Bienestar Yold. Crónica de un ayuno terapéutico: una opción cada vez más valorada para curas de obesidad y salud
Ocho días sin comer para resetear el organismo

En Francia existen docenas de centros de ayuno; en Alemania la ayunoterapia está cubierta por la Seguridad Social. En España apenas si empieza a valorarse el ayuno como una forma natural, sana y perfectamente viable para perder peso, desintoxicar el organismo y ganar en salud. Hemos mandado a una de nuestras redactoras a un programa de ayuno de ocho días. Esta es su crónica, día a día, con el resultado final.
Hemos tenido que llegar al siglo XXI para que haya comida de sobra, al menos en una parte del planeta. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2014 más de 1.900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, unos 600 millones eran obesos. En cifras globales, ya hay más enfermos por sobrepeso que por falta de alimentación. Como consecuencia también han aumentado, y mucho, los casos de enfermedades asociadas directamente con la obesidad, como las dolencias coronarias, y otras como el cáncer, que muchos expertos relacionan indirectamente con una nutrición inadecuada. En resumidas cuentas: comer demasiado y mal se ha convertido en un grave problema global.
Enfocando el tema en nuestra vida personal, muchos de nosotros nos encontramos en una lucha permanente para mantener los kilos a salvo, máxime en estas semanas en que empieza la temida “operación bikini”. Con el solecito de la primavera arranca la carrera para hacer desaparecer esos michelines que hemos ido acumulando al amor de comilonas y cervecitas. Pero, los que ya llevamos mucho tiempo en este plan sabemos que, en el fondo lo que necesitamos no es quitarnos los kilos puntuales sino cambiar: cambiar de hábitos, cambiar de estilo a la hora de comer, cambiar de mentalidad. 
Las mañanas las dedicamos a realizar senderismo por la zona
Buscando el arma invencible que nos ayude definitivamente en nuestra lucha con kilos, nos hemos topado con la posibilidad de realizar un ayuno terapéutico, es decir: dejar de comer durante un periodo de tiempo, bajo una necesaria y adecuada supervisión. Algo que, a primera vista, parece una auténtica y extrema barbaridad pero que, según vamos viendo, hace cada vez más gente y con excelentes resultados.

El riquísimo caldo de por las noches
Una terapia de toda la vida, con múltiples aplicaciones
Desde siempre el hombre ha introducido el ayuno en sus rituales, ceremonias y procesos curativos. Pero es ahora, con la problemática de la sobrealimentación, cuando se está rescatando cada vez más el ayuno terapéutico y temporal como una terapia de apoyo natural contra la obesidad, eficaz y apta para casi todo el mundo. No obstante, la ayunoterapia también se aplica para otros muchos fines: desde la limpieza del organismo a través de la liberación de toxinas, hasta apoyo en el tratamiento de enfermedades como hipertensión, diabetes, dolencias cardiovasculares, etc. Algunos de los especialistas que trabajan con el ayuno sostienen sus efectos positivos en la prevención de tumores cancerígenos. También se utiliza cada vez más en la preparación de deportistas de alto nivel, para controlar su rendimiento energético o afinar procesos de mentalización y concentración. Por todo ello, la ayunoterapia cada vez es más popular en países como Francia o Alemania. De hecho, en Francia existe una Federación de Ayuno y Senderismo, con más de 70 centros que reúnen cada año a miles de personas venidas de todo el mundo.
“La ayunoterapia también se aplica para otros muchos fines: desde la limpieza del organismo a través de la liberación de toxinas, hasta apoyo en el tratamiento de enfermedades como hipertensión, diabetes, dolencias cardiovasculares”.
En España, desde hace décadas, es famosa la clínica Buchinger de Marbella, cuya terapia se basa en los estudios del médico y pionero del ayuno terapéutico, el doctor Otto Buchinger. Seguro que muchos de nosotros recordamos a Carmen Sevilla cuando, entre cuponazo y cuponazo, nos colocaba lo bien que le venía pasar unos días en la “Buchinjer” para quitarse unos kilitos. Otro de sus promotores fue durante años el escritor Mario Vargas Llosa, que hizo alarde de sus saludables estancias anuales de ayuno en Marbella (hasta que por su camino volvió a cruzarse el amor). La fama de las clínicas Buchinger (la casa central se encuentra en Überlingen, Alemania) es tal que cada año reciben cientos de clientes procedentes de todo el mundo, que realizan distintos tipos de ayuno en sus exclusivas instalaciones. Sin embargo, hasta ahora era difícil encontrar en España otros centros que ofrecieran la posibilidad de realizar un programa controlado dirigido a una variedad de público mayor, y para clientes con menos poder adquisitivo, puesto que la Buchinger únicamente ofrece programas de alta exclusividad, tanto en nivel y prestaciones, como, obviamente, en presupuesto.
“También se utiliza cada vez más en la preparación de deportistas de alto nivel”.
El hecho de que la terapia de ayuno comience a ser más frecuente y conocida en España hace que, poco a poco, comiencen a abrirse nuevos centros y opciones en nuestro país. En Gente Yold hemos encontrado la alternativa en el centro Mi ayuno, que ofrece diferentes programas de ayunoterapia combinados con senderismo y otras actividades, bajo el asesoramiento de un equipo formado por expertos en ayuno, nutricionistas, coach y entrenadores, en distintas localizaciones naturales.

