Cine Yold. Desde el sombrero hongo de Charlot al elegante tocado de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes, damos un paseo por los complementos más cinematográficos

Perderás la cabeza pero nunca el sombrero

Angel Domingo
14 febrero, 2022

A los sombreros, considerados parte del vestuario de una película, dedica su artículo de hoy nuestro crítico de cabecera, Ángel Domingo. ¿Nos acompañas a curiosear algunos de los tocados más famosos del cine?

Por lo general, en las películas de época, los departamentos de ambientación, utilería y vestuario consumen parte importante del gasto de producción. También en estos departamentos trabajan artistas cuyos nombres no son lo suficiente conocidos, exceptuando alguno en particular.

-El mítico sombrero Fedora de Indiana Jones. En busca del arca perdida (Steven Spielberg, 1981).

Si hablamos de un personaje que lleva sombrero, látigo, cazadora y cara de Harrison Ford, todo el mundo sabe que hablamos del doctor Jones (junior, por supuesto). Jamás perdió el sombrero por muy arriesgada que fuera la escena, ¿sabéis cuál es el truco? Se grapaba el sombrero a la cabeza antes de rodar la escena, increíble pero cierto.

-El bombín clásico de Alex. La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971).

Inolvidables también las extensiones de pestañas de “pintura de guerra” del actor protagonista, Alex McDowell. El bombín fue el sombrero tradicional de los caballeros de la ciudad de Londres. Stanley Kubrick lo eligió como símbolo del líder de la despreciable banda de drugos que inventó Anthony Burgess en su novela y que el director destacó con numerosos primeros planos durante su filmación.

-El bombín real. El discurso del rey (Tom Hooper, 2010). 

Son numerosos los sombreros dignos de mención que aparecen en esta película. Tal vez el más interesante fue el bombín real que se colocó en la cabeza el británico Colin Firth cuando interpretó al monarca Jorge VI durante el episodio más crítico de su reinado, que resolvió con un emotivo discurso realizado con la ayuda del extravagante logopeda Lionel Logue, interpretado por Geoffrey Rush, al que recompensó otorgándole el nombramiento de doctor.

El viejo sombrero hongo de Charles Chaplin en El chico (Charles Chaplin, 1921).

En los Keystone Studios de California, “el rey de la comedia” está rodando una película. El actor recién contratado entra en un polvoriento almacén que sirve de guardarropa. Esta será su segunda película y quiere renovar su vestuario. Años más tarde contará que el vestido creó al personaje y que cuando volvió a entrar en el set había renacido. Una metamorfosis perfecta. Nada podrá parar a este joven artista que pronto cumplirá aquello que le anunció a la Estatua de la Libertad, cuando llegó de gira con la compañía de Fred Karno: “¡América, vengo a conquistarte!”. Muy lejos están ya los muros de las fábricas que le deprimían de niño y los días fríos de neblina en el patio de un hospicio londinense con olor a manteca rancia. No obstante, en nada de eso piensa cuando se siente atraído por este bombín de fieltro, pequeño, sucio y arrugado. Él aún no lo sabe, pero este sombrero no es un simple objeto. Charlie llegará a ser el hombre más famoso del mundo, pero este bombín, negando su existencia subordinada, llegará a convertirse en una perfecta sinécdoque del gran cómico. Pronto, la simple visión de este sombrero servirá para evocar las más locas carreras de la historia del cinematógrafo, o un delicioso baile de panecillos, un disparatado almuerzo de bota vieja en su salsa, o una delirante danza siniestra con la bola del mundo.

-El galera o sombrero de copa que lleva Gary Oldman para disfrazarse de caballero en Drácula de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992).

De la elección de este sombrero dependía el éxito de Gary Oldman para encarnar a un personaje tan icónico, y Coppola pretendía apartar al conde de la figura extraña y oscura con que la novela le describía. Coppola quería hacer de su Drácula un distinguido caballero; ¿qué mejor solución que coronar su testa de un sombrero solo utilizado por las grandes personalidades de la época?

-El sombrero de caballería de Robert Duvall en Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979).

