Mundo Yold. Recorremos las rutas verdes de la más linda de las Pitiusas

Si la vida te supera, escápate a Formentera

Inés Almendros
30 mayo, 2018

La pequeña isla pitiusa sigue siendo un paraíso solo para viajeros delicatessen que, además, ofrece una maravillosa red de caminos verdes para recorrer sus más remotos rincones en bici o andando. Un destino mágico, lleno de secretos, que en su día se convirtió en el nirvana de Bob Dylan. Hoy recorremos los caminos del paraíso.

Envuelta en leyendas de piratas, la pequeña de las Pitiusas conserva su belleza natural, sin artificios, junto a muchos y exquisitos atractivos, e historias y secretos solo aptos para viajeros delicatessen, amantes de la autenticidad. Eso fue lo que llevó a los hippies más excéntricos y gloriosos de los 60 a refugiarse en aquella isla, tal y como refleja la película de Pau Durà protagonizada por José Sacristán, Formentera Lady, que se estrena el próximo 29 de junio.

José Sacristán a la película Formentera Lady, de Pau Durà

La isla ya no es aquel lugar casi desconocido y aislado que conoció Bob Dylan; ahora más bien es el destino vacacional de los vips más planetarios como Cristiano Ronaldo o Leo Messi, que surcan sus aguas en sus increíbles yates. Pero, sin duda, la isla sigue manteniendo su pureza y su increíble belleza. Además, la red de caminos verdes que hace un par de años instauró el Consell Insular, convierte a la isla en el territorio perfecto para perderse andando, o mejor en bicicleta, y poder contemplar así la belleza de sus más ocultos rincones. A lo largo de estos energizantes caminos, podréis disfrutar de una acuarela siempre viva, con mares turquesa, caminos de piedra ocres, campos verdes y amarillos, y playas de arenas blancas. Todo bajo el cielo más mediterráneamente pintado de azul que nadie pueda imaginarse.

Formetera es una acuarela siempre viva, con mares turquesa, caminos de piedra ocres, campos verdes y amarillos, y playas de arenas blancas.

Un lugar aparte
En parte, el encanto de Formentera se debe a que durante siglos estuvo deshabitada: los fuertes vientos, las difíciles condiciones de vida, y su situación en primera línea de piratas de toda índole, convirtieron a la isla en un pedazo de tierra abandonado junto a la más resguardada Ibiza. Solo a partir de los siglos XVII y XVIII comenzaron a afincarse en sus tierras las primeras familias, casi todas procedentes de Ibiza. Aunque mucho antes, en la edad de Bronce, comunidades enteras primitivas ya la habían habitado, dejando huellas de su presencia, como los yacimientos que hoy se pueden ver en el Cabo de Barbària. En cualquier caso, la ausencia de poblaciones y casi de huellas humanas se deja notar en esta tierra un poco lunática y sin duda llena de energía, con una belleza paisajística variada, arrogante y singular. El hecho de que carezca de aeropuerto, y los esfuerzos realizados para conservar su esencia original, han ayudado a que Formentera se libre del brutal desarrollo inmobiliario y turístico que cubre de cemento el perfil del horizonte mediterráneo. De todas formas, el primer consejo a la hora de proyectar nuestro viaje es evitar (siempre que se pueda) hacerlo en agosto, el mes de colapso absoluto, en el que se juntan en este pequeño territorio los turistas veraniegos propios, con los que acuden desde Ibiza para hacer la clásica excursión de un día y los que llegan desde sus yates a los restaurantes y locales de moda. Si tenéis la fortuna de poder elegir mayo, junio o septiembre, disfrutaréis de un buen clima y de la belleza máxima de la isla, con poquísima gente y unas nada desdeñables ventajas en los precios hosteleros.

Formentera se ha librado del brutal desarrollo inmobiliario y turístico que cubre de cemento el perfil del horizonte mediterráneo.

Al carecer de aeropuerto, la única forma de llegar a la isla es a través de los ferrys que salen desde Ibiza, y en temporada alta, también desde Denia. Algunos de ellos permiten transportar coches o motos, para quienes quieran moverse por la isla con su propio vehículo. Pero recuerda: cuanto menor sea vuestro vehículo, mejor podréis acceder a los rincones más remotos e insólitos de la isla.

