Munndo Yold. Celebramos la jornada electoral recordando los grandes filmes sobre el asunto

Tres míticas películas sobre política

Angel Domingo
25 mayo, 2019

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Aprovechando este fin de semana electoral, nuestro crítico de cine Ángel Domingo nos recuerda tres grandes películas de fondo político: El nacimiento de una nación, El acorazado Potemkim y El gran dictador. Tres historias que resumen lo mejor del séptimo arte y de la política universal.

Me propongo, en este artículo, hacer un recorrido por tres obras maestras que fueron hitos, tanto por su fondo ideológico como por su estructura técnica, y que marcaron una verdadera revolución en el arte de contar historias con el soporte de la imagen.

1- El nacimiento de una nación (1915)
D.W. Griffith (1875-1948), pionero en la historia del cinematógrafo cuando su existencia aún no era muy popular (hablamos de un lejanísimo 1915, fecha en la que el mundo exhibía las heridas de la sangrienta I Guerra Mundial), rodó un filme que, desde el día de su estreno en el Auditorio Clune de Los Ángeles el 8 febrero, se convirtió en la película mas importante del cine mudo y también la primera cinta acusada de ser un medio de manipulación de masas, acusación que, por extensión, se aplicó al cine en general.

Griffith lleva a la ficción la historia de dos familias, los Cameron de Carolina del Sur y los Stoneman en el Norte fieles al Gobierno Federal, que mantienen relación de amistad durante los tres momentos que expone el film: asesinato del presidente Lincon, la Guerra de Secesión y las andanzas del Ku Klux Klan. Con una duración de más de tres horas.

Con dificultades para encontrar actores negros que quisieran participar en este film tan racista, hubo que recurrir al maquillaje

Es patente que el director  realiza esta película contando, desde las tripas, la frustración que siente por el injusto trato que los Estados del Norte dieron a los perdedores del Sur después de la contienda civil. No tiene reparos en declararse supremacista de la raza blanca presentando a los miembros del K.K.K. como salvadores patrios y depositarios de la divina misión de protegernos de los negros a los que califica de animales y violadores irredentos, sedientos de diversión y borrachera. De quedarnos solo en la trama, el filme no pasaría más allá de ser la primera película de denuncia social. Que no es poco, por cierto.

El nacimiento de una nación supone la creación de la gramática del cine: su vocabulario y sintaxis.

Pero, ¿qué hace que, este filme en 1992, haya sido declarado por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos como “bien cultural, documento histórico y estéticamente significativo”? Precisamente eso, su estética, que le convierte en obra de arte. Con un presupuesto inicial de 40.000 dólares alcanzó la suma total de 110.000, desorbitado para la época. Recaudó en taquilla 19 millones de dólares. Negocio redondo.

Supone la creación de la gramática del cine: su vocabulario y sintaxis; veinte años después del invento de los hermanos Lumier y vigente en la actualidad. Es la primera obra fílmica coherente en estructura narrativa (hasta ese momento, las películas se componían de escenas más o menos relacionadas con escasa solución de continuidad).

Escena galante entre caballeros y damas del sur

Planos generales, descriptivos del ambiente, salpicados de planos detalles en perfecto ritmo; campo y contracampo definidos por el obligado eje de acción para no despistar al espectador; panorámicas; travellings y algún sencillo plano-secuencia y rótulos explicativos solo los necesarios.

Alta exigencia interpretativa a los actores, ojos que parecen salir de sus órbitas en el rostro atormentado de los negros. Maquillaje: el equipo tenía dificultad en encontrar actores de raza negra, pocos querían figurar en esta producción tan racista, por lo que tuvieron que embadurnar con alquitrán el cuerpo de actores blancos para parecer negros; efectos especiales, humo en los planos de guerra que ocultaba la escasez de soldados y escenas enteras coloreando los negativos fotograma a fotograma conforme a las exigencias de un guión que nunca existió, Griffith trasladó la acción de su cabeza al set de rodaje sin escribir una sola línea.

En definitiva, una película adelantada a su tiempo que marcó un antes y un después en la historia del cine.

2- El acorazado Potemkin (1925)
Serguéi Eisenstein (1898-1948), director de cine y teatro soviético, de origen judío, a los 25 años decidió poner fin a su carrera teatral para centrarse en otro arte de prestigio internacional: el cine; destacando de inmediato por sus innovadoras ideas sobre el montaje, muy alejadas del sencillo recurso de unir plano con plano; sus publicaciones técnicas tuvieron mucha influencia en los Estados Unidos. Fue el primero en dar más preferencia al factor social que a las características específicas de cada personaje; no contrataba actores; su mensaje, en esencia, daba preferencia a la participación y a la lucha de clases frente al poder establecido, preocupando hasta al mismísimo Stalin, que era muy consciente del poder del cine como medio de propaganda. Cuando años más tarde este director emigró a Hollywood tuvo que jurar la Constitución. El dictador comunista le declaró traidor a la patria.

El acorazado Potemkin destaca por sus innovadoras ideas sobre el montaje, muy alejadas del sencillo recurso de unir plano con plano.

Considerada en numerosas listas como la mejor película de la historia del cine, El acorazado Potemkin estaba destinada a transmitir los ideales de este joven cineasta sobre el poder dictatorial de los zares y, en su última etapa, de la dictadura comunista.

El cochecito del bebé bajando sin freno por las escaleras de Odessa

A Eisenstein le ofrecen liderar un proyecto llamado 1905, que tiene como objetivo dar visibilidad a la ola de protestas que paralizaron Rusia en dicho año. El director comienza su trabajo en Leningrado, rodando las escenas del amotinamiento de la tropa marinera a bordo del destructor, pero el mal tiempo obliga al equipo a modificar el plan previsto y trasladarse a Odessa; y es allí, ante la imponente visión de las célebres escaleras, cuando toma la decisión de desechar sus planes y centrar la trama en la popular escalinata de Odessa.

