Mundo Yold. Hoy queremos recordar a dos mujeres geniales de vidas inspiradoras

Una increíble historia de matemáticas, poemas y amistad

 

 

 

Inés Almendros
7 marzo, 2022

Anna Akhmatova fue una de las poetas más famosas de Rusia. Olga Ladyzhenskaya, una de las más reconocidas matemáticas de la historia. Sus vidas estuvieron marcadas por la terrible persecución política que ambas sufrieron, lo que no les impidió llegar a lo más alto en sus carreras y mantener una sincera amistad. Olga y Anna compartieron un mismo secreto, un poema oculto, pues cuando el régimen estalinista censuró los versos de la poetisa, la matemática los memorizó en su privilegiada mente para que perdurasen…

En esta misma semana coincide el 100 aniversario del nacimiento de Olga Ladyzhenskaya –el 7 de marzo- con el Día de la Mujer, al día siguiente, el 8 de marzo. Es el momento perfecto para recordar esta gran historia de amistad e inteligencia protagonizada por dos mujeres rusas absolutamente extraordinarias, que destacaron como genios en sus respectivos campos, una en las ciencias, otra en la literatura. Pero Olga y Anna además compartieron una sincera amistad, admiración, y un peligroso secreto: el poema censurado que una de ellas escribió. Esta es su historia.

Anna en su juventud

Anna
Anna Andreevna Gorenko, más conocida por el seudónimo de Anna Akhmatova, nació el 23 de junio de 1889 cerca de Odesa, en una familia acomodada de la burguesía rusa, pocas décadas antes de la revolución soviética. Desde muy niña, con once años, comenzó a escribir poemas, demostrando una creatividad precoz que no era del todo bien vista por su familia. Su padre no quería ver su nombre en estas poesías infantiles, así es que, desde pequeña, la joven poetisa comenzó a firmar con el apellido tártaro de su bisabuela: Akhmatova.

Anna, su primer marido y su hijo

Gracias a la posición de su familia, Anna estudió derecho, latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo. En 1910 se casó con el poeta Nikolái Gumiliov y dos años después tuvo a su único hijo, Lev Gumilyov. Tras la separación de su marido, entre los años 1912 a 1922, Anna publicó cinco libros de poemas con enorme éxito y popularidad. Sus poesías eran leídas por multitudes, y ella era considerada una escritora fresca, joven y brillante. Por esa época viajó por Europa y se relacionó con algunos de los más importantes artistas e intelectuales de las vanguardias, entre ellos, Modigliani, con quien mantuvo un romance, y que la pintó algunos retratos. Su belleza era muy celebrada y en esos años Anna tuvo numerosos admiradores y amantes. En 1918 se divorció y contrajo matrimonio con el también escritor Vladimir Shileyko, del que se separaría en 1921, y al año siguiente, en el 1922, se casó por tercera vez con Nikolay Punin, su último marido, de quien también se separaría finalmente en los años treinta.

Entre los años 1912 a 1922, Anna publicó cinco libros de poemas con enorme éxito y popularidad.

La llegada, en 1917, de la Revolución Rusa, cambió radicalmente la vida de la escritora. Su familia fue despojada de todas sus pertenencias, sus amigos perseguidos: en 1921, su primer marido y padre de su hijo, Nikolái Gumiliov, fue acusado de conspiración y fusilado. Sería la primera de las muchas muertes entre sus seres queridos.

La poeta y su hijo

Sin recursos, la poeta comenzó a realizar traducciones para sobrevivir. Con el paso de los años, el terror político en la Unión Soviética avanzaba y la situación se tornaba cada vez peor. En 1925 su obra fue censurada. Pese a que había formado parte de los intelectuales que apoyaron la revolución, su marido, Nikolay Punin fue arrestado, así como su hijo, Lev Gumilyov. Durante la época de Stalin, ambos entraron y salieron varias veces de prisión. La mayor parte de los intelectuales que se relacionaban con la pareja fueron encarcelados, asesinados, exiliados o silenciados. Aunque desde entonces Anna vivió amenazada, nunca abandonó su país, pese a los consejos de los amigos que la animaban a irse, y a sus propios deseos de hacerlo. Consideraba que irse de Rusia era una traición, y así lo escribió en algunas de sus poesías.

Retrato de la escritora

Sus libros fueron eliminados de las bibliotecas. Anna fue expulsada de la Unión de Escritores Soviéticos.

