Mundo Yold. Nuestro crítico de cine nos recuerda la extraordinaria diversidad de condes Drácula en la historia del cine
Un príncipe con mil caras: Drácula

Recordamos con nuestro crítico de cine, Ángel Domingo, los rostros que han encarnado al más famoso conde de la historia del cine: el chupasangres Drácula. Desde la elegancia esteticista de Gary Oldman a la chabacanería grotesca de Chiquito de la Calzada, hay un sinnúmero de máscaras vampíricas. Hoy, en Gente Yold, bebemos sangre fresca con nuestro vampiro favorito.
Las leyendas sobre personajes que se alimentan de la fuerza vital de sus víctimas se remonta al origen de los tiempos. La mitología griega ya nos habló de seres como las sirenas o las lamias, que seducían a los marineros para ahogarlos en el fondo del mar y poderles robar su valentía.

Para muchos, Bela Lugosi ha sido siempre y será para la eternidad el mejor Drácula de la historia
Para encontrar al personaje del vampiro y su antepasado más antiguo del que tenemos constancia, hay que remontarse a 1819. El relato se titula El Vampiro y lo firma John Polidori. Medio siglo después apareció Carmilla, la versión femenina del mismo mito, firmado por Joseph Sheridan LeFanu en 1872.

Grabado que recrea un momento cumbre en el ataque de Carmilla, la vampira del siglo XIX
Tal vez, basándose en estos notables precedentes, Bram Stoker (1847-1912) publicó Drácula en 1897, que describió al personaje como una criatura seductora y maquiavélica. Este autor irlandés tuvo una vida tormentosa. Drácula y otras novelas que escribió no le reportaron beneficios económicos; murió pobre, lleno de deudas y con mala reputación en lo referido a su vida personal, a pesar de tener amigos como Oscar Wilde y Arthur Conan Doyle, que sí reconocieron su talento. Hoy son sus herederos, biznietos ya, los que recogen los beneficios que las obras literarias de su antepasado siguen reportando.

El enormísimo creador del mito, Bram Stoker (Photo by Hulton Archive Getty Images)
El vampiro debutó en la gran pantalla en 1922 a las órdenes de uno de los grandes pioneros de la historia del cine, F.W. Murnau; Nosferatu es una de las grandes joyas del cine mudo; de hecho, colocar en el título el nombre de Nosferatu fue sencillamente un truco para evitar problemas legales. La viuda de Stoker inició una cruzada para destruir todos los negativos que hubiera en la faz de la Tierra, misión en la que fracasó gracias a los coleccionistas privados que guardaron algunos rollos del negativo original.

Max Schreck encarnando al terrorífico, Nosferatu, sin duda el vampiro que produce más espanto
Así pues, este Drácula, junto a otras obras como El Gabinete del Doctor Caligari (Robert Wiene, 1920) o El Golem (Paul Wegener,1920) son valoradas como las mejores producciones de la etapa muda. Max Schreck, que interpretaba a Orlock en Nosferatu, era un actor semidesconocido y resultó tan brillante en su papel que durante mucho tiempo se dudó de su existencia real, pues hay quienes afirman que este actor era, realmente, un vampiro. Precisamente esta leyenda inspiró la reciente La sombra del vampiro (Elias Merhige,2000).

Vlad, el Empalador, personaje histórico en el que se inspiró el creador del mito
Al siniestro intérprete le sustituyó Bela Lugosi en Drácula (Tod Browning, 1931). Húngaro de nacimiento, Lugosi en su juventud fue teniente en la guerra ruso-húngara; cayó herido en tres ocasiones en los Cárpatos y en sus estancias hospitalarias, al parecer, una enfermera le contaba historias del conde. Supo otorgar al vampiro el aspecto seductor e hipnótico que resulta familiar a los aficionados. El filme convirtió a Lugosi en una estrella mundial adorada, sobre todo, por el mundo femenino; no fue el actor elegido en primer lugar para el papel, pero la repentina muerte de Lon Channey, hizo que Lugosi protagonizara finalmente al vampiro. El filme, paradójicamente, es una producción mediocre; de hecho, la versión en lengua española con Carlos Villarias haciendo el papel de Drácula resulta muy superior. Sin embargo la versión de Browning presume de contar con aspectos icónicos de la saga: la aparición de las tres novias del vampiro o frases repletas de ironía como “yo nunca bebo… vino”.

Christopher Lee fue uno de los Drácula más histriónicos
Años después, con elevadas dosis de violencia y erotismo, llegó el primer Drácula de la productora Hammer que, dejando al lado su maravillosa versión de Frankenstein, intentó llamar la atención del espectador abusando de escenas violentas acompañadas de elevadas dosis de sexo. La hipnótica presencia de Christopher Lee le otorgó distinción; este actor inglés, alto, sombrío y atractivo, descendiente de Carlomagno al parecer, y héroe en la II Guerra Mundial es el intérprete más reconocido en la saga. Ostenta el récord de ser el actor que más películas ha interpretado en toda la historia del cine, nada menos que 244. Muy conocido últimamente por El señor de los anillos, encarnando a Saruman el mago rival de Gandalf.

