Yold Bien&Star. Psicología: asumir nuestros fracasos

Benditos errores que abonan nuestra vida

Inés Almendros
5 marzo, 2017

A lo largo de nuestra vida nos equivocamos; no una, sino muchas veces. Y cometemos grandes fallos. Errores, malas decisiones, que nos hicieron sufrir, llorar, aprender y madurar; que forman parte de nosotros mismos. Y si tuviéramos que repetir muchas de las antiguas malas decisiones, seguro que volveríamos a escoger mal. Y aunque los años nos ayudan a decidir mejor, tampoco nos vacunan para dejar de equivocarnos, porque errare humanum est.

-“Hacíamos buena pareja: nos reíamos , nos entendíamos… Pero se fue a hacer la mili y me acosté con su mejor amigo. Cuando se enteró, me abandonó…” (Luisa M.)

-“Encontré la idea perfecta para poner una empresa, pero se me ocurrió hacer una sociedad al 50% con un amigo e iniciar el negocio juntos. Ahora yo estoy sin un duro y él se ha quedado con la sociedad”.

-“Mi madre me insistió en que estudiara informática, pero me decidí por filosofía. Llevo veinte años trabajando como cajera” (Pilar P.)

¿Os acordáis de aquel concurso que marcó nuestra infancia, el “Un, dos, tres, responda otra vez“? Durante la segunda parte del programa, los concursantes, guiados por el presentador de turno, debían de decantarse por una, de entre varias opciones que se les presentaba. Escoger una y dejar otras. Y así una y otra vez, a lo largo de un emocionante recorrido pletórico de posibilidades. Las elecciones buenas podían llevarles a ganar el tan ansiado coche, aunque el no-va-más de entonces era un apartamento en la playa. Pero una mala elección podía hacer que lo perdieran todo, que se quedaran con la calabaza Ruperta o con algún premio rematadamente estúpido. La suerte, la intuición de los concursantes, la intervención de otros actores en el programa, dirigían a unos concursantes a acertar y a otros a equivocarse. Como la vida misma. Y es que así, como el “Un, dos, tres“, es también nuestra existencia: un largo camino de opciones y decisiones que nos llevan a abrir una puerta y seguir ese camino, dejando atrás otras opciones.

Colors of Fate series. Creative arrangement of human profiles and colorful shapes as a concept metaphor on subject of inner world, sacred reality, emotion, human destiny

“El hombre se precipita en el error con más rapidez que los ríos corren hacia el mar”.

Voltaire (1694-1778) 

Somos lo que acertamos y lo que fallamos

A estas alturas, todos los que ya somos yold llevamos un buen recorrido de puertas abiertas y otras cerradas; caminos emprendidos y otros abandonados. Experiencias que fueron positivas y fructíferas, con las que acertamos plenamente, y otras en las que nos caímos con todo el equipo.

 “Supongo que solo aquéllos que no hacen nada están libres de cometer errores”.

Joseph Conrad (1857-1924) 

De todo ha habido, afortunadamente, en la mayoría de nuestras vidas: decisiones que parecían tremendamente simples, pero que luego fueron trascendentales, como esa fiesta a la que nos acercamos casi por casualidad, y en la que conocimos al padre de nuestros hijos. Decisiones tremendamente importantes, como cuando decidimos divorciarnos de él. Pero decisiones, al fin y al cabo, que jalonaron nuestro destino, esculpieron nuestra realidad, cincelaron nuestro carácter y conformaron nuestro mundo y nuestra entidad. A las que le debemos lo bueno, lo malo y, en fin, lo que somos.

Un hombre nunca debe avergonzarse por reconocer que se equivocó, que es tanto como decir que hoy es más sabio de lo que fue ayer“.

Alexander Pope (1688-1744)

Nuestras vidas están marcadas por nuestros éxitos y aciertos, pero también, por esos grandes o pequeños errores que guiaron los acontecimientos hacia una determinada dirección. Porque, buenas o malas, las decisiones que tomamos en su día condujeron nuestro destino hacia un lado o hacia otro. Somos, en mayor o menor medida, lo que acertamos en unas decisiones y fallamos con las malas. Un compendio de aciertos y errores consolidados en seres humanos tan pequeños, pero tan grandes al mismo tiempo.