De fabricación italiana en algodón. ¿Seríamos capaces de recordar una expresión tan desquiciada como “me gusta el olor del napalm (explosivos) por la mañana” si el actor que la pronuncia, además de tener el carisma de Robert Duvall, no adornara su cabeza con un sombrero, tal vez pasado de moda, pero que le otorga la serenidad de saber que, durante la guerra, su palabra era ley en aquel inhóspito territorio?

-La gorra irlandesa de El hombre tranquilo (John Ford, 1952).

El hombre tranquilo es una película repleta de amor, humor y, por supuesto, de gorras irlandesas. Ya desde el comienzo vemos aparecer a John Wayne, el alter ego de John Ford, con su gabardina colgando del brazo y la encantadora gorra irlandesa. Además, estas gorras nunca se pasarán de moda, pues ¿existe alguna otra prenda que sea capaz de proteger a su portador del frío y de la lluvia típica de la campiña inglesa?

-La típica gorra Gatsby de Robert Redford en El golpe (George Roy Hill, 1973).

¿Quién no se dejaría engañar por un galán como Robert Redford luciendo una visera corta y estrecha? Estos sombreros favorecen especialmente a los rostros ligeramente redondeados, por lo que se trata de un complemento idóneo, tanto para los hombres como mujeres. Es precisamente por ello que es un modelo perfecto para utilizar a diario y resulta muy combinable. Este tipo de gorra no es muy popular entre el público femenino, aunque cada vez más mujeres se atreven con ella. Julia Roberts, aparte de ser una de las actrices de sonrisa más espectacular, es una de las famosas que llevan esta gorra de manera habitual y con el estilo que le caracteriza.

-El sombrero Borsalino de Ingrid Bergman en Casablanca (Michael Curtiz, 1942).

¿Se puede ser más atractiva que Ingrid Bergman en la mítica película de Michael Curtiz? El salto a las pantallas de cine multiplicó la proyección del modelo Borsalino. Estos sombreros los usaban mucho los inmigrantes italianos que hicieron fortuna en América. Entre ellos estaban, por supuesto, los mafiosos. Cuando los cineastas comenzaron a explotar estos personajes representaron a todos los gangsters tocados con un Borsalino. El gran icono de todos ellos es el italo-estadounidense Al Capone. Echar un vistazo a sus fotografías y comprobar la diferente impresión que genera cuando lleva sombrero respecto a cuándo va con la cabeza descubierta ayuda a entender el peso que tuvo este complemento. El cine captó bien esta diferente percepción y se enamoró del producto estrella de la sombrerería de Alexandría, mostrado en infinidad de películas y ensalzado también en un filme como Casablanca (Michael Curtiz, 1942).

Tres de los más famosos tocados lucidos por Hepburn en My fair lady

-Y si hablamos de belleza y glamour solo puedo cerrar este artículo con el Givenchy negro de Audrey Hepburn, observando cada mañana la célebre tienda Tiffany de Nueva York en Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961).

Y, como curiosidad, contaré que Audrey, recién llegada a París para grabar esta película preguntó ¿quién es el mejor diseñador de París? El señor Givenchy, le contestaron, y rápidamente localizó su taller en una de las principales avenidas de la capital francesa. “Señor Givenchy, mi nombre es Audrey Hepburn, estoy en París para rodar una película y quiero que usted diseñe mi vestuario. No me engañe señorita, usted es demasiado joven para ser la Hepburn” (naturalmente, el diseñador conocía a Hepburn, pero no Audrey, sino a Katherine). La joven Audrey, frustrada por no poder demostrar que ella era una actriz importante comenzó a llorar, y el diseñador vio posibilidades en aquella desconocida joven para promocionar su última colección. “Está bien, busque en mi taller lo que necesite, aunque le advierto que nada es nuevo”. Audrey no tardó en descubrir un elegante tocado parisino que, tras su aparición en la película, se convirtió en icónico.

Ahora que ya conocéis los sombreros más conocidos del Séptimo Arte, espero que compréis el que más os guste.

Ángel Domingo Pérez

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

  1. Nancy dice:

    Es increible como un detalle puede ser protagonista y marcar la diferencia. ME SACO EL SOMBRERO! EXCELENTE NOTA

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