Mundo Yold. De la mano de Ángel Domingo, visitamos la última película de Clint Eastwood

Richard Jewell, el vigilante más valiente de Atlanta’96

 

 

Angel Domingo
23 diciembre, 2019

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Hoy, nuestro crítico de cabecera, Ángel Domingo, se ocupa de Richard Jewell, último estreno firmado por el gran Clint Eastwood, y nos anima a ir a verla porque es un film que “más que dar respuestas, plantea preguntas”.

Clint Eastwood, actor, escritor, director y productor norteamericano suele estar interesado en realizar películas protagonizadas por gente peculiar o, tal vez, poco recomendable.

Para muestra, el personaje de uno de sus mayores éxitos, Sin perdón (Clint Eastwood, 1992) es William Munny,  pistolero retirado, viudo y padre de familia que se juega la vida para defender el honor de dos viejas prostitutas maltratadas por una panda de impresentables que pensaron que nadie se preocuparía por ellas; sin embargo, William Munny aceptó, por una cantidad insignificante de dinero, dar una lección a los dos hombres que cortaron la cara a una de las dos viejas prostitutas. Para esta misión, Sr. Eastwood, están las fuerzas de orden público.

Algo parecido le sucede al veterano de la guerra de Corea, Walt Kowalski, que ve como unos jóvenes asiáticos tienen demasiada curiosidad en acercarse a su tesoro más preciado: un coche Gran Torino de 1972. Este jubilado cree ser un sheriff frente a inmigrantes indeseables y delincuentes.

A Richard Jewell, protagonista de su último trabajo, no le concede ningún salvoconducto y lo retrata como un desastre en toda regla.

Incluso, la que parecía que iba a ser su última película: Mula, retrata a un octogenario en quiebra al que ofrecen un trabajo relativamente sencillo: conducir. Lo que ignora, según nos quiere hacer creer el director, es que, escondido en el maletero, hay una importante cantidad de droga de un peligroso cártel mexicano. Acepto el cariño con que, Clint, retrata al anciano; divorciado y con nietas; hasta el punto de hacernos olvidar en, el filme, que se trata de un narcotraficante en toda regla.

Sin embargo, a Richard Jewell, protagonista de su último trabajo, no le concede ningún salvoconducto y lo retrata como un desastre en toda regla; a su desaseado aspecto une una dedicación casi absoluta por ejercer su tarea; además le presenta dotado de gran incontinencia verbal. Richard me recuerda a Travis Bickle, el taxista nocturno de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1996), que sufre insomnio crónico desde su regreso de Vietnam y se propone poner fin, al precio que sea, a la violencia e impunidad que domina su querida Nueva York.

Con estas premisas, Jewell, voluminoso guarda de seguridad de los Juegos Olímpicos de Atlanta´96, descubre una mochila abandonada y tiene la intuición de que ese objeto no es un inofensivo artículo perdido; así que por intervención propia trata de desalojar a todas las personas que estaban disfrutando de la fiesta del concierto el día de la inauguración del evento, evitando un número mayor de víctimas, al evacuar el área antes que detonara el explosivo. En principio se le presentó como un héroe, pero enseguida pasó a ser considerado el sospechoso número uno.

En la película se cuenta cómo Jewell primero parece un héroe, pero enseguida pasa a ser considerado el sospechoso número uno.

Solamente la intervención de un brillante abogado, casi desconocido en el ámbito jurídico, interpretado por el elegante actor Jon Hamm, acudirá en su ayuda y le supondrá un rayo de esperanza para compensar la sospecha del FBI y la agresividad de la prensa.

Olivia Wilde interpreta el papel más desagradable de la película al concentrar todos los prejuicios que impone la sociedad a las mujeres atractivas de la prensa; sin embargo, no podemos culpar demasiado a Clint por incluir en su película a una llamativa reportera que concentre todos estos prejuicios debido a que, nos guste o no, en nuestra sociedad existe la sospecha de que en la televisión, radio y prensa lo importante es la audiencia y para ello, los productores, según piensan muchos, imponen a bustos parlantes y, si son bellas y jóvenes mejor, antes que a profesionales hombres y mujeres brillantes. Yo, como periodista, estoy orgulloso de pertenecer a un gremio constituido por comunicadores responsables y honrados, lo que no quita que siempre haya alguna excepción como lo que cuenta esta película.

Valoro la confianza que la productora y distribuidora Warner Bros deposita en el casi nonagenario cineasta, que parece tener lucidez y creatividad para largo tiempo. Animo a los admiradores de Clint Eastwood y, al público en general, a acudir al cine. Esta película, más que dar respuestas, les planteará muchas preguntas.

Ángel Domingo Pérez  

 

 

 

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