Mundo Yold. En tiempos de pandemia y confinamiento, es más necesario que nunca poder salir y hacer ejercicio al aire libre, en la naturaleza

Necesitamos más caminos y parques

 

Inés Almendros
21 mayo, 2021

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Si un alcalde arregla el camino que hay a la salida del pueblo; si le pone unos bancos, unas farolas y una fuente, estará ayudando a que muchos vecinos salgan a caminar por allí. Si habilita un carril bici, habrá más vecinos que harán ciclismo. La pandemia del COVID 19 nos ha empujado, más que nunca, a hacer deporte y movernos al aire libre. Por ello, también es un momento trascendental para que ayuntamientos y administraciones tomen buena nota de la importancia de crear espacios adecuados para hacerlo.

Desde que el coche es el amo y señor de nuestras vidas, en las últimas décadas, la mayor parte de las vías urbanas e interurbanas se han construido pensando, casi única y exclusivamente, en los vehículos. Por este motivo, es más que frecuente la paradójica situación de que: es fácil llegar a cualquier sitio por la carretera, con un coche. Pero suele ser complicadísimo llegar al mismo lugar andando o en bici, incluso aunque esté cerca. Pero si alguien quiere hacer este trayecto caminando, se encuentra con un montón de dificultades: no se puede cruzar las gigantescas autopistas o las vías del metro o tren, porque no hay pasos ni puentes suficientes. Se topará con otros muchos problemas: descampados inseguros, zonas sin camino, terraplenes, badenes, baches y áreas, en general, imposibles de transitar. Muchas veces, solo queda la opción de caminar por los arcenes, con los coches pasando al lado, sin visibilidad, sin semáforos, sin seguridad. Algo que suele ocasionar muchos accidentes, y en muchas ocasiones, a personas mayores y ancianos.

Un mundo moderno que ha perdido sus caminos
Las cosas no eran así en tiempos de nuestros abuelos: hasta que el coche se convirtió en la forma universal para el desplazamiento humano, nuestros pueblos y ciudades estaban llenos de caminos que llevaban a todas partes. Lo normal, de hecho, era desplazarse andando, en bicicleta, o en carruajes de tracción animal. Por ello, cualquier persona podría casi recorrer el mundo andando por rutas terrestres, senderos y caminos. Pero desde que el automóvil conquistó el universo, los caminos se asfaltaron para convertirse en carreteras, autopistas y autovías. Y nadie pensó en la necesidad de seguir manteniendo los caminos para los caminantes. En resumen: sin darnos apenas cuenta, nos hemos quedado sin los caminos tradicionales; las carreteras han “devorado” muchas de aquellas rutas y senderos que unían a las personas y los pueblos, y las han enterrado entre los mares de asfalto que forman nuestras localidades y ciudades.

La importancia de la recuperación de los caminos y rutas naturales es tan trascendental, que los gobiernos y autoridades empiezan a tener en cuenta este aspecto, sobre todo en los países más avanzados, donde ya existen incluso instituciones diversas dedicadas a ello. Es el caso de Sustrans, una ONG sin ánimo de lucro, en el Reino Unido, que se dedica a recaudar fondos para rehabilitar caminos, senderos y rutas, para que puedan ofrecer un recorrido tan seguro como agradable a quienes deciden volver a ellos.

Desde que llegó la pandemia, el número de personas que practican deporte al aire libre en todas sus modalidades y formatos se ha multiplicado.

La pandemia que nos devolvió las ganas de andar
El histórico año 2020 nos trajo una situación inimaginable hasta entonces: una pandemia universal que nos cambió el mundo entero. Y, si hay algo en lo que, desde entonces coincidimos casi todos los seres humanos del planeta, es -precisamente- en que necesitamos volver a caminar, a correr, marchar, trotar, saltar, pedalear, al aire libre. A disfrutar de la sensación única de libertad que nos ofrece el cielo abierto.

Y es que los confinamientos, las restricciones, la imposibilidad de viajar, relacionarnos o salir a bailar… el nuevo régimen de aislamiento y prudencia en el que vivimos desde hace meses, ha puesto patas arriba nuestras prioridades. Y de repente millones de personas hemos redescubierto la felicidad de pasear por el parque, de andar por el monte, o deambular por la bici dentro de nuestra ciudad. Desde que llegó la pandemia, el número de personas que practican deporte al aire libre en todas sus modalidades y formatos se ha multiplicado. Si hace tres años había veinte corriendo en el parque de debajo de casa, ahora son el doble o el tripe; hasta el abuelo, o la vecina, a los que jamás hubiéramos imaginado en chándal, se han puesto las deportivas, y ahí están: dando un buen paseo todas las tardes.

