Mundo Yold. Un enemigo imprevisto, el coronavirus, ha trastocado por completo nuestro mundo

Nunca subestimes lo que parece pequeño

 

 

Inés Almendros
1 abril, 2020

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Hasta hace pocos días nos creíamos fuertes y seguros, pertrechados dentro de nuestra existencia cotidiana y calculada. Soñábamos con nuestros planes para las fiestas, las vacaciones, los cumpleaños o las compras… Nos quejábamos, sí, del cambio climático; pero nos costaba dejar el coche para ir en metro a trabajar. Y, de repente, un enemigo imprevisto, el coronavirus, ha trastocado por completo nuestro mundo y ha puesto patas arriba a toda la humanidad.

Esto no es una película, es la realidad: hace semanas que no salimos de casa, que no podemos caminar por las calles, que vamos a la compra con mascarilla. Y ahora sí: por fin hemos dejado el coche y estamos contribuyendo a reducir la contaminación; aunque haya sido en contra de nuestra voluntad.

La policía vigila las calles y todos luchamos contra la amenaza, aunque ni siquiera sabemos dónde está la amenaza. Porque es un enemigo muy pequeño, diminuto, microscópico, resbaladizo, mutable. Se trata de un virus imperceptible para nuestros sentidos, al que ni siquiera podemos ver ni tocar. Un ente invisible, intangible que, paradójicamente, se ha convertido en el enemigo número uno de la humanidad.

Un ente invisible, intangible que, paradójicamente, se ha convertido en el enemigo número uno de la humanidad.

Un bichillo pulula por el ambiente, y de repente caen millones de trabajo, se paralizan los trasportes, se vacía Benidorm, La Meca y New York. Se cierran los bares y las escuelas de casi todo el mundo, y el Dow Jones hace puenting y se arroja desde lo más alto.

Hace apenas unos días nos enfrentábamos entre nosotros para defender nuestro muy distintos colores de equipos y banderas; y ahora la humanidad entera se parapeta detrás de una mascarilla blanca y aplaude al unísono al mismo equipo azul: el de los médicos y sanitarios.

Nuestros gobiernos disponen de millones de armas. Contamos con grandes ejércitos, con los más sofisticados aparatos para la guerra, pero nada pueden hacer en esta batalla. Resulta que una humilde pastilla de jabón mata los virus y una metralleta no puede defendernos en esta invasión. Resulta que son los médicos, los enfermeros, los científicos, quienes solo pueden luchar y ganar este combate. Los soldados también luchan en esta guerra, pero no lo hacen con armas, sino limpiando, cuidado abuelos o repartiendo mantas.

La humanidad entera se parapeta detrás de una mascarilla blanca y aplaude al unísono al mismo equipo azul: el de los médicos y sanitarios.

Resulta que otra vez David ha vencido a Goliath; al menos por el momento, porque sabemos que acabaremos venciendo en esta batalla. Pero, ojalá que, cuando termine la misma, al menos hayamos ganado en sabiduría; se lo merecen las viejas generaciones que ahora están cayendo y las nuevas que nos seguirán.

Ojalá que aprendamos que los humanos no somos tan grandes ni poderosos, sino diminutas motas de polvo fugaces en el universo. Y que aun así, siendo tan pequeños, algo mucho más pequeño que nosotros nos puede arrasar en un suspiro.

Ojalá aprendamos a valorar y a escuchar más a nuestros médicos, a nuestros científicos, a quienes estudian la vida y la naturaleza, y hagamos menos caso a los pseudo políticos y populistas, a los famosos de la tele, a los instagramer y youtubers diversos… Ni a quienes nos llenan la cabeza de ira.

Ojalá que esto nos ayude a disfrutar y valorar las cosas que realmente importan: el pequeño paseo de cada día, el sol en el campo, el abrazo de tu madre, la libertad de correr en bicicleta o el simple hecho de encontrarte con tus amigos… y millones de ellas más que no cuestan dinero, pero nos llenan el alma.

Ojalá que aprendamos a no ser tan destructores, a respetar a nuestra tierra, y a convivir sin arrasar a todos los seres vivos que habitan en ella.

