Yoldilandia. Cuando soltamos lo peor de nosotros mismos a través de las redes sociales

Valientes que te disparan con el teclado

Inés Almendros
21 abril, 2017

Violaciones que se comparten on line, twitteros que celebran la muerte de políticos, haters que amenazan a feministas, insultos a destajo entre derechas e izquierdas, taurinos y anti taurinos, veganos y no veganos… Sí: las redes sociales nos han traído muchas cosas buenas, pero también han generado un mundo digital paralelo al real, donde pelear y soltar nuestro mal rollo y agresividad, acurrucados en el sofá. ¿A quién le benefician estas guerras digitales? Lo vemos.

Aquellos que tenemos ya unas décadas sabemos de sobra lo que significaba decir un insulto en público allá por los años setenta: había un 90% de posibilidades de que te llevaras una buena colleja por parte de tu padre, de tu madre, del profe, el cura, la vecina o tu hermano mayor. El caso es que la colleja caía casi fijo…

Los tiempos han cambiado una barbaridad, y también para esto. En las últimas décadas, hemos pasado de ser un país carente de las más importantes libertades, a disfrutar de un amplio margen de actuación en muchos aspectos, sobre todo, en el de la expresión. Este hecho, junto con la revolución tecnológica que supone internet, y la aparición de las redes sociales, ha permitido la democratización plena de la opinión: prácticamente ya todo el mundo puede