Y es que andar es gratis, divertido, edificante y estimulante. Todo el mundo puede hacerlo, cada uno a su ritmo y a su velocidad. Y en estos tiempos de pandemia, no es no solo es un pasatiempo, sino una necesidad.

Necesitamos espacios para correr y caminar
Ahora que la pandemia nos ha empujado de nuevo a andar, muchos de nosotros percibimos que no siempre hay suficientes espacios verdes, o caminos para disfrutar del ejercicio.

Muchos de nosotros podríamos ir a trabajar en bici, incluso andando, pero ¿cómo hacerlo si no tenemos caminos o carriles seguros para ello?

En todas los ciudades y pueblos del planeta sobra ladrillo y asfalto, pero no siempre encontramos espacios abiertos aptos y preparados para correr o andar. Los parques que hay son pocos y, con tanta gente, ahora se quedan pequeños. Y si queremos andar más kilómetros, no tenemos más caminos para hacerlo. Muchos de nosotros podríamos ir a trabajar en bici, incluso andando, pero ¿cómo hacerlo si no tenemos caminos o carriles seguros para ello?

Por eso este también es un momento histórico para que las autoridades tomen nota: gobernantes, ministros, alcaldes, gerentes municipales… Todos ellos deben hacer una reflexión sobre la importancia de que nuestros espacios y pueblos recuperen los espacios para ello. Salir a andar es el mejor ejercicio para todo el mundo, pero hay que facilitar, a la gente, que pueda hacerlo en condiciones.

Infraestructuras sencillas y tremendamente aportadoras
Imaginemos, por ejemplo, un pequeño pueblo de casi cualquier país de la tierra. Como decíamos arriba, salir de la localidad en el coche es fácil: solo hay que seguir la carretera. Pero atravesar andando las afueras de pueblo ya es otra cosa: en muchos lugares solo queda la opción de deambular por el arcén, porque los antiguos caminos ahora son las carreteras comarcales, y apenas quedan otras vías para andar.

En muchos lugares solo queda la opción de deambular por el arcén, porque los antiguos caminos ahora son las carreteras comarcales, y apenas quedan otras vías para andar.

Pero si en ese pueblo se habilita un camino especial para los viandantes, todo cambia: un camino compactado, sin baches; un camino bien señalizado y con pasos de cebra y semáforos en los cruces; que salve los desniveles con puentes y accesos; que incluya unas farolas, para la noche; con unos bancos y mesas, para descansar o merendar; con una fuente para beber agua, y unos árboles que den sombra; con soluciones de adaptación para personas de movilidad reducida; que atraviese los parajes más bellos y pintorescos de la zona, para detenerse a disfrutarlos, o hacer fotos. Incluso, con un carril paralelo para bicicletas o patines.

Pues bien: ofrecer esta posibilidad a los vecinos es, sencillamente, animarles a andar, a hacer deporte en condiciones de seguridad, y por tanto, contribuir de forma muy positiva en su salud y bienestar. También para evitar peligros y accidentes a los caminantes. Es ofrecer nuevas formas de ocio -y por tanto de felicidad- a la comunidad.

Parques, paseos, caminos, carriles de bici… son infraestructuras no costosas, y fáciles de realizar, con excelentes beneficios, que repercutirán, no solo en la salud mental y física de cada persona, sino en la prevención de muchas enfermedades. Incluso el acondicionamiento de antiguos caminos y senderos, de viejas carreteras que ya no se utilizan, de las antiguas vías de tren, ofrece unas posibilidades inmensas para el deporte y el disfrute de la naturaleza.

Esta situación inédita proporcionada por la llegada del COVID 19 también debe servir para que aprendamos y reflexionemos sobre otros aspectos. Es un buen momento, sin duda, para que las autoridades igualmente tomen nota de nuevas perspectivas y aportaciones: la de recuperar los caminos y rutas es, sin duda, una de ellas. 

Pie de fotos de Sustrans:

Imágenes de caminos rehabilitados en la zona de Plymouth, Reino Unido, por la ONG Sustrans (fuente: https://www.sustrans.org.uk/ )

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