesía: un elemento que no debería faltar; forma parte del lenguaje cinematográfico desde su nacimiento. Ángel Domingo nos ayuda a recordar algunos de los momentos más románticos y besucones de la historia del cine.

Apuesto a que nadie sabría decir cuál es el primer beso del que hay constancia en la historia del cine, ¿nadie responde? Aparece en un cortometraje filmado en abril de 1896, su duración no llega al minuto y su título es sencillo: El beso. Fue dirigido por William Heise para Thomas Edison, y consiguió proporcionar a la compañía uno de sus éxitos más importantes.

El primer -y cómico- beso de la historia del cine

Después, podemos encontrar besos con infinidad de formas y duración, tanto castos como repletos de pasión; sin embargo, el estricto Código Hays no estaba dispuesto a que las escenas de besos, en la gran pantalla, afectaran a la moral del público. Y tuvo que ser Alfred Hitchcock el primero en posicionarse a favor de los besos, y lo hizo a lo grande, pero utilizando un pequeño truco para que el ósculo pasara desapercibido: dividir el beso en pequeños intercambios lascivos, pero que nunca superaban el tiempo establecido; el mejor ejemplo lo encontramos en su película Encadenados (1946), en la que los personajes encarnados por Ingrid Bergman y Cary Grant estuvieron morreándose aproximadamente tres minutos. “Parecía interminable”, escribió la actriz en sus memorias. Este beso fue, finalmente batido, por el que se dieron el español Sergio Muñiz y la italiana Francesca Neri durante una adaptación televisiva de La Dama de las Camelias; y aunque este beso fuera más largo, el magistral plano de Encadenados siempre permanecerá en la memoria de los aficionados.

Gary Grant e Ingrid Bergman batiendo records

Plusmarcas al margen, es difícil hacer una antología de besos de película, porque cada aficionado tendrá sus favoritos: el que vence las defensas de Scarlata O’Hara ante el atractivo canalla de Rhett Butler en Lo que el viento se llevó (Victor Fleming,1939); el de Burt Lancaster y Deborah Kerr revolcándose entre las olas en De aquí a la eternidad (Fred Zinemann,1953); el inolvidable de los espaguetis que se acortan en La dama y el vagabundo (1955); el que anuncia el galáctico amor entre Han Solo y Leia en El imperio contraataca (1980); el sobrenatural de Ghost (Jerry Zucker, 1990) a los compases de la infinitamente versionada canción Unchained Melody; el del hombre araña boca abajo en Spiderman (Sam Raimi, 2002), etc.., etc…

El más galáctico y esperado de los besos en El imperio contraataca 

Y ¡cómo olvidar el beso suave y lento, bajo una lluvia torrencial, con Moon River de fondo y los ojos de George Peppard rebosando amor en Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961)! Los mismos ojos que hicieron a Audrey Hepburn perder su armadura, aunque solo fuera cuando consiguió recuperar a su adorable gato.

El momento estelar de la maravillosa Cinema Paradiso, cuando el protagonista ve el montaje de los besos censurados 

Y ese Richard Gere, rescatando a una cenicienta tras otra a fuerza de besos. Apuesto a que todas mis lectoras no pueden olvidar la escena final besando a Debra Winger –Oficial y caballero (Taylor Hackford, 1982)- en volandas, bajo los acordes de su banda sonora.

 

Richard Gere y Debra Winger supurando pasión

Y la legendaria frase que pronunció el Drácula de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992), cuando Gary Oldman besó a Winona Ryder: “He cruzado océanos de tiempo para encontrarte”.

Los besos de Drácula entrañaban un peligro indudable pero transmitían una pasión irresistible

La historia del Conde Drácula siempre será una de las más románticas jamás filmada; y para terminar, el diálogo de Tom Hanks a la bellísima Robin Wright tras su célebre discurso de “la vida es como una caja de bombones” (Forrest Gump).

Spiderman en su beso boca abajo

Más tétrico, aunque inolvidable también, es el de Jane Greer y Robert Mitchum en Retorno al pasado (Jacques Tourneur, 1947). Igualmente romántico es el que protagoniza la escena más famosa de El hombre tranquilo (John Ford, 1952).

El más estético de los besos: los dos guapísimos protagonistas de La princesa prometida sobre un caballo blanco

Y concluyo con el que, tal vez, sea el beso más recordado de toda mi generación: “Desde la creación del beso ha habido cinco besos que han sido calificados como los más apasionados, los más puros. Pero el beso del pirata Cary Elwes a Robin Wright los superó a todos”, naturalmente nos referimos al que aparece en la escena cumbre de La princesa prometida (Rob Reiner, 1987).

En este caso, estimados lectores, os invito a saborear los besos del celuloide pero eso sí ¡sin cerrar los ojos!

Ángel Domingo Pérez

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