Ojalá que aprendamos a no ofender a nuestra madre naturaleza, porque a veces, cuando abusamos de ella, su ira cae sobre nuestras cabezas. Y nos puede aniquilar. Lo estamos viendo.

Ojalá que por fin aprendamos que somos, ante todo y sobre todo, naturaleza.

 

Inés Ortega

 

 

Comentarios

  1. Fernando Cabrera dice:

    Hermosa reflexión saludos

  2. Juan Carlos Sahaja dice:

    Esta crisis puede ser una oportunidad.

    Las características de esta crisis y que la diferencia de las anteriores (soslayando, claro está, las muertes que está provocando y el drama que ello conlleva) es sobre todo el obligado aislamiento y recogimiento de todas las personas y el parón de toda la sociedad en general. Con anterioridad esto nadie hubiese pensado que pudiese ocurrir nunca. Un frenazo en seco a nuestra forma de vivir ciertamente alocada, narcisista y egocéntrica. ¿Y ahora qué? Pues ahora tenemos tres opciones:
    La primera es aguantar el chaparrón como sea y posteriormente seguir siendo tan imbeciles como antes.
    La segunda es aún peor pues se sabe que en circunstancias críticas las personas tienden a buscar refugio en niveles de conciencia anteriores o menos desarrollados y a proyectar la culpa a todos aquellos que no piensan como ellos, con lo cual no se consigue nada bueno y la confrontación, el odio, la venganza, el desprecio y la falta de tolerancia y comprensión son los platos principales que salen de nuestra cocina mental y emocional. Nada que ofrecer para que las cosas mejoren, solo regresión a niveles de conciencia prerracionales que hoy día están fuera de contexto. Estas personas creen que son tan listas que ellos hubiesen tomado las decisiones más acertadas y adecuadas antes escenarios novedosos y sin precedentes. No son capaces de reconocer su propia ignorancia. Es fácil criticar cuando no eres tú quien tiene la responsabilidad de tomar las decisiones. Piensan que son más listos que los dirigentes politicos y autoridades científicas y sanitarias que están tomando las decisiones en cada momento, demostrando claramente con esta actitud su omnipotente narcisismo y falta de humildad.
    La tercera opción es la que sería más deseable y podría servir para una transformación positiva de las personas y de la sociedad. Este aislamiento, este recogimiento y este parón en nuestras vidas podría ser el inicio de algo nuevo y el despertar de lo mejor de cada uno, eso que todos y todas llevamos dentro pero que fuimos incapaces de desarrollar tras la presión del contexto que nos ha tocado vivir en esta vida y en estos tiempos. Ahora tenemos una oportunidad para dejar de proyectar nuestra propia sombra sobre los demás y empezar a ver que todos somos humanos y que todos nos equivocamos, que no somos tan listillos como nos gusta creer. Que todos tratamos de hacer las cosas lo mejor posible y no siempre acertamos, pero no porque seamos de derechas o de izquierda sino porque somos humanos. Es tiempo de centramiento. Es tiempo de cambio. Es tiempo para mejorar. Es tiempo de colaborar, no de atacar. Es tiempo de crear algo nuevo. Es tiempo de reflexionar. Sí, de reflexionar, de utilizar y sacar lo mejor que tenemos dentro de cada uno. Es tiempo de buscar la paz y no la guerra. Es tiempo de crear un nuevo tiempo. Si así lo hacemos, si logramos ser mejores, si esta crisis nos hace cuestinarnos el camino que llevábamos y lo equivocados que estábamos todos, esta crisis habrá servido para algo positivo, para mejorar, para reconocer de que debemos hacer cambios profundos en nosotros mismos y en la sociedad. Si así lo hacemos, si aprovechamos esta peculiar e increíble oportunidad todo esto habrá servido de algo y hasta puede que haya servido de mucho. No desaprovechemos la oportunidad, porque eso significaría que no somos capaces de entender nada. Aprovechemosla y puede que cuando pase esta crisis todos seamos mejores personas y todos colaboremos, en estrecha unión, para crear un mundo nuevo, un mundo mejor.

    Juan Carlos Sahaja ✨💚💜❤💛💙✨

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