Mundo Yold. Recordamos los tiempos en los que España se convirtió en un plató de Hollywood

Samuel Bronston, rey Midas para España

Angel Domingo
18 junio, 2019

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En los años sesenta, el productor Samuel Bronston rodó en nuestro país algunas de las películas más famosas de la época, protagonizadas por estrellas de Hollywood, y generando anécdotas cinéfilas sin fin. Hubo un tiempo que nuestro país enamoró a Hollywood. Un gran productor lo hizo posible. Hoy en Gente Yold recordamos a este peculiar personaje.

Al finalizar la II Guerra Mundial, EE.UU. se lo puso difícil al Régimen. El presidente Truman declaró públicamente su disgusto cuando el Congreso aprobó un presupuesto de ayuda para España: “nunca he sentido simpatía hacia España“, textual. Paradójicamente, mientras sobre el tapete se rechazaba la dictadura, en secreto y cuidando que la prensa no se hiciese eco, Washington y Madrid negociaban el establecimiento de bases americanas en nuestro país, venta de armas y trapicheos económicos en modo de letra pequeña (Acuerdo de 1953).

El productor Samuel Bronston

Hollywood, el gran escaparate norteamericano, al principio se hizo el difícil, pero después se dejó querer. Claro, el negocio es el negocio, debieron pensar los productores de la Meca del Cine. Razones obvias: buen clima, muchas horas de sol, bajo coste de servicios y salarios y nula conflictividad laboral. Y otras no tan obvias: disponibilidad de millones de dólares secuestrados por Franco a la industria de armas americana (el citado Acuerdo del 53 obligaba a EE.UU. a reinvertir parte del cobro en nuestro país), utilización gratis de figurantes reclutas del ejército, uso de escenarios históricos sin pagar una peseta y, tal vez, lo que más debió costar de la oferta: hacer la vista gorda ante los pecados de la farándula: no respetar el sagrado descanso dominical, resignación por parte del clero a la vida lasciva, los excesos y otros pecados capitales de los divos y divas que nos visitarían. ¿Alguien ofrece más? Adjudicado pues.

El clima, las muchas horas de sol, el bajo coste de servicios y salarios y la nula conflictividad laboral hicieron de España un gran plató de cine.

Y así llegamos a la figura de Samuel Bronston (1908-1994), ruso de nacimiento y, según cuentan, sobrino de Leon Trotsky. Primero emigró a Francia y estudió en La Sorbona; en París tuvo su primer contacto con la industria del cine trabajando para la Fox. Llegó a los Estados Unidos con el apellido Bronshtein y, para ocultar su origen judío, lo americanizó y cambió por Bronston. Construyó todo un imperio prácticamente de la nada, lanzando al mercado mastodónticas producciones, realizadas por los más prestigiosos directores e interpretadas por los más famosos actores.

Hago un breve repaso por algunos escenarios que este productor levantó en nuestro país para contar, en películas, las historias de numerosos personajes épicos.

Bronston construyó todo un imperio prácticamente de la nada, lanzando al mercado mastodónticas producciones.

Denia (Alicante), 1958
Una mañana del año 1958 los habitantes de Denia despertaron sobresaltados ante lo que parecía una invasión de piratas al mando del temible capitán Jones; tanto la playa como el castillo se llenaron de feroces bucaneros sedientos de pillaje, trabucos y cañones incluidos, ondeando la famosa bandera negra con dos tibias y una calavera en los mástiles de impecables goletas del siglo XVII.

Con presupuesto de doscientos millones de pesetas y cuatro meses de rodaje, Denia se convirtió en una de las más avanzadas sucursales del viejo y dorado Hollywood, al mando del legendario productor Samuel Bronston.

Cartel de la película

El capitán Jones puede que no sea considerada obra maestra del cine pero, a día de hoy, la película se mantiene muy presente para los habitantes de la población alicantina, que recibieron a visitantes ilustres como John Farrow, director de la cinta, la legendaria actriz de Tarzan, Maureen O´Sullivan, y la joven entonces desconocida Mia Farrow. Sin embargo, fue Bette Davis, una de las mejores actrices de todos los tiempos, que interpretó a Catalina la Grande de Rusia, la que animó el rodaje con un buen número de divertidas anécdotas; Bette es recordada como una actriz sumamente exigente y de mal carácter.

Bette Davis como Catalina la Grande

Al parecer no le gustaba el menú de carne que le servían, y llegó a amenazar con dejar la película si el cocinero no conseguía encontrar carne de mayor calidad. Para calmarla, el chef le prometió cocinar un plato típico español: liebre al ajillo con tomates, pero no resultaba tarea fácil encontrar en las carnicerías de los años del hambre estas exquisiteces, así que tuvo que recurrir al popular refrán: dar gato por liebre. La actriz, sin saberlo, quedó encantada con la carne de minino. Se dice que, no menos de veinte gatos, fueron devorados por la diva.

Click del Capitán Jones en Denia

Otro dato curioso del rodaje es que Franco permitió, ante la exigencia de Bronston, que la emperatriz rusa Catalina la Grande (Bette Davis) se sentara en el trono del rey de España, rodando en los salones del Palacio Real de Madrid. Concesión única, después jamás ha vuelto a suceder.

Charlton Heston y Anthony Mann en Peñíscola

Peñíscola (Valencia), 1961
La siguiente película del célebre productor en nuestro país cuenta la historia de Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como el Cid Campeador. Al parecer, Bronston desconocía este personaje, pero rápidamente quedó prendado por sus hazañas y decidió llevarlas a la gran pantalla. Tuvo que superar muchas trabas iniciales: los derechos cinematográficos sobre el Cid pertenecían a Rafael Gil, que desde 1950 tenía un proyecto de guion para hacer una película.