Mapa de rutas verdes

El ferry atraca en el único puerto formenterano, La Savina y allí los viajeros encontrarán numerosos puestos de alquiler de coches, motos o bicicletas. También se ubica allí la estación de taxis, controlados por la asociación de taxistas de la isla, que suelen ser generalmente agradables y te pueden dar los mejores consejos para tus vacaciones. Alquilar un coche es barato y muy recomendable si sois más de dos personas. Muchos turistas (especialmente las parejas) optan por el alquiler de una moto, aunque conviene ser prudente en su uso, sobre todo en los meses de temporada alta, cuando las carreteras se llenan de turistas moteros poco experimentados: parece que las caídas son frecuentes. Pero si lo que queréis son unas vacaciones activas, para hacer ejercicio y perderse al mismo tiempo en los caminos más bonitos de la isla, lo mejor es alquilar una bicicleta: la limitada geografía de Formentera es perfecta para recorrerla pedaleando por caminos preciosos y con apenas desnivel. Combinar el recorrido de las rutas verdes en bici y andando es la mejor opción para desconectar.

La arquitectura de casas encaladas y detalles de colores forman parte del encanto de la isla

De camino en camino
En la Oficina de Turismo, -que también se encuentra en el Puerto de La Savina- podéis conseguir el mapa en papel de las vías verdes que recorren la isla: más de treinta caminos, más de cien kilómetros, perfectamente señalizados con numerosos postes de madera que ofrecen las indicaciones pertinentes para no perderse. Así pues, con nuestra bicicleta alquilada, y la mochila con un equipo básico (pareo, bañador, crema para el sol, gorra, agua, mini-botiquín y cartera, como mínimo) emprendemos nuestra marcha.

Las salinas, junto a La Savina, colores casi extraterrestres

No puede haber una forma mejor de empezar que hacerlo por la Ruta 1 que precisamente recorre una de las playas más maravillosas de la isla, Ses Illetes, y nos permite también conocer las antiguas salinas. Una de las más bellas playas formenteranas, con una arena blanca finísima y aguas de una trasparencia casi sobrenatural. Conviene dejar la bici y seguir andando hasta el final, hasta la Punta des Borronar, donde apenas una lengua de mar separa Formentera de la isla vecina, Espalmador. Con marea baja casi se podría pasar andando entre las dos islas, si no fuera porque las corrientes marinas engañosas hacen que esta sea una idea totalmente desaconsejable, que ha dado un disgusto a más de un atrevido.

Las increíbles aguas transparentes y turquesas de Formentera no se deben a la magia, sino a la acción de la extensa pradera de Posidonia Oceánica, la más grande del Mar Mediterráneo, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. Esta planta, endémica mediterránea, ayuda a producir una gran cantidad de oxígeno, que al mismo tiempo resulta fundamental para depurar las aguas, y para la vida de los seres marinos que allí residen. Por ello, hay proyectos como Save Posidonia, que trabajan para mantener su conservación.

Su extensa pradera de Posidonia Oceánica, la más grande del Mar Mediterráneo, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999.

A  través de la Ruta 2, que también parte del Port de La Savina, se pasa primero por las salinas que durante años fueron el principal centro de ingresos de muchos lugareños; hoy mantienen su esencia y el brillo de sales azules, rosas o malvas. Bordeamos después el Estany Pudent, una amplísimo acuífero protegido con vallas para preservar la vegetación y las aves que allí habitan, y a las que van y vienen a través de sus migraciones; el paseo es tan fácil como agradecido, apto para cualquiera y nos permite llegar sin grandes esfuerzos a San Francesc Xavier, la capital de la isla, en la que nos podemos perder por un enjambre de encantadoras tiendas. En el centro se encuentra la altísima iglesia que también servía inicialmente como fortaleza. Si tenemos la oportunidad, podemos disfrutar de alguno de los muchos restaurantes y locales de la localidad, como por ejemplo Fonda Platé, el local más genuino de la villa, y uno de los imprescindibles de las Baleares, que fue creado en los años cincuenta por Juan Ferrer Castelló Platé. En la ciudad también podemos visitar el Museo de Etnografia, o la capilla de Sa Tanca Vella.

Puesta de Sol en Cala Saona

Rutas de mil colores
Por la Ruta verde 3 accedemos a otro punto imprescindible en la isla, sobre todo por la tarde, a la hora de la puesta de sol: se trata de Cala Saona, con una de las playas más bellas de la isla y un mar turquesa que se mece entre brazos de tierra arcillosa, creando una combinación cromática imposible de olvidar, que se convierte en delirio cuando el sol rojo se hunde en el océano. Para disfrutar el momento a tope, nada mejor que hacerlo desde la terraza del hotel Cala Saona, donde además te ponen algunos de los mejores cócteles de la isla.