El grupo, en el Parque del Garraf, donde realizamos el ayuno
Concretamente, nuestra experiencia se ha desarrollado en una casa rural medieval, en el entorno del Parque Natural de El Garraf, en Barcelona. Allí nos hemos reunido 15 personas desconocidas, para realizar ocho días de ayuno y senderismo en la naturaleza. Quince perfiles bastante distintos entre sí, con objetivos diferentes: evidentemente, todos queremos perder peso, pero a partir de ahí, algunos desean también reconducir sus hábitos alimentarios para que sean más sanos. Otros ya han realizado ayunos previamente y repiten porque consideran que ha sido una terapia beneficiosa para ellos. Uno de los participantes es deportista y acude para afinar pautas en su rendimiento. Y para alguna de las compañeras este viaje supone, simple y llanamente, un antes y un después; un cambio importante en su vida.
“El ayuno consiste en tomar un zumo de frutas naturales con vegetales por la mañana, un caldo por la noche y todo el agua e infusiones que deseemos a lo largo del día. Nada más”.
El ayuno va a consistir, durante siete días completos, en tomar un zumo de frutas naturales con vegetales por la mañana, un caldo por la noche y todo el agua e infusiones que deseemos a lo largo del día. Nada más. Esta es la crónica de los ocho días jornada a jornada:
Lunes- Día 1. El equipo de Mi Ayuno nos advierte de cuáles van a ser los primeros síntomas que vamos a vivir en las siguientes horas: seguramente algo de bajón, tanto físico, como mental. Es muy habitual, cierto dolor de cabeza suave, debido a que el cerebro -que funciona con la glucosa recién asimilada- tendrá que tirar de las reservas. Es posible que tengamos alguna dificultad para dormir. También en casos muy raros, pueden surgir deseos de vomitar. Lo cierto es que, a media tarde, entre la llegada, las presentaciones y las charlas, con muchos tés por medio, apenas si ha habido tiempo para pensar en la comida. La entrada del caldo de la noche se celebra con ganas, realmente está rico. Y de forma casi milagrosa, el cuerpo no pide más comida. ¡Parece que empezamos a cambiar el chip!

Entre otras cosas aprendimos a hacer postres sanos y naturales
Martes- Día 2. Tras una breve iniciación a la meditación, tomamos nuestro primer alimento del día: un zumo de manzana, zanahoria, limón, apio, etc. que sabe riquísimo. El cuerpo, por lo bajinis, pide un poco de café, pero no protesta mucho más. Comenzamos las actividades de senderismo: una caminata de unos 7 kilómetros en torno a Sitges para contemplar un mar azul en un ambiente agradable, animado por los coach del equipo. De vuelta podemos relajarnos en nuestro cuarto hasta la charla sobre nutrición de la tarde. El hambre, inexplicablemente, sigue sin aparecer, ni remotamente siquiera, aunque sí que se presenta uno de los síntomas esperados: un leve dolor de cabeza, más bien una especie de presión en nuca y laterales. Nada intenso, pero que ayuda a desear el descanso nocturno, del que disfruto sin problemas.
Miércoles- Día 3. Asomo los ojos desde la cama y me siento algo poco cansada; pero cuando recuerdo que llevo dos días sin comer, de repente, me siento llena de energía: ¡está claro que tengo reservas para aguantar! Esa es la parte mala, porque la buena empieza desde que me pongo el pantalón de senderismo y compruebo que la cremallera que hace dos días apretaba, comienza a estar suelta. Y también que la tensión me ha bajado desde los 140 mmHg del primer día (alta) a 113 (perfecta). El zumo de frutas y verduras sabe genial, aunque se queda un poco corto. Comenzamos el día con otra caminata, cada vez en un mejor ambiente. Tras un rato de piscina y descanso, otra charla de nutrición y el caldito de la noche, que cada día sabe mejor. Conclusión: un día bastante bueno a pesar de no comer, y en el que, increíblemente, sigue sin hacer su aparición ese fantasma temido, que tanta influencia tiene en nuestras vidas: el hambre.
Jueves- Día 4. Tal y como habían augurado los monitores del programa, este día parece un renacer: ni cansancio, ni dolor de cabeza al despertar… Me he levantado con toda normalidad y con gran energía y ganas de caminar. Para algunos de mis compañeros, sin embargo, parecen que este es el día de mayor bajón, aunque el zumo de la mañana ayuda a reponer. Salimos a andar, esta vez casi 12 kilómetros de nuevo por el privilegiado paraje de El Garraf, que nos ofrece estampas que nada tienen que envidiar a la Toscana (parte de nuestro grupo realiza otra marcha más corta y de menor intensidad). A la vuelta, descanso y siesta. En la tarde tenemos una clase de manejo de las energías, en las que nos cogemos de las manos, bailamos, reímos… Aunque no es el tipo de actividad que (personalmente) he venido a buscar, contribuye a crear un ambiente de expansión en esta experiencia. En la noche, nuevamente caldo, y un excelente documental que no conocía, y que recomiendo a todo el mundo: “Gordo, enfermo y casi muerto”, de Joe Cross. Una excelente aportación para cambiar el chip en lo que a comer se refiere.

