Cine Yold. Hoy cogemos taxis cinematográficos con la propuesta de nuestro crítico de cabecera

Taxi: ¡Al cine más próximo, por favor!

 

 

Angel Domingo
8 julio, 2022

Apuesto a que los taxis son el plató de rodaje más utilizado por los directores de cine. Lo fueron desde su nacimiento, durante la etapa muda; y continuaron siendo protagonistas cuando aparecieron los primeros efectos especiales sobre un croma verde.

Reconozco que no puedo explicar quién fue el primer cineasta que decidió que los taxis podían ser protagonistas, tanto principales como secundarios de lujo.

Pero vamos a elucubrar. Y elucubrando, elucubrando… considero que el primer taxista de la historia fue Caronte, más conocido como el barquero del inframundo. Su labor era la de llevar las almas de los habían muerto hasta el Hades en donde morarían por toda la eternidad, tras asistir a su juicio final. Caronte tenía la tarifa fijada en un óbolo (moneda griega de plata), con cuyo pago podías cruzar la enigmática laguna Estigia, que separaba el mundo de los vivos y del de los muertos.

Escena de Scoop

Woody Allen nos permitió conocerle en su película Scoop (2006), aunque tengo la sensación de que el neoyorquino dulcificó a tan siniestro personaje.

El nacimiento del cine fue, literalmente, una puesta en marcha de un vehículo mágico que los hermanos Lumiere conducían con pulso firme, con la siniestra idea de sembrar el terror entre los primeros espectadores con L’arrivée d’un train à La Ciotat (1896).

A partir de ese simbólico kilómetro cero del terrible impulso de una máquina de vapor, la gran pantalla ha estado repleta de viajes, tanto a pie, como en barco, submarino, dirigible y… ¡taxis!

De uno de ellos vemos bajar a Charlot, completamente ebrio en su cortometraje A la una de la madrugada (1918). Su alto nivel etílico le imposibilita a sujetar el pomo de la puerta, y mucho menos sacar la cartera del bolsillo para abonar al conductor su carrera. El resultado son tres minutos maravillosos del mejor cine en su etapa muda.

Desde entonces, el taxi ha transitado por el cine mudo, el sonoro en blanco y negro y el technicolor hasta el 3D, encontrando no pocas obras maestras. La primera de ellas que nos salta a la cabeza es… sí, ésa: Taxi Driver (1976), la terrible epopeya dirigida por Martin Scorsese en sus tiempos mozos (34 años tenía cuando la estrenó) y protagonizada por Robert De Niro. El personaje protagonista es un excombatiente del Vietnam mentalmente inestable que, al volver a EE.UU, comienza a trabajar como taxista. De Niro realmente condujo un taxi doce horas diarias durante un mes para prepararse para el papel. Y Bernard Herrmann firmó la que fue su última banda sonora, muy distinta de sus oberturas orquestales hitchcockianas, una partitura electrónica que acrecentó la atmósfera claustrofóbica de la magistral película. La cinta le valió a su director la Palma de Oro de Cannes en 1976 y cuatro nominaciones a los Oscar.

Otra obra de arte contemporánea filmada en su integridad en el interior de un taxi es Taxi Teherán,  (Jafar Panahi, 2015), director iraní condenado al silencio cinematográfico por las extremistas autoridades de su país. Así que Panahi se ha tenido que buscar las mañas para ejercer su oficio y, después de realizar dos películas en sus dos casas, ha burlado la censura metiendo las cámaras en un taxi y conduciendo él mismo la película literalmente desde el volante. La cinta se traza como un falso documental, donde el taxi acoge un caleidoscopio de la sociedad iraní y se ironiza sobre el absurdo de los rigores censores. Su trabajo de insumisión fílmica le valió el Oso de Oro de Berlín en el año 2015.

Las carreras a bordo de un taxi han contagiado la impronta del cine negro clásico y no faltan confesiones y complots. La película de detectives por antonomasia, el canon del cine negro, El sueño eterno (Howard Hawks, 1946), relata la investigación del detective Philip Marlowe, protagonizado por un Humphrey Bogart en estado de gracia, sobre las idas y venidas de las hijas de un millonario. Durante esa actividad de espionaje toma un taxi conducido por la actriz Joy Barlow, en una secuencia que Quentin Tarantino homenajeará en Pulp Fiction (1994), cuando el boxeador Butch (Bruce Willis) huye del ring donde ha frustrado un pucherazo. Para escapar, toma un taxi pilotado por la bella Esmarelda Villalobos.”Esmarelda” repite lentamente Bruce Willis, paladeando el nombre.

Y el taxi se coge en el cine con la misma facilidad con la que los ciudadanos cogemos el autobús; excepto Alfred Hitchcock, que era más del autobús en sus películas.

Lo coge tres veces Carmen Maura en Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988), el Mambo taxi de Guillermo Montesinos, en el que se puede escuchar una infinitud de estilos musicales. La película es la primera de Almodóvar nominada al Oscar a mejor película extranjera. No se lo llevó, pero Jane Fonda invitó al equipo de la película a una fiesta en su casa. La actriz estadounidense le propuso a Almodóvar comprar los derechos de Mujeres para realizar un remake americano. Los derechos se compraron, pero la película nunca se llegó a rodar. Cuatro años después de su estreno, una banda ‘indie’ británica tomó el nombre de Taxi para nombrar a su grupo, inspirado en la película de Almodóvar.

Roberto Begnini conduciendo un taxi en uno de los episodios de Noche en la tierra

Tanto ha dado el taxi al cine que son muchas las películas que lo han tratado íntegramente. Aparte de la ya mencionada Taxi Teherán, el cine español estrenó  Taxi (1996), dirigida por Carlos Saura, la argentina Gabriela David filmó Taxi, un encuentro (2001) y en Francia hubo una fiebre taxística que trajo consigo Taxi Express en 1998 y tres secuelas más. Pero quizá la que más influyó fue Noche en la tierra, el retrato nocturno de cinco taxis en cinco grandes ciudades: Los Ángeles, Nueva York, París, Roma y Helsinki, realizada por Jim Jarmusch en 1991. Un resumen fílmico de la sociedad terrestre: un viaje del recelo a la confianza, del prejuicio a la amistad, de la vida a la muerte.

Ángel Domingo Pérez

 

 

 

 

 

 

 

 

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