Cartel de Capitán Kronos, cazador de vampiros
La depravación alcanzó techo con Capitán Kronos, cazador de vampiros (Brian Clemens,1974). La Hammer, siempre dispuesta a conseguir el favor del público, observó que muchos adeptos, antes vampirescos, tal vez cansados de siempre lo mismo -colmillos, hilos de sangre sobre pechos escotados, crucifijos y estacas-, preferían deleitarse con posesiones demoníacas y exorcismos, y que rescatarlos era misión imposible, y de esta manera optó por algo así como de perdidos…al río! Y decidió deshacerse de Drácula a lo grande. ¿Quién mejor para este fin? El tiempo, que acaba con todo. De ahí, el nombre que inventó para el exterminador. Hay que reconocer que el filme no escatima imaginación ni recursos técnicos; por citar algunos, el magistral travelling circular que nos permite ver, desde todos los ángulos, el macabro ofrecimiento al vampiro de la virginal gitana Carla (Caroline Munro) y la sucesión de planos-contraplanos que resaltan la belleza de Kronos (Horgst Janson) y Carla.

Sharon Tate y Roman Polanski en una escena de El baile de los vampiros
Es posible que el macabro asesinato de la actriz Sharon Tate el 9 de agosto de 1969, por la satánica secta de los Manson, estuviera relacionado con su participación en el filme El baile de los vampiros (Roman Polansky, 1967). Estos iluminados pensaban que la película ridiculiza la figura del Maligno, cuando la realidad es que la cinta no pasa de ser una comedia ingenua y divertida sobre vampiros, una más del centenar de filmes sobre el tema vampírico.

Gary Oldman insufló humanidad y complejidad al Drácula más fiel a la novela original
Por otra parte, los seguidores de la obra literaria de Stoker siempre mostraron su desacuerdo con las versiones cinematográficas del vampiro, argumentando que el cine no se ajustaba al texto original. En 1992, Francis Ford Coppola prometió filmar un Drácula fiel al creador del personaje: Drácula, de Bram Stoker. Naturalmente, mintió.
Lo fundamental es que Coppola, desplegando hasta el delirio todas las posibilidades que ofrece el cine moderno, tanto técnicas como conceptuales, ofrece un espectáculo barroco, inventivo y exuberante. Una versión del mito totalmente imbuida del espíritu Dark y Gothic de los 90, que a veces debe más a la novelista Anne Rice y sus vampiros románticos, que al Drácula de Stoker. Romanticismo aparte, esta nueva adaptación cinematográfica es también una deliciosa recreación estética del final de la era victoriana, que bebe en artistas decadentes (Beardsley, Klimt, Munch, etc.). Subraya el erotismo reprimido de la época y estalla en momentos de belleza esplendorosa y sensual, engarzado a ritmo de videoclip y anuncio publicitario, que arrastra visualmente al espectador. Por otro lado, ¿a quién le importa, aparte de a los fans de Stoker, la fidelidad?
En nuestro país, el inclasificable Jesús Franco aprovechó el erotismo del personaje y rodó algunas cintas abarrotadas de violencia y sexo. Sustituyó el tétrico castillo por un confortable chalet y se inventó a Soledad Miranda, una llamativa vampira que toma el sol y un Drácula que solo bebe sangre de mujeres.

Cartel de la caricatura esperpéntica que perpetró de la Calzada
En tono jocoso, hasta nuestro humorista, recientemente fallecido, Chiquito de la Calzada, interpretó en 1997 Brácula (Condemor II), (Álvaro Sáenz de Heredia), que resulta un auténtico fistro y esperpento pecadooor de la pradera de principio a fin.
En el año 2014 Gary Shore presentó Drácula: la historia jamás contada, que resulta un batiburrillo de acción y terror cocinado con un sinfín de efectos especiales. Pretende humanizar al personaje histórico Vlad el Empalador, justificando que su caída en el vampirismo fue para obtener poderes que le permitan defender a su pueblo de una sanguinaria invasión turca; y él solo lo consigue. ¡Vaya, un Drácula superhéroe!
Finalmente, me pregunto: ¿cuál será la próxima? Porque el vampiro, al parecer, tiene cuerda para rato.
Ángel Domingo Pérez


Me super encantooooo, es increible la forma en que nos haces viajar por el personaje. He cruzado océanos de tiempo para encontrarte…y yo acá desde Argentina he cruzado oceanos para leerte. Y es un gran placer siempre! Seguiré atentamente tus publicaciones, adoro los viajes maravillosos a los que nos conducis!
Me super encantooooo, es increible la forma en que nos haces viajar por el personaje. He cruzado océanos de tiempo para encontrarte…y yo acá desde Argentina he cruzado oceanos para leerte. Y es un gran placer siempre! Seguiré atentamente tus publicaciones, adoro los viajes maravillosos a los que nos conducis!
Hola Nancy, es un placer escribir para lectoras tan amables como tú! te agradezco de todo corazón que hayas escrito un mensaje tan espontaneo y motivador! Te propongo algo: escribe otro comentario con un personaje omomento de la historia del cine y escribiré mi siguiente artículo sobre eso! besos desde el Viejo Mundo. Ángel Domingo Pérez