Actividades como el yoga ayudaron a llevar mucho mejor el ayuno
Viernes- Día 5. Realmente parece casi un milagro que después de cuatro días sin comer no tenga apetito, pero asÍ es. En general, esta es la sensación de caso todos los miembros del grupo, aunque algunos si notan cierta sensación de hambre en determinadas horas del día. Eso sí: cuando hablamos de comida irremediablemente aparece el deseo de echarse algo a la boca. Continuamos con las diferentes actividades que el centro nos ofrece, cada vez en un mejor ambiente, porque el grupo funciona genial, y estamos viviendo la experiencia con compañerismo, comunicación y un generalizado sentido del humor.
“Realmente parece casi un milagro que después de cuatro días sin comer no tenga apetito, pero así es”.
Sábado- Día 6. El zumo de frutas cada día sabe mejor, y ayuda cada vez más a que me olvide del café. Hemos empezado la mañana con yoga kundalini. Seguimos sin hambre cuando salimos a la excursión. El pantalón de trek cede cada vez más y noto una gran sensación de ligereza, sobre todo en el vientre, aunque hasta el lunes cuando terminemos, no sabré cuánto he perdido. Al margen del adelgazamiento, realmente parece casi un milagro que después de cuatro días sin comer no tenga apetito, pero así es, no solo porque nos estamos divirtiendo sin pasar hambre, sino porque estamos dando una vuelta de tuerca a nuestros conceptos sobre alimentación, no solo de forma teórica, sino sobre todo con la práctica de ver que, para encontrarnos genial, no necesitamos tanta comida como la que habitualmente ingerimos.
“Estamos dando una vuelta de tuerca a nuestros conceptos sobre alimentación, no solo de forma teórica, sino sobre todo con la práctica, notando para encontrarnos genial, no necesitamos tanta comida como la que habitualmente ingerimos”.
Domingo- Día 7. Comenzamos la jornada con una sesión de yoga y la sensación conjunta de que el estómago se ha ido reduciendo y, lejos de pedir comida, está plenamente adaptado a lo que hay: el zumo de frutas matinal nos parece más que suficiente como para emprender una marcha de unos 11 kilómetros con subidas fuertes, sin que falten la energía ni el buen humor. Mañana finaliza el ayuno y todos estamos preparados para pesarnos. La última noche la dedicamos a jugar y ver películas; todos compartimos también la sensación de que el caldo de la cena nos resulta más que suficiente, incluso una segunda taza parece que nos va a llenar mucho.

