Mundo Yold. Añoramos la fantástica dicción de los actores de antes
¿Por qué el cine de barrio se entendía perfectamente?

Asistimos estos días, una vez más, a la polémica sobre el hecho de que en algunas películas y series españolas no se entiende bien a los actores. ¿Es por el sonido? ¿Es por el acento? ¿Es por la interpretación? Para buscar respuestas echamos la vista atrás, hacia nuestros actores de antaño, a los que tan bien entendíamos.
Tras el estreno de la gran producción española La Peste, producida por Movistar, hemos asistido a numerosos debates en las redes sociales, en los que cientos de espectadores se quejan de no entender suficientemente bien a los actores de la serie. En respuesta, otros argumentan que esto se debe a que la trama se desarrolla en Sevilla y que el acento andaluz, para quienes no están acostumbrados, puede dificultar la percepción de las palabras. Hay incluso quienes recomiendan que la serie se vea con subtítulos… Pero ¿realmente es esa la respuesta? ¿Por qué esta queja es cada vez más frecuente en nuestro cine y televisión? ¿Por qué parte del público se queja de no entender a algunos actores jóvenes, también cuando interpretan a personajes de otros lugares? ¿Por qué esta queja es relativamente moderna y no se daba antes, en las clásicas películas de “cine de barrio” de los años sesenta? Echamos la vista atrás, para ver, o mejor dicho, para escuchar a nuestros actores clásicos y encontrar respuestas.
El melodioso y perfectamente inteligible mundo del acento folklórico
No. Lola Flores no fue la mejor actriz de la tierra, ni ganó un premio Oscar, ni un Globo de Oro, ni un Goya… Pero cuando recitaba a Rafael de León, no solo se la entendía de maravilla, sino que te hacía crujir el alma. Y eso con su maravilloso y característico ceceo gaditano, que no sólo restaba, sino que componía la identidad del personaje de gitana andaluza que interpretó en la película ¡Ay pena, penita, pena!, rodada en México en el año 1953 para un público hispano, que evidentemente debía entender bien a los actores. El papel de andaluza se caracterizaba por su habla, por su vestimenta y adornos, clásicos de aquellos musicales folclóricos, que precisamente ayudaron a que la imagen de España se asociase con el folclore del sur. Sin embargo, en ningún momento a la gran Lola se la dejaba de entender, porque su pronunciación sureña está totalmente integrada con una dicción marcada y comprensible.
Otro ejemplo de folclóricas: en el film El balcón de la luna hubo trío de ases: Carmen Sevilla, Lola Flores y Paquita Rico, las tres folclóricas más famosas de la España patria coincidieron en esta película de Luis Saslavsky. A continuación, podemos ver un reportaje del programa televisivo Cine de Barrio con imágenes de la película y comentarios posteriores de las tres actrices. Es interesante verificar como Paquita y Lola hablan con cierto acento andaluz en el film, mientras que Carmen no lo utiliza. Sin embargo, en el reportaje, las tres se expresan con su acento natural. Pues bien: a las tres se las entiende perfectamente, tanto en la película, como en el reportaje.
Otro ejemplo: película Un caballero español. En ella la guapísima María del Carmen García Galisteo (Carmen Sevilla) interpreta a una ciega andaluza, haciendo alarde de un precioso y musical acento sevillano, con el cual habla de sus “hermaniyos” al galán Jorge Mistral. Gloria bendita parece, en una película tan de la época, escuchar a Carmen hablar con su lindo acento… y entenderla tan requetebién (hay que esperar al minuto 2).
Y no. Manolo Escobar tampoco fue el mejor actor de la tierra. Pero vocalizaba como dios; y eso, sin perder tampoco su deje particular de Almería, ya que nació en El Ejido. Aquí le vemos con Andrés Pajares en Me has hecho perder el juicio, una “joya” del más casposo cine setentero.
A la hora de escoger entre acento y dicción, en algunos flagrantes casos, también se optó (injustamente) por lo primero. Por ejemplo, en Curro Jiménez, donde el excepcional actor que era Sancho Gracia prescindió totalmente del toque sureño que, sin duda, hubiera requerido el famoso bandolero andaluz.
Delirio pleno es también escuchar la voz y la forma de declamar del inolvidable, maravilloso, prodigioso actor José Luis López Vázquez, que si hubiera nacido en Hollywood sería una gloria universal. Especialmente, cuando le hace la pelota a la grandísima vedette Katia Durán, dobladísima ésta última por la gran Matilde Conesa, que puso la voz, tanto a actrices nacionales como internacionales, porque en aquella época si no se te escuchaba cien por cien bien, para bien o para mal, te doblaban.
