Mundo Yold. Hoy recordamos al maravilloso actor que fue Spencer Tracy
Spencer Tracy: Luces y sombras de un hombre normal

El 5 de abril se cumplen 120 años del nacimiento de uno de los grandes actores de todos los tiempos, el que mejor encarnó al ciudadano normal, bonachón, honesto y buena persona: Spencer Tracy. Con la ayuda de nuestro crítico de guardia, Ángel Domingo, recordamos sus memorables interpretaciones.
Spencer Bonaventure Tracy (Milwaukee, Estados Unidos, 5 de abril de 1900) fue un popular actor de ascendencia irlandesa, educado en el seno de una familia profundamente católica cuyo padre, vendedor de camiones, criaba con excesiva severidad a sus hijos y tenía el deseo de que fuesen sacerdotes; su madre, ama de casa tradicional, obedecía ciegamente a su marido.

Al inicio de su carrera como joven intérprete teatral
Realizó los primeros estudios en diferentes colegios, pero su mala conducta le llevó a ser expulsado en varias ocasiones, hasta que, por decisión de sus padres y como castigo, le matricularon en la Academia Marquette, un riguroso centro jesuita.
Al estallar la I Guerra Mundial sirvió en la Armada, y finalizada la sangrienta contienda, cuando no había cumplido los veinte años, se sintió atraído por el mundo de la interpretación mientras estudiaba en el Ripon College, centro desde el que inició una gira por varias ciudades del país.

Su aspecto bonachón, de hombre honesto, normal, le ayudó a interpretar caracteres profundos, muy reales
Su vocación le llevó a inscribirse como alumno en los cursos que se impartían en la Escuela de Arte Dramático de Nueva York, dando sus primeros pasos profesionales en Broadway, debutando en la obra R.U.R., en la que interpretó un extraño papel de robot.
Durante la época de los años veinte recorrió Estados Unidos, participando en una multitud de papeles menores en obras como The Man Who Come Back (Raoul Walsh, 1931), y colaborando en ciertas empresas teatrales, además de aparecer en algunos cortos de la Vitaphone. Esta experiencia le proporcionó un extraordinario bagaje para sus trabajos posteriores y un amplio conocimiento de los recursos que debe tener un actor. Años más tarde, y tras el éxito que le proporcionó la obra The Last Mile, llegaría a afirmar que lo más importante para un actor es “salir a escena y procurar no tropezar con los muebles”.
Lo más importante para un actor es “salir a escena y procurar no tropezar con los muebles”, dijo desmitificando su profesión.
El salto al cine tuvo lugar cuando el sonoro ya estaba implantado en la producción hollywoodiense. Su primera oportunidad se la dio John Ford en Río arriba (John Ford, 1930), película en la que obtuvo un éxito que le permitiría ver su nombre al lado de las grandes bellezas de la época. Trabajó con Joan Harlow en Conducta desordenada (John W. Considine Jr., 1932), y con Joan Bennett en Mi chica y yo (Raoul Walsh, 1932).

Con Ingrid Bergman en El extraño caso del Dr. Jekyll
En aquellos años de la década de los treinta inició la larga y fructífera carrera que habría de convertirle en uno de los actores más carismáticos de toda la historia del cine. Sin embargo, su adicción al alcohol, cuyo excesivo consumo a lo largo de toda su vida, influyó negativamente en sus relaciones con la Fox, productora que le ofreció todo tipo de papeles, además de prestarlo a la Warner para intervenir en varias películas, hasta que tuvo que rescindir el contrato por no poder soportar el asfixiante ritmo que le habían impuesto. Tracy logró, entonces, un buen acuerdo con la Metro Goldwyn Mayer, para la que continuó interpretando papeles de duro, al tiempo que, por su calidad y buen hacer, comenzó a recibir ofertas para participar en títulos emblemáticos que aumentaron su popularidad.
Su adicción al alcohol, cuyo excesivo consumo a lo largo de toda su vida, influyó negativamente en sus relaciones con la Fox.
Su colaboración con directores como Fritz Lang en Furia (1936) o Victor Fleming en El extraño caso del Dr. Jekyll (1941) son solo dos ejemplos de su capacidad de adaptación a todo tipo de papeles.

En Furia, de Fritz Lang
Durante los más de veinte años que pasó en la Metro compartió interpretación con actores, actrices y directores que le ayudaron a ser una de las estrellas más populares y memorables de la historia del cine.

La extraordinaria pareja cinematográfica y sentimental que formó con Hepburn
La vida amorosa de nuestro intérprete está salpicada de múltiples relaciones, casi todas extramatrimoniales. Desde 1923, estuvo casado con Louise Treadwell, con la que tuvo dos hijos: John y Louise. Entre sus amistades femeninas, la más intensa y duradera fue Katharine Hepburn que se ocupó de él y le ayudó a salir de muchas crisis alcohólicas para que volviese a los set de rodajes.
Katharine Hepburn protagonizó junto a Tracy numerosas películas, y le ayudó a salir de muchas crisis alcohólicas.

En el descanso de un rodaje
Otra curiosidad del famoso actor, no muy conocida por el público, es la fundación de la Clínica John Tracy para ayudar a las personas con deficiencias auditivas; colaboración motivada por la experiencia de tener un hijo sordo, John.

Cartel de la excelente película de mensaje antirracista
La última película en la que participó fue Adivina quién viene a cenar esta noche (Stanley Kramer, 1967), cinta que le llevó a ser nominado como mejor actor, convirtiéndose en uno de los tres actores aspirantes al Oscar a Mejor Actor a título póstumo.
Finalmente, este gran intérprete y mejor persona falleció el 10 de junio de 1967, a la edad de 67 años, de un ataque al corazón.

El Tracy animado, protagonista de Up
Como curiosidad, Pixar quiso “revivir” al actor en una de sus más geniales animaciones, la de la cinta Up, cuyo protagonista tiene un parecido con el actor más que casual.
Ángel Domingo Pérez


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