Aunque las autoridades levantaron brevemente la censura de su obra, a mitad de los años cuarenta Akhmatova volvió a ser acusada por el Comité Central del Partido Comunista, que catalogó sus poemas como “individualistas, burgueses, frívolos, contrarios al espíritu de la revolución”, y de nuevo los prohibió. A ella se le dedicaban insultos como “puta y a la vez monja”. Sus libros fueron eliminados de las bibliotecas. Anna fue expulsada de la Unión de Escritores Soviéticos, lo que implicó perder el derecho a la cartilla de racionamiento, y por tanto, también a la comida más básica.

El abrigo de Punin colgado como homenaje en el museo que conserva recuerdos de la escritora

En 1949, Lev Gumilyov y Nikolay Punin fueron nuevamente arrestados. Punin moriría en 1953 en un campo de prisioneros; para entonces, el matrimonio se había separado, aunque mantenía su amistad. Lev, el hijo de Anna, pasó años preso, y solo fue liberado en 1956. La prisión y la separación constante entre madre e hijo tuvieron otra consecuencia, y es que ambos se distanciaron para siempre. Cuando recuperó la libertad, Lev acusó a su madre de no haber hecho lo suficiente para ayudarle. Realmente, Anna luchó durante años por ayudar a su hijo, pero lo cierto es que su situación no era fácil; censurada y señalada por el régimen, sus intentos por ayudar a Lev solo empeoraban más las cosas. 

Olga

Olga
Olga Aleksandrovna Ladyzhenskaya
nació el 7 de marzo de 1922  -hace ahora cien años- en Kologriv, una pequeña ciudad en la región de Kostroma, en el noreste de Moscú, en los primeros años del régimen soviético.

Su padre Aleksandr Ivanovich Ladýzhenski era un profesor de matemáticas que había pertenecido a una antigua familia de nobles, venida a menos con la revolución. De él, heredó el talento por los números, algo que demostró desde muy niña. Pero al igual que Anna, la familia de Olga cayó en desgracia cuando Aleksandr fue acusado de traición, arrestado y ejecutado en 1937. Su familia quedó apartada de la sociedad, hasta el punto de que a las hermanas de Olga las expulsaron de la escuela. Afortunadamente, ella pudo terminar sus estudios. Sin embargo, se le prohibió el acceso a la Universidad de Leningrado, pese a sus excelentes calificaciones.

La familia de Olga, antes del asesinato de su padre

Con muchas dificultades, Olga continuó estudiando en el Segundo Instituto Pedagógico de Leningrado, tras lo cual regresó a su ciudad Kologriv, para trabajar como profesora de matemáticas. Finalmente, superando todo tipo de obstáculos provocados por el régimen, y gracias a sus incontestables méritos, pudo por fin completar la carrera universitaria en Moscú y ejercer de profesora universitaria. Por esta época contrajo matrimonio con el también matemático Andrey Kiselev, pero la decisión de Olga de no tener hijos acabó separando a la pareja. Olga permanecería soltera el resto de su vida.

Finalmente, superando todo tipo de obstáculos provocados por el régimen, y gracias a sus incontestables méritos, Olga pudo por fin completar la carrera universitaria en Moscú y ejercer de profesora universitaria.

Durante los años cincuenta, Ladyzhenskaya trabajaba en la Universidad de Leningrado. Fue entonces cuando conoció al también matemático Vladimir Ivanovich Smirnov, que sería uno de sus grandes amigos durante casi treinta años. En esa época, Vladimir frecuentaba la localidad de Komarovo, a 50 km del centro de Leningrado (San Petersburgo), junto al Golfo de Finlandia; Komarovo había sido una encantadora ciudad de verano durante el imperio, y fue redescubierta por numerosos artistas e intelectuales de distintos ámbitos -desde compositores o físicos, hasta cineastas, bailarines o matemáticos-, durante la Unión Soviética. En este ambiente culto y retirado también Anna –custodiada por algunos amigos que la ayudaban en su mala situación- pasaba largas temporadas. Fue allí donde ambas se conocieron y comenzaron su larga amistad.

Doodle que Google le dedicó a Olga hace algunos años

En aquel relajado entorno, Olga disfrutaba de las lecturas recomendadas por Anna, y de los amigos poetas de la escritora, como Anatoly Nayman, Joseph Brodsky (más tarde premio Nobel), Evgeny Reyn o Dmitry Bobyshev. Por su parte, a Anna le fascinaba la vitalidad e inteligencia de su joven amiga. Olga se compró un automóvil, y ambas disfrutaban de sus paseos en coche. Anna le dedicó a Olga su poesía Víborg.  Durante años, la amistad entre Anna y Olga fue de apoyo y admiración mutua, compartiendo momentos relajados en Komarovo, pero también la tortuosa persecución que la literata seguía sufriendo, ya que por entonces sus textos seguían prohibidos; ella era considerada una autora “subversiva” y su hijo continuaba en la cárcel. Muchos años después, disuelta ya la Unión Soviética, en 1993, se descubrió que las autoridades llevaban décadas espiando a Anna. En los archivos oficiales había cientos de documentos y archivos dedicados a ella, basados en denuncias, escuchas telefónicas, confesiones de allegados, etc.

Olga con su marido

El poema
Hagamos un nuevo salto en el tiempo, para volver hacia atrás, a 1935, cuando el hijo de Anna, Lev, fue encarcelado por primera vez. Después de días de visitarle en la prisión, la poeta comenzó a escribir el que sería su más famoso poema, Réquiem. Tardó cinco años en componer plenamente esta obra –en realidad es un grupo de poesías-, en la que narraba el desgarrador dolor de las madres, esposas e hijas cuyos hombres eran prisioneros o morían en la persecución. Hoy, Réquiem está considerado como una de las grandes obras de la literatura rusa.

Olga era muy aficionada a la naturaleza. La imagen probablemente fue tomada en Komarovo

Regresemos a los años cincuenta, cuando Anna y Olga compartían amistad en Komarovo. Por aquel entonces, los textos de la poeta seguían censurados y sus libros prohibidos. En medio de las continuas amenazas y con su hijo aun en la cárcel, Anna decidió quemar todos sus manuscritos inéditos, ya que podían suponer una amenaza para su vida y para la de su hijo. Especialmente Réquiem, que era una auténtica oda de protesta política.

Fragmento del Réquiem de Ana Ajmátova, recitado por Luisa Pastor

Pero antes de destruir los manuscritos del Réquiem, Anna se aseguró de que sus versos pervivieran de alguna manera. Para ello, los leyó ante un escaso grupúsculo de amigos de total confianza, que hicieron el ejercicio de memorizarlos. Una de estas personas fue Olga, quien conservó el texto en su privilegiada cabeza durante años. Pero, además, la matemática convenció a Anna para que leyese y grabase el poema. Y así lo hizo: antes de destruir totalmente su obra, Anna realizó una grabación histórica del Réquiem, que permaneció oculta al mundo entero más de veinte años. Solo después de morir, la grabación se hizo conocida, y así ha llegado hasta nosotros.

La voz de Anna recitando el Réquiem se hubiera perdido si no fuera por el consejo de Olga

Un descanso compartido
En sus últimos años, y aunque la censura de la Unión Soviética seguía impidiendo la publicación de buena parte de su obra, Anna pudo disfrutar, al menos, del reconocimiento internacional, y se le permitió viajar a otros países, donde se reencontró con amigos de la juventud y recibió distintos premios. Fue dos veces nominada al Nobel, en 1965 y en 1966; pero falleció en marzo de este último año, lo que truncó esta segunda nominación en la que era favorita para recibir el galardón. Tuvieron que pasar muchos más años para que sus obras completas –entre ellas, el Réquiem– vieran completamente la luz en su propio país (fue en 1987, poco antes de la disolución de la Unión Soviética).

La única foto que existe de Olga y Anna juntas, tomada sobre 1960

Por su parte, Olga Ladyzhenskaya sobrevivió 38 años a su amiga, y recibió en vida los máximos reconocimientos y honores. Sus trabajos sobre la teoría de ecuaciones diferenciales, y la hidrodinámica se consideran piezas claves para el desarrollo de la física matemática moderna. Fue miembro de pleno derecho de la Academia Rusa de Ciencias y también de otras instituciones internacionales, y recibió todo tipo de premios, entre ellos la Gran Medalla de Oro Lomonosov. Muchos de sus estudiantes se convirtieron en matemáticos también reconocidos, así es que dejó una larga estela de herederos de sus conocimientos. Falleció el 12 de enero de 2004 en San Petersburgo.

Olga, en su apartamento, poco antes de fallecer

Tanto Anna como Olga fueron enterradas en el Cementerio de Komarovo, la verde localidad en la que se conocieron y donde se forjó su amistad. Komarovo forma parte del Patrimonio de la Humanidad de San Petersburgo, porque allí reposan los restos de numerosos intelectuales que también residieron en la zona. Las tumbas de Anna y Olga se encuentran cerca la una de la otra, velando el descanso eterno de dos mujeres geniales, que aportaron su grandeza e inteligencia al mundo a pesar de las dificultades y la adversidad.

 

 

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