El alcalde de Villar del Río y otros personajes inolvidables
Nos vamos a Villar del Río, pueblo hipotético, pero completamente realista, donde se desarrollaba la trama de la fantástica Bienvenido, Míster Marshall. En ella, Luis García Berlanga, en 1953, contó para el personaje principal con un José Isbert en estado de gracia que interpretaba al alcalde más entrañable de la historia de cine, ya entrado en años, con un cerrado acento rústico y la voz tremendamente cascada. Factores que podrían haber sido un gran impedimento para que sus diálogos se entendieran bien, lo cual no sucedió.
Hoy su personaje es tan fantástico como inteligible sonoramente. Sin olvidar a los maravillosos Manolo Morán y Lolita Sevilla, que igualmente hizo de andaluza cerrada, sin que por ello dejáramos de saber lo que decía.
Pero si hay un personaje con el que ejemplificar lo que significa una buena actuación, plenamente realista, con un personaje rústico y desgarrador, sin perder estos rasgos, pero sin que se quede por el camino la comprensión sonora, es el de Azarías, el protagonista de Los Santos Inocentes: una interpretación histórica del grandioso Paco Rabal, con la que obtuvo innumerables premios y galardones, y que no hemos olvidado jamás: su “Milana Bonita” literalmente nos rompió el corazón. Con recuerdo extra para el fantástico reparto que le acompañaba, empezando por Alfredo Landa y Terele Pávez.
Conclusiones: ¿hora de volver a las clases de declamación?
Los grandes actores de nuestro cine y televisión siempre han interpretado a gente de todas partes, con acentos y rasgos múltiples. La única diferencia es que, antaño, se cuidaba la dicción, se trabajaba con declamación. Los directores y los intérpretes consideraban como prioritario que el público les entendiera, y tal vez es por ahí por donde las cosas han cambiado, porque ahora parece que este aspecto es menos relevante.
Por ello, tal vez hace falta una reflexión por parte de directores y actores para valorar si es mejor optar por interpretaciones hiperrealistas, con acentos tal cual y dicciones inexistentes, aunque ello dificulte la comprensión del gran público, o si por el contrario es mejor volver a estas actuaciones, un poco más impostadas, pero con una dicción elaborada y bien cuidada. La que definía a nuestros grandes del cine español.
Esperando que este debate se produzca, recordamos que los profesores de dicción y declamación empezaron a formar parte de Hollywood cuando las películas dejaron de ser mudas y que los actores que no superaron la “barrera del sonido” fueron borrados de la historia de Hollywood.
Tampoco podemos olvidar que la mayor parte de nuestros actores españoles hasta los años 70 se formaron en teatro, donde ni la dicción ni la declamación se podían ignorar, a no ser que te cayeran auténticos tomates. Pero no es que actuasen en teatros de lujo: la mayor parte de ellos recorrieron el territorio nacional haciendo obras en tugurios de mala muerte de la posguerra, como bien puede verse en El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez, actuando para gente del pueblo, a los que no se podía ningunear con interpretaciones poco inteligibles. Así, los grandes de nuestro cine, los fantásticos secundarios de la época, e incluso las folclóricas de la posguerra aprendieron a vocalizar, sin perder sus acentos. Lo mismo hay que recuperar este concepto en nuestros modernos cine y televisión de ahora… Es sólo una idea.
Reportaje: Inés Almendros


El problema es que se ha encumbrado a actores como Marlon Brando que no habla sino que farfullaba sus diálogos y todos los actores quieren ser como Brando.
Yo empecé a ver El Hoyo y la dejé porque había cosas que no las entendía
Yo creo que, aparte de que la mayoria de los actores no han pasado por una buena formación es, que, las peliculas se graban en directo, con los microfonos a dos palmos de los actores, con lo cual no pueden hablar normalmente sino que tienen que hablar bajito, o sea, que, entre que su dicción es deficitaria y hablan con susurros, mejor que los directores sean mas consecuentes con este problema. Mientras susbsista esta falta de profesionalidad, yo, seguire sin ir a ver cine español y en TV, cambiare de canal.
Doy toda la razón a la Sra. Almendros, yo creo que es falta de profesionalidad de los actores, directores y jefes de sonido. Yo creo que, si algún actor no se le entiende porque como dice Teresa, los micros están a dos palmos de la cara del actor, creo que una solución seria que se doblaran asi mismos, pero tal como dice Teresa, seguiré sin ir al cine a ver una pelicula nacional y eso que hay algunas de ellas que me apetecería verla.
Yo no he dejado de ver Cinco Lobitos por qué no hay manera de saber que dicen , y en una película de acción puede no ser tan importante , pero en esta creo que es fundamental.
Una pena que los actores no vocalicen mejor.
No son tanto los susurros como el absurdo acento que le dan a todo,como por ejemplo decir:”¿PorquedicesÉso?”
Asi todo junto y con cierta musiquilla vocal.
Las películas antiguas se entendían perfectamente porque los actores hablaban como los españoles normales de la calle,pero en el cine actual hablan de un modo que nadie habla,en ninguna provincia.