“Si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará fuera”.

Rabindranath Tagore (1861-1941)

business woman in front of two roads thinking deciding hoping for best taking chance

Errar para crecer 

“Cada uno de mis éxitos oculta miles de fracasos”, decía hace poco el archiconocido empresario hotelero Kike Sarasola en una entrevista al diario El País. Su manifestación ilustra algo que todos sabemos: incluso las personas más inteligentes y triunfadoras, quienes son ejemplo de éxito, se han equivocado no una vez, sino muchas veces. Es más: aquellos que arriesgan, quienes juegan con la vida, los que tienen ambiciones, tienden a equivocarse más o de forma más estrepitosa. Pero los aciertos, en estos casos, también pueden ser mayores. 

“El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”.

Goethe (1749-1832)

En cualquier caso, los humanos con auténticas inteligencia aprenden, con los años, a saber amortizar la experiencia que ofrecen los fracasos. Y es que hoy, ayer y siempre, los errores tienen, sobre todo, el poder y la capacidad de enseñarnos. De ayudarnos a comparar y a reflexionar.

“Son más instructivos los errores de los grandes intelectos que las verdades de los mediocres”.

Arturo Graf (1848-1913)

Concept: A high stakes poker player is frustrated and emotional over loosing and finding it hard to contain his emotions. Cinematic portrait.

Y es que no hay nada como los fallos y errores propios para recapacitar, aprender, y volver a examinarnos desde abajo, con los ojos de la humildad. Los aciertos, los éxitos, nos hacen sentirnos grandes, nos ayudan a encontrarnos bien. Pero los errores nos devuelven a la realidad de la tierra, del fracaso, de la vida misma; y nos inducen a reflexionar, a analizar los cómos y los porqués. Nada como un buen error para encontrarnos frente a frente con nosotros mismos, y estudiar lo que debemos enmendar, dónde estuvo el punto en que nos equivocamos, porqué las cosas no salieron como debieran. Con humildad e inteligencia, el error humano se convierte en la mejor arma para aprender y evolucionar. Aprender de los errores, sacar partido de las equivocaciones y evitar repetirlos es el fruto de una bien trabajada inteligencia emocional.

“Común es cometer errores. Pero cuando se ha errado, no falta voluntad, ni brío; tratar de corregir el error y no obstinarse en él. La obstinación es el otro nombre de la estupidez”.

 Sófocles (495 a.d.C-406 a.d.C)

Aunque, sin duda hay errores y errores. Todos arrastramos malas decisiones que han influido directamente en nuestra vida, pero que nos han permitido seguir adelante. Sin embargo, hay fallos verdaderamente catastróficos, ese tipo de decisiones dramáticas que a veces vemos en las noticias: el error de un conductor que acabó con la vida de su hijo en un accidente. El fallo de un médico que ocasionó la muerte de un paciente. El mal consejo de un amigo bienintencionado que recomendó a otro invertir en una empresa ruinosa. Son errores que arrastran dramas, que cuestan vidas, que arruinan la paz de quienes los cometen. Solo con el tiempo, un arduo trabajo psicológico y una gran lucha interna, sus responsables pueden llegar a sobrevivir a estos dramas. Pero incluso en estos casos, debemos comprender que solo somos humanos con enormes, grandes fallos.

blurry background image of people walking on busy street

¿Ayuda la experiencia a errar cada vez menos veces? Sin duda, sí. Los que ya tenemos unas décadas cumplidas sabemos que la experiencia es un grado y el conocimiento de los años nos ayuda a apuntalar mejor las decisiones actuales. Pero la experiencia no es una vacuna contra el error, y nunca estaremos al 100% protegidos de la posibilidad de equivocarnos. Seguiremos errando, aunque, con los años, podemos aprender a hacerlo menos, a aceptarlo mejor y a aprender más de nuestros fallos.

“Si no te equivocas de vez en cuando, es que no lo intentas”.

Woody Allen (1935-?) 

El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, dice uno de los más clásicos de los refranes del mundo. Una piedra que forma parte inevitable de nuestro camino humano. Saber caminar con ellos es saber vivir.

“Errare humanum est”

(Anónimo)

 

Inés Almendros

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