Conclusión final, menos kilos, más salud y nuevos y estupendos amigos. No se puede pedir más.
Lunes- Día 8. Fin del ayuno y pesaje. Hay tanta expectación ante los resultados de la balanza que hoy casi nos olvidamos de nuestro zumo de frutas. ¡Tatachán! Llega el momento: en mi caso, más de 3 kilos menos y hay que señalar que soy la que menos peso he perdido de todo nuestro grupo. Entre mis compañeros, las pérdidas oscilan: 4 kilos, 5 kilos, 5,5 kilos… hasta el tope que son los más de 6 kilos menos de una de las participantes. Pero, independientemente de los kilos perdidos, todos coincidimos absolutamente en las aportaciones más importantes que nos llevamos de esta experiencia. Recapitulemos:
Gran parte de lo que sentimos como hambre no lo es. Pasar ocho días sin comer y sin apetito nos descubre un universo nuevo: es evidente que la sensación de hambre que tenemos en muchos momentos del día, a lo largo de nuestra vida cotidiana, no procede en realidad de la necesidad de comer, ya que en muchos casos (sobre todo si hay sobrepeso), el cuerpo sigue teniendo reservas que no hemos quemado. Sin duda, esta sensación de “hambre” cotidiana es un tipo ansiedad, o simplemente, un deseo de incorporar, en nuestra rutina, el pequeño placer de la comida. En cualquier caso, es un importante descubrimiento cuyas causas tendremos que estudiar.
“Pasar ocho días sin comer y sin apetito nos descubre un universo nuevo: la sensación de hambre no procede en realidad de la necesidad de comer”.
El cuerpo agradece la desintoxicación. Durante ocho días hemos sometido a nuestro cuerpo a una desintoxicación, acompañada de deporte que, lejos de afectarnos negativamente, nos ayuda a encontrarnos mejor. Además de la ligereza propia del adelgazamiento, en mi caso he normalizado la tensión, pasando de 140 a 113; algo que, por supuesto, me comprometo a mantener.
“Durante ocho días hemos sometido a nuestro cuerpo a una desintoxicación, acompañada de deporte que nos ayuda a encontrarnos mejor”.
Se puede vivir sin la tostada. Después de décadas de pensar en que no podría sobrevivir sin mi tostada y mi café matinales he descubierto que ¡sí se puede! De hecho, desde mi vuelta ni los he probado: me he “afiliado” a tomar compotas de fruta y cereales tostados. Moraleja: nunca es tarde para mejorar nuestros hábitos hacia otros que nos vayan mejor.
Cambio de chip nutricional. Además de hacer ayuno, hemos participado y aprendido en charlas y debates de nutrición, en dos pequeños cursos de cocina… Para algunas personas de nuestro grupo esto supone un punto de partida para aprender a alimentarse mejor y cambiar rutinas. Hay muchos caminos para iniciarse en un estilo de alimentación sana, pero el caso es empezar.
Estrategia de mantenimiento de por vida. La experiencia de esta semana también nos ayuda a planificarnos para evitar volver a las andadas. Además de fijar unos objetivos claros para perder los kilos que aún sobran, y mantenernos en forma, la opción de realizar una o dos semanas de ayuno periódicamente puede ser la clave perfecta para eliminar los excesos cuando estos se hayan acumulado. En cualquier caso, es una depuración temporal que nunca va a venir mal.
Todo en grupo sale mejor. Los participantes del grupo estamos de acuerdo en que hubiera sido muy difícil (imposible) realizar el ayuno solos en nuestra casa; para ello necesitaríamos una voluntad de acero. El hecho de estar juntos, divirtiéndonos, realizando esta experiencia en complicidad, lejos de nuestros frigoríficos, de los bares, restaurantes… de nuestro entorno, al fin y al cabo, ha sido sin duda una de las claves para conseguirlo. Un acierto del programa es complementar el ayuno con senderismo y deporte en general: algo que contribuye a la pérdida de peso y a la desintoxicación, pero también, para algunas personas, a retomar el ejercicio físico.
“Los participantes del grupo estamos de acuerdo en que hubiera sido muy difícil (imposible) realizar el ayuno solos en nuestra casa”.
Finalmente, la suerte también nos ha iluminado en estos días, al reunir a un equipo de personas diferentes, pero muy afines, con las que hemos convertido la convivencia en una experiencia divertida, intensa e inolvidable. La compañía y el trabajo super-profesional de los monitores Damien, María, Arantzazu, Enric… ha sido el soporte perfecto para culminarla con éxito. Por ello, como resumen final podemos concluir diciendo que hemos perdido kilos, hemos ganado en salud y nos llevamos nuevos amigos. ¿Se puede pedir más?
¡Repetiremos!
Más información:
Mi Ayuno
https://www.miayuno.es/nuestro-metodo/
Clinica Buchinger (Marbella)
https://www.buchinger-wilhelmi.com
Federación de Ayuno y Senderismo (Francia)
Reportaje: Inés Almendros.


gracias por el reportaje..
me gustó compartir este experiencia contigo..
lo hemos pasado super bien y llegué nuevecita y ligera a casa.
gracias por este reportaje y por compartir este experiencia contigo.
llegé nuevecita y ligera a casa.
Lo pondré en práctica. Que alimentos llevaba la sopa de la noche?
Gracias muy interesante, voy a llevarlo a cabo durante estos dias de cuarentena y usare mi bici fija para hacer algo de deporte… Saludos!!