Las higueras apuntaladas son en sí un ecosistema propio

Mientras que las rutas 4 y 5 nos llevan al Centro de Interpretación de Can Marroig y a la Punta de la Gavina, por la 6 y la 7 disfrutaremos del paisaje interior de esta zona de la isla, que es también la más baja, y por tanto, la que tiene menos pendientes. A través de estos caminos nos sumergimos en la Formentera interior y agraria, con caminos y muros de piedra, que encierran cultivos de cereales o vides. Encontraremos también las peculiares y enormes higueras con sus amplias copas verdes apuntaladas con estacas de madera, creando una especie de pequeña fortaleza verde y sombría que prácticamente se convierte en un ecosistema propio. El apuntalamiento de las higueras tenía varios objetivos: por una parte, servía para crear un espacio de sombra en el que el ganado podía guarecerse del sol; pero al mismo tiempo, ayudaba a que los animales no se comieran los frutos.

El mítico Faro de Barbària, conocido por Lucía y el sexo

Lugares e historias de película
Siguiendo la ruta 8, que luego se une con la 10 y 11, llegamos a otro rincón icónico de Formentera: el mítico faro de Barbàría, famoso por ser la imagen más recurrente de la película Lucía y el sexo, de Julio Medem y que se vislumbra solitario en el horizonte ya desde la lejanía, en medio de un acantilado espectacular. En bici, la subida al faro supone un ligero ascenso, facilísimo para los aficionados al ciclismo, pero que requiere un poco de esfuerzo a quienes no frecuentan los pedales. Aquí también se encuentra la Cova Foradada (la cueva agujereada), una gruta a través de la que se accede a un balcón increíble sobre el mar. Barbàría es un lugar único también para vislumbrar la puesta de sol. A nuestro regreso, si cogemos la Ruta 12 llegaremos a otro bello e indómito punto, el Torrent de s´Alga, con un montón de antiguos varaderos de madera, declarados como bienes de interés cultural, donde siguen expuestos los aperos de la pesca artesana y entre ellos, los parreres de madera de sabina en los que se cuelgan los finos filetes de pescado para que se sequen. Así se elabora el “peix sec” que se utiliza en la ensalada de pescado.

Fonda Pepe en los años 60, cuando Bob Dylan y los hippies más interesantes de la época pasaban allí su vida

De vuelta al interior, podemos dirigirnos por la ruta 14 a San Ferran, una pequeña localidad que fue el epicentro de los hippies más interesantes, que posiblemente llegaron a España en los 60 y 70, y que se reunían todos en la mítica Fonda Pepe. Al modesto hostal fundado por Josep Tur llegó en el año 1967 Bob Dylan buscando la paz que, parece ser, había perdido tras sus primeros años de éxitos.

Famosa Fonda Pepe San Ferran, hogar de hippies de la época

En San Ferran se dieron cita otros de los músicos, intelectuales y escritores más interesantes de la época: desde Nina Hagen hasta Pink Floyd o James Taylor. De hecho, los King Crimson se inspiraron en este rinconcito del mundo para su tema Formentera Lady. A diferencia de los hippies de Ibiza, els peluts (como les llamaban los foráneos) de Formentera vivían en condiciones realmente extremas, pues para entonces en la isla prácticamente no había electricidad, ni agua corriente, ni oficinas bancarias, ni apenas tiendas. Otro personaje muy querido aquí fue el exarquitecto Robert Baldon, que dejó su exitosa carrera en Estados Unidos y se vino a vivir a San Ferran, creando posteriormente la Biblioteca Internacional, que fue la primera de la isla, y que mantenía en su propia casa, abierta con ejemplares que dejaban los cosmopolitas visitantes que aquí llegaban.

Els Pujols, un buen sitio para tirarse en la playa

Desde San Ferran dos visitas altamente recomendables son Cala Envasté o Cala En Baster (ruta 17), un elevado acantilado tallado en roca rojiza por los fuertes vientos de la zona, que oculta una pequeña playa con embarcaderos antiguos, así como Punta Prima (ruta 18), otro solitario paraje con una lengua de piedra que desciende hasta sumergirse en el mar, y en la que se levanta una soberana torre de defensa.