A Heston siempre le han entusiasmado las armas. Aquí haciendo de Cid con su Tizona

Samuel Bronston no escatimó ni dinero ni medios y compró los derechos; también se entrevistó con el historiador Menéndez Pidal, de 91 años; le recibió encantado, pero le advirtió encarecidamente sobre la importancia de respetar los datos históricos y descartar las leyendas en torno al de Vivar que, precisamente, era lo que Bronston quería resaltar; la idea de hacer un documental histórico no entraba en sus planes.

Juan Carlos y Sofía, entonces Príncipes de Asturias, visitaron en Peñíscola al equipo de rodaje y confraternizaron con los actores.

La, por entonces, Princesa Sofía, con Sophia Loren

Aparte de los más de tres mil empleados fijos que componían la Bronston Production, contrató cientos de extras de la zona, a los que abonó la desmesurada cifra, para la época, de cien pesetas por día, además de un generoso bocadillo de tortilla. La industria del cine mejoró significativamente la calidad de vida de muchas familias; la generosidad del productor lo hizo posible.

Sophia Loren, en el papel de Jimena, en la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios (Colmenar Viejo)

Anthony Mann fue elegido director; aceptó y sugirió incluir en el elenco a su reciente esposa, Sara Montiel para el papel de Jimena; sin embargo, Bronston tenía ya decidido que doña Jimena sería Sophia Loren, recién galardonada con un Oscar por Dos mujeres (Vittorio de Sica, 1960) y a la que pagó un millón de dólares de los seis presupuestados para toda la película. Esta concesión económica hacia la diva italiana disparó los celos de Charlton Heston, peor pagado. Heston no soportaba los aires de superioridad de la Loren, que además exigió gastar doscientos dólares semanales en peluquería. Sophia, a su vez, se quejaba de la poca afición que el americano tenía a ducharse, llegando a solicitar la presencia de un doble más aseado para rodar escenas en las que estuvieran a poca distancia.

La industria del cine mejoró significativamente la calidad de vida de muchas familias en los lugares de rodaje.

Muchas escenas de El Cid se rodaron en varios enclaves castellanos, pero Toledo no fue uno de ellos. Bronston encargó a un herrero de esta ciudad fabricar la Tizona que se utilizaría en el rodaje. Por último, me gustaría subrayar la astucia del herrero que, aprovechando el éxito de la película, ha vendido réplicas de la Tizona, la popular espada del Cid, a los millares de turistas que visitan la ciudad imperial.  

Estudios Bronston en Madrid

Las Rozas (Madrid) se disfraza de Pekín (1963)
Por mucho que Bronston lo intentó, las puertas de la mítica Ciudad Prohibida de Pekín permanecieron cerradas; pero esto no detuvo al célebre productor que, ni corto ni perezoso, fabricó su propia versión de la ciudad, y resultó tan lograda que los corresponsales extranjeros se fotografiaban junto a los decorados de cartón piedra y enviaban las fotos a sus familiares presumiendo de estar en China. Sin embargo, don Samuel no se limitó a la Ciudad Prohibida, además reprodujo, con todo lujo de detalles, un barrio entero del legendario Pekín, río incluido. Y, claro, necesitaban habitar el lugar, así que se dedicaron a buscar chinos por media Europa, en España no había tantos como hoy. Contó con más de seis mil soldados del Ejército Español que simulaban ser la masa china.

Franco, cuando transitaba por la N-6, ordenaba detener el Cadillac alemán para contemplar admirado la gesta de nuestro productor.

Cartel de la película

Charlton Heston y Ava Gardner, protagonistas de 55 días en Pekín, tuvieron un tormentoso rodaje; el hoy presidente de la Sociedad del Rifle se quejaba de que Ava tenía más interés por los trajes de luces y bailaores flamencos que, cada noche, empinaban el codo en la popular barra de Chicote que en aprenderse los diálogos del guion.

Numerosas complicaciones en el trabajo diario: pocas veces se respetaba el plan de rodaje, se improvisaban los diálogos porque Gardner, con resaca, era incapaz de memorizar lo escrito y, para colmo, la afición al alcohol de Nicholas Ray, director de la película, terminó dañando su salud, debiendo ser hospitalizado. Fue Charlton Heston quién dirigió los últimos días de rodaje.

Bronston con Ava Gardner y Charlton Heston

Lo que no esperaban, después de tanto esfuerzo y contratiempos, fue el escaso beneficio en taquilla que, sumado al mal negocio de La caída del Imperio Romano (Anthony Mann, 1964) y El fabuloso mundo del circo (Henry Hathaway, 1964), su última película en España, obligaron a Samuel Bronston a cerrar la productora. Sus propiedades le fueron embargadas para pagar a los numerosos acreedores.

Regresó a los Estados Unidos, donde tuvo que afrontar varios juicios debido a la deuda de millones de dólares. Perdió toda su fortuna. En los últimos años de su vida padeció la enfermedad de Alzheimer. Murió en un hospital de Sacramento a los ochenta y cinco años a causa de una neumonía. Pese a todo, nunca olvidó nuestro país, y expresó como último deseo ser enterrado aquí. Hoy, sus cenizas reposan en el cementerio de las Rozas (Madrid). En su lápida puede leerse: “Aquí yace un hombre, en todo y por todo”.

Ángel Domingo Pérez

 

 

 

 

 

 

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