Mundo Yold. Consejos y recomendaciones para relacionarnos sanamente con nuestros mayores

Unos consejos para gestionar la relación con nuestros mayores

 

 

 

Inés Almendros
18 febrero, 2022

A todos nos ha pasado alguna vez: intentando cuidar y proteger a nuestros mayores, acabamos discutiendo con ellos. Es fácil que perdamos los nervios, a sabiendas de que esto no ayuda nada, y que solo empeoramos la situación. Gestionar el proceso de la ancianidad de nuestros padres o mayores no es fácil, por eso hoy hemos recopilado algunos de los mejores consejos para ayudar a llevar la situación.

Es ley de vida: aquellos que nos enseñaron y ayudaron a caminar, hoy deben caminar de nuestra mano. Ver a tus padres envejecer es un proceso natural, triste, pero feliz al mismo tiempo, porque ello indica que el tiempo ha trascurrido de forma natural. Es, además, una fase que define la fase de nuestro mundo yold, en la cual vemos cómo nuestros hijos crecen, y de alguna forma “van para arriba”, mientras que nuestros padres “van para abajo”. Mientras que nosotros estamos en el medio, con la responsabilidad, muchas veces, de tener que ocuparnos de ambos a la vez.

El envejecimiento , el proceso más natural de nuestra vida

En cada persona y en cada caso, la ancianidad se vive de una forma totalmente diferente, que depende de millones de factores, aunque el más importante tal vez es la lotería genética de cada cual. Todos los que tenemos la enorme fortuna de disfrutar de nuestros padres o de nuestros mayores -sea cual sea nuestro parentesco o afinidad- sabemos que cada uno es diferente: unos rebosan salud, otros están más delicados; hay personas muy fáciles de llevar, mientras que otros son casi imposibles. La situación de cada cual también marca prioridades: unos están solos, y dependen más de nuestra compañía. Otros siguen en pareja y son más autónomos. Su estatus económico, su forma de vida, la nuestra propia… Cada factor determina la convivencia y el trato con nuestros ancianos. Pero en la mayoría de los casos, sea durante mucho o durante poco tiempo, en nuestra relación, habremos de enfrentarnos a situaciones complicadas y difíciles que pondrán a prueba nuestra paciencia. Por eso, es importante intentar gestionar esta fase lo mejor posible.

Ver a tus padres envejecer es un proceso natural, triste, pero feliz al mismo tiempo.

El cambio de roles, somos nosotros quienes ahora tendremos que cuidarles a ellos

Negociar con los mayores, un aprendizaje necesario
Cuando nuestros padres se hacen mayores, hay un proceso psicológico fundamental: el cambio de roles entre ellos y nosotros. Los padres, que fueron nuestros guías, protectores y educadores, los que mandaban en casa, ahora son la parte débil y vulnerable, y deben aceptar nuestra guía, decisiones y protección.  Evidentemente, no es fácil para nadie esa trasformación. Además, el envejecimiento, no solo el declive físico progresivo, sino el advenimiento de inquietudes propias: dudas, inseguridades, temores… Al ver que, progresivamente pierden las facultades, y que necesitan cada vez más ayuda, los mayores tienen miedo de convertirse en un estorbo para sus hijos, y de perder su independencia y libertad. Habrá quienes soliciten más ayuda de la necesaria, y sin embargo, otros todo lo contrario. Pero es importante atender y escuchar a cada uno en su forma de expresar sus nuevas necesidades. La manera en la que asumamos nuestro nuevo papel como “protectores”, y la comunicación que tengamos con ellos, será fundamental para que salga bien o mal.

Estas son algunas pautas que los profesionales nos dan para que las relaciones hijos con padres mayores, sean lo más fluidas posibles:

Habrá un momento en que necesitemos ayuda para cuidarles

Respeta su razón y dignidad. En primer lugar, desde el momento en que nos convertimos en cuidadores y/o supervisores de nuestros mayores, debemos tener claro algo: nuestros padres van perdiendo facultades, y progresivamente, el proceso empeorará. Pero -salvo que lleguen a situaciones límites- siguen siendo adultos y dueños de su voluntad. Aunque veamos que se equivocan, que podrían hacer mejor las cosas, siguen teniendo su razón y juicio que no hay que desestimar, al contrario: hay que hacerles ver que les respetas como siempre, que valoras sus razones y autoridad. Recuérdales que, pese al cambio de papeles, tú sigues necesitando su apoyo y experiencia: pídeles consejos, pregúntales… Es importante que sepan que ellos siguen siendo un faro imprescindible de tu vida.