Una de las torres de deffensa de la isla, la de Punta Prima

Muy cerca de allí se encuentra Els Pujols, tal vez el pueblo de turismo más convencional, con una apetecible playa urbana, numerosas tiendas y restaurantes. Resulta obligado visitar Chez Guerdi, uno de los locales fashion más cool de la isla, con una decoración verdaderamente interesante, que incluye coches metidos en los cuartos de baño y un bus rojo que pide a gritos hacerse un selfie.

Además de ser en sí un paraiso, en Platja Migjorn encontraremos fantásticos restaurantes y quioscos playeros

Kilómetros de belleza
El camino verde número 15 hace de hilo conductor entre la parte baja de la isla y la parte alta, que es la zona de La Mola. Al recorrerlo, también podemos bajar a varios puntos de la mayor playa de la isla, Playa Migjorn, que al estar situada al sur, también es la más protegida de los vientos; se trata de un oasis con dunas de arena, pequeñas calas y calientes planchas pétreas que se halla en plena rehabilitación vegetal, junto a otro mar de ensueño esmeralda y turquesa.

La Ruta 15 nos permite contemplar la arquitectura rural

Aquí debemos dejar la bici en algunos de los parkings repartidos por la misma y que llevan a distintos puntos (ruta 22, Ca Mari; ruta 23, Es Arenals, etc.) , para disfrutar de un delicioso paseo por las pasarelas de la playa, que nos conducirán también por los distintos restaurantes y locales desplegados por la zona, algunos tan míticos como el Blue Bar, que se distingue precisamente por su color azul, y donde encontraremos una decoración al mismo tiempo sofisticada y kitsch, y una animada puesta de sol con música DJ. Desde hace décadas, Blue Bar ofrece míticos conciertos en directo y unas croquetas que no están nada mal.

El Blue Bar, conciertos y cenitas junto al mar

Finalizada la Ruta 15 se inicia la subida a La Mola, la parte alta de la isla; ninguna de las rutas verdes señaladas que llegan hasta arriba es ciclable, por lo que la única opción de subir con la bici es por la carretera. Por ello, creemos que lo mejor es ascender andando por el Camí de sa Pujada (ruta 25) y alquilar de nuevo una bici en el pueblo principal de la parte alta, el Pilar de la Mola.

Vértigo en la subida de la Ruta 25, Sa Pujada

El Camí de sa Pujada es una antigua ruta restaurada que se eleva por los acantilados y que nace tras pasar la preciosa localidad de Es Calo de Sant Agustí, donde es menester tomarse algo en la terracita del mítico hostal Rafalet y bañarse en Ses Platgetes. Subiendo por este camino tradicional disfrutaremos de una de las panorámicas más bellas y completas de la isla, con Ses Platgetes al este y Platja Migjorn al oeste y con la vista de un inmenso mar azul sobre el que siempre navegan un puñado de privilegiadas embarcaciones.

Otro faro de leyenda, el Faro de la Mola

En el Pilar de la Mola igualmente pueden encontrarse interesantes tiendas -sobre todo de joyería artesanal-, la bonita iglesia de Nostra Senyora del Pilar, el Moli Vell y uno de los bares más famosos, el Can Toni, que en su día fue propiedad de la modelo Eugenia Silva, quien también posee vivienda en la zona y que ha sido una de las grandes promotoras de la isla. Siguiendo el pueblo, por la Ruta 29 llegaremos al Faro de la Mola, que apunta allende los mares, en medio del abrupto paisaje de Punta sa Creu, donde también encontraremos una placa dedicada a otro de los personajes fascinado por Formentera (y eso que nunca viajó hasta aquí), el escritor Julio Verne, que se inspiró en la isla para escribir su obra Viajes y exploraciones de Hector Servadac.

La pequeña península alta de Formentera esta igualmente recorrida por caminos remotos (como la Ruta Circular 32), a través de los cuales de nuevo nos solazaremos con variados paisajes que forman una bella pintura coral: campos de labranza, pinares espesos, zonas de vid, fascinantes acantilados, bellas casitas de piedra y cal con marcos de colores… Un deleite para nuestros sentidos en un viaje inolvidable y revitalizante. Y es que Formentera es, además, un territorio magnético y energetizante, de los que ayudan a cargar las pilas y a sumergirse en una auténtica experiencia de rebirthing muy personal. Si te puedes conceder esta pequeña aventura en Formentera, no dudes en hacerlo: tu cuerpo y tu mente lo agradecerán.

Reportaje: Inés Almendros

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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