Eisenstein en un momento del montaje

192 escalones, 7 minutos de acción. La mejor lección, hasta la fecha, de montaje cinematográfico. Protagonista: el pueblo oprimido. No aparece ningún héroe de la resistencia, el ciudadano aislado no cuenta y, si lo hace, simplemente le lleva al desastre. Para muestra, el carrito de un bebé a la deriva, capaz de sobrecoger el corazón del espectador que va al cine a echar la siesta y a que le dejen tranquilo. Eisenstein y su acorazado es el tema sobre el que más tinta se ha gastado el periodismo de cine.

3- El gran dictador (1940)
Charles Spencer Chaplin (1889 – 1977), considerado el artista más polifacético de la industria cinematográfica, adquirió fama mundial gracias a Charlot, personaje de su invención sobre el que realizó múltiples películas. Todo un símbolo del humor en la época muda. Incansable obrero del cine desde la edad de 5 años, cuando apareció en escena sustituyendo nada menos que a su madre. Oscarizado en 1928 y 1972; candidato al Nobel de la Paz en 1948; Caballero de la Orden del Imperio Británico en 1975; estrella dorada en el Paseo de la Fama en Hollywood... por citar solo algunos reconocimientos de su interminable lista de premios.

Cuentan que un amigo de Chaplin le dijo que su Charlot se parecía físicamente a Hitler. Esta confidencia puso en marcha la mente creativa del cineasta.

En la tercera década del siglo pasado, la prensa internacional se hizo eco del ascenso de Adolf Hitler para liderar la Cancillería alemana, pero pocos vieron que se avecinaba un peligro social y el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial. Los comentarios no pasaban más allá del aspecto físico del peculiar personaje: el peinado, su diminuto bigote, sus ademanes grandilocuentes y su voz de pito.

Cuentan que un amigo de Chaplin le dijo que su Charlot se parecía físicamente a Hitler. Esta confidencia puso en marcha la mente creativa del cineasta. Comenzó a interesarse por la vida de Adolf ; descubrió que casi nacieron en el mismo día y le llegó la noticia de que Hitler le consideraba su actor preferido. Estudió detalladamente sus particulares ademanes, su forma de vestir y sus incendiarios discursos.

Benito Mussolini también es caricaturizado magistralmente por el gran Chaplin

Simultáneamente comenzó a crear una parodia sobre el político alemán, a la que puso como título El dictador; sin embargo, la Paramount le advirtió que ese título estaba ya registrado por ellos y que sería denunciado. Por esta razón, el cineasta británico, ya establecido en los Estados Unidos le añadió el término ‘gran’.

Antes de seguir, quiero hacer hincapié en que, a pesar del parecido, Charles Chaplin es la persona y Charlot el personaje; si existía algún parecido no se refería a él mismo sino a su popular creación; también quiso dejar patente en la película lo que él pensaba del futuro dictador.

El discurso final de hondo calado humanista que se debería enseñar en las escuelas de todo el mundo

Inventó un Estado al que llamó Tomania, gobernado por el esperpéntico dirigente Adenoid Hynkel, el cual, junto a sus colaboradores, habían empezado a preparar una ofensiva militar destinada a la conquista de todo el mundo. De esta manera, Hynkel se parecía a Charlot, y en sus discursos no paraba de decir charlotadas: hablaba de filetes empanados, morcillas de hígado, queso y galletas, con tono de arenga militar.

Paralelamente, creó otro personaje; también interpretado por Chaplin. Se trata de un veterano soldado de la I Guerra Mundial que regresa a la vida civil afectado de amnesia causada por un accidente de avión en combate. Este segundo personaje, barbero de profesión y de origen judío, es muy parecido físicamente al dictador. Y aquí la trama se enreda: el raspabarbas es confundido por el ejército con Hynkel (aconsejo al espectador que no haya visto la película que lo haga. Encontrará una forma magistral de narración fílmica sobre sucesivas confusiones); el dictador es apresado, confundido con el judío y éste, elevado al poder de Tomania.

Inicio del baile con el globo terráqueo

Dos escenas son inolvidables: el famoso baile de Hynkel con un globo terráqueo y el entrañable discurso final del falso Hynkel declarando el fin de la ideología nazi ante las masas; todo un canto a la libertad y a la esperanza. Fue el deseo que Chaplin quiso expresar pero pocos supieron o quisieron entender. A Hollywood le preocupaba más dedicarse a cazar brujas comunistas que a escuchar a ciudadanos de la talla de éste que nos ocupa, que con su arte, el cine en este caso, avisaron del peligro mundial que se avecinaba.

Fue la primera actuación en la que pudimos oír hablar a Charlot; hasta ese momento lo decía todo con sus gestos, su bastón y su forma de caminar.

Múltiples trabas se pusieron al estreno y a la difusión comercial de la película. En España no se pudo ver hasta 1975, simplemente estuvo prohibida. El merecido reconocimiento le llegó después, cuando Chaplin ya había decidido exiliarse en Suiza, tras pasar por el banquillo acusatorio del senador McCarthy. En el país helvético murió un día de Navidad.

Ángel Domingo Pérez

 

Comentarios

  1. Laura dice:

    Estupenda recopilación y magnífica sipnosis que nos acerca de otra manera al mundo político. Es un placer leer tus publicaciones.
    ¡Enhorabuena Ángel! Deseando leer la siguiente.
    Un saludo

  2. Patricia dice:

    Me encanta leerte lo bien que comentas . Un gran artículo sobre la política y el cine….

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