Hacer que se sigan sintiendo importantes, otro factor imprescindible

Saber escoger las batallas. Aceptando el punto anterior, el siguiente paso es comprender que tendremos muchas decisiones que negociar con ellos. Por tanto, conviene seleccionar muy bien las batallas y ceder en los aspectos más llevaderos. Por ejemplo, no es tan importante que se pongan una y otra vez sus viejos zapatos favoritos, aunque se vean deslucidos. Pero sí lo es convencerles de que tienen que cambiar la bañera por una ducha. Centrémonos en esta última discusión y evitemos más debates de los que, de por sí, saldrán.

Debemos hacer que se sientan cómodos cuando charlemos con ellos: siéntate a su lado, háblales despacio, deja tiempo para que ellos te hablen a ti.

Deja tiempo y espacio para la comunicación. La forma de hablar con nuestros mayores resulta esencial para el entendimiento. Sus facultades auditivas, y en general, la comunicación, les resultará más difícil cada vez, por eso debemos hacer que se sientan cómodos cuando charlemos con ellos: siéntate a su lado, háblales despacio, deja tiempo para que ellos te hablen a ti. Deja que terminen de argumentar por sí mismos, sin que tú les termines sus frases. Busca un lugar tranquilo, sin ruidos, sin la televisión. Fomentar un diálogo en buenas condiciones, será una de las mejores ayudas para un buen entendimiento.

El cariño y la paciencia, la mejor medicina

Acuérdate de cuando ellos te guiaron a ti. Piensa en cuando tus padres te educaron: utilizaron para ello el cariño y la paciencia, porque eras pequeño, porque te necesitaban. Cariño y paciencia son, precisamente, las mejores herramientas que ahora tu puedes utilizar para ayudarles a ellos; deben ser nuestros recursos más continuados cuando perdamos los nervios.

Compartir nuestro cariño y nuestro tiempo con nuestros mayores será su mejor regalo y una excelente forma de mejorar la relación.

Pequeños “chantajes emocionales”. Las generaciones de nuestros padres suelen ser tan abnegadas que, en muchas ocasiones, estarían más dispuestas a claudicar por el bien de sus hijos, que por el suyo propio. Por eso, en algunas situaciones, podemos convencerles para que hagan cambios haciéndoles ver que el beneficio será tanto para ellos, como para vosotros. Por ejemplo, “si aceptáis que alguien venga a cuidaros a casa, nosotros estaríamos mucho más tranquilos”. Es decir, pequeños chantajes emocionales con la fórmula básica de: “papá, no lo hagas por ti, hazlo por nosotros”.

‘Un momento tierno’, pintura al óleo de Gaetano Bellei, una bonita obra sobre el amor a nuestros mayores

Compartir buenos momentos. Compartir nuestro cariño y nuestro tiempo con nuestros mayores será su mejor regalo y una excelente forma de mejorar la relación: comidas, encuentros familiares, viajes, celebraciones… También lo es fomentar, buscar y compartir actividades de su agrado, que le hagan divertirse y encontrarse bien, como pasear, volver a sitios importantes para ellos, ver fotos de la familia, visionar juntos películas de su época, ayudarles a escribir sus memorias, o hacer un álbum de recuerdos, por ejemplo.

No te castigues a ti mismo. En el nuevo proceso que ahora comenzáis es fácil caer en el error, seguramente tendrás fallos y desencuentros por el camino. Pero no te castigues por ello: tratar con los mayores no siempre es fácil, y en ocasiones se torna muy difícil. Si la situación se complica verdaderamente, no dejes de buscar apoyo para ti (o para vosotros). Puede ser, desde apoyo terapéutico para canalizar tus sentimientos, a apoyo profesional, de cuidadores o instituciones. Algo, esto último, que normalmente, en algún momento tendrá que llegar. Nadie puede cuidar de nadie, si no tiene también recursos y apoyo para ello. Es imposible cuidar bien de alguien, si no se cuida al cuidador.

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