Mundo Yold. Hoy reflexionamos sobre la necesidad de conocer nuestros errores y aciertos para crecer por dentro y madurar

R E C O N O C E R, esa bella palabra que significa lo mismo del derecho que del revés

 

 

Inés Almendros
24 septiembre, 2021

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Hay vocablos cuya presencia destaca en el fondo blanco de la pantalla o del papel. Uno de ellos, sin duda, es el término “RECONOCER”, palabra capicúa que se lee igual del derecho que del revés. Una bonita expresión que, además, nos recuerda la importancia de reflexionar, aprender, admitir y disculpar, para poder crecer y madurar.

El término reconocer procede del latín; el prefijo “re” significa “repetir”, y el verbo “cognoscere” alude al conocimiento. Según la Real Academia de la Lengua Española, reconocer significa “examinar algo o a alguien para conocer su identidad”; o también “establecer la identidad de algo o de alguien”. Por ello, reconocer evoca al importante y necesario acto de reflexionar repetida e intensamente, sobre nosotros mismos, sobre los demás, sobre el mundo que nos rodea, sobre las acciones propias y ajenas. Un ejercicio tan necesario en nuestro desarrollo emocional como a veces difícil, porque, precisamente -y siendo reiterativos- tenemos que reconocer que, muchas veces, nos cuesta reconocer las cosas.

Reconocer: el camino para la madurez
Aunque lo intentamos desde la R del principio, hasta la R del final, y también al revés, lo cierto es que el acto de reconocer las cosas no es siempre fácil. Sin embargo, aprender a reconocer será uno de los motores que nos guiará hacia nuestra madurez, uno de los procesos básicos y más trascendentales en nuestro desarrollo personal. De hecho, los que somos yold ya sabemos que ha sido precisamente con la madurez, cuando nos hemos empezado a conocer a nosotros mismos, porque habitualmente tardamos décadas en identificar nuestras virtudes y debilidades, y en saber gestionarlas.

Aprender a reconocer será uno de los motores que nos guiará hacia nuestra madurez, uno de los procesos básicos y más trascendentales en nuestro desarrollo personal.

Por el camino de la juventud solemos despistarnos con numerosas trampas psicológicas y emocionales: los miedos, el autoengaño, la autocomplacencia, la comodidad… Es normal dar muchas vueltas y perder un tiempo valiosísimo para redirigir mejor nuestro futuro. La autorreflexión y la aceptación son imprescindibles para evolucionar, sobre todo en situaciones críticas. Por ello, es importante aprender a buscar ayuda fuera de nosotros, y contar con los profesionales adecuados (terapeutas, psicólogos, etc.), que pueden alumbrarnos en el proceso, y que serán una guía imprescindible, sobre todo en los momentos de conflictos y crisis.

Muchas veces los humanos somos los últimos en reconocer lo que realmente nos pasa. Como dice la famosa frase “el bosque se ve más fácilmente desde fuera que desde dentro”. A veces -mientras los demás ven claramente lo que nos lastra- a nosotros nos cuesta percibirlo nítidamente. Todos conocemos ejemplos cotidianos: nos pasó, por ejemplo, hace ya tiempo, cuando nuestras amigas nos avisaron de que nuestra entonces pareja no era buena, que no nos respetaba, que no nos valoraba. Nos costó mucho trabajo aceptar que era así. Hay muchas situaciones en las que no reconocer las cosas nos hace perder energía, felicidad, un tiempo precioso.

Identificar y asumir los errores es uno de los pasos más difíciles de llevar a cabo.

Reconocer los errores
Reflexionar sobre nuestros actos y vida en general, e identificar y asumir los errores es uno de los pasos más difíciles de llevar a cabo. Pero también es uno de los gestos más valerosos y empoderadores, porque hacerlo significa que hemos realizado una lucha interna, normalmente dura, en la que nos hemos enfrentado a muchos miedos, para atravesar la puerta que nos llevará hasta un nuevo futuro, abandonando nuestra zona de confort.

Y si reconocer los errores internamente es difícil pero importante, también lo es reconocerlos de cara a los demás: cuando no nos hemos comportado adecuadamente, cuando estuvimos equivocados, cuando fallamos. Porque frecuentemente el orgullo, las ideas fijas e inflexibles, nos llevan a ser testarudos y a empecinarnos en el equívoco. Sin embargo, saber reconocer, y pedir perdón -sea en nuestra vida personal, en nuestras relaciones, en el trabajo- es una acción poderosa, que refleja humildad, nobleza, y honestidad. Y que, como resultado, mejorará, y mucho, la percepción y la credibilidad que los demás tienen sobre nosotros.

Nuestros temores y complejos nos opacan la capacidad de reconocer lo positivo.

Reconocer lo bueno nuestro y lo bueno de los otros
Pero hay otro aspecto que nos cuesta reconocer, y es justamente el contrario al de nuestros errores: tenemos que aprender, igualmente a reconocer nuestras virtudes y aciertos, reconocer lo bueno que tenemos, saber ver lo mejor de nosotros mismos, aprender a detectar nuestras cualidades y disfrutar de nuestra belleza externa e interna. Porque a veces, nuestros temores y complejos nos opacan la capacidad de reconocer lo positivo; de hecho, hay personas que se tiran toda la vida mirándose al espejo sin ser capaces de disfrutar de su propia e inigualable imagen, de su mirada bonita, de su cuerpo sano. Aprender a reconocer nuestra belleza exterior e interior, y amar y celebrar nuestra identidad es tan importante o más que reconocer los errores. Porque debemos amarnos a nosotros mismos; porque el amor propio es imprescindible para sentirse bien.

Saber reconocer antes de perder
Finalmente, otro reconocimiento vital e imprescindible es el que le debemos a las personas fundamentales de nuestra vida. Saber hacerlo cuando aún podemos es uno de los mayores aciertos de una vida, porque a veces -a todos nos ha pasado en alguna ocasión- perdemos a alguien a quien no supimos valorar adecuadamente en su momento. Puede que fuera el abuelo, puede que nuestra madre o, tal vez, aquel amor que nos dejó porque no le supimos querer. Se trata de saber reconocer, y querer a tiempo, antes de perder a quien amamos.

Esto también puede pasar en el trabajo cuando, por ejemplo, un jefe no valora adecuadamente la potencialidad y el valor de un buen empleado, que acaba marchando a dónde sí lo hacen. Y es que saber reconocer es, sin duda, una característica imprescindible en un buen líder.

Reconocer -de erre a erre, del derecho y del revés- los errores y los aciertos, lo bueno y lo malo, lo que nos ayuda y lo que nos perjudica, es un trabajo necesario para una vida emocional madura. En el camino para reconocer, necesitamos valor y determinación, fuerza, disciplina y humildad, mucha humildad. Pero el resultado vale la pena. La mayoría de los yold ya lo sabemos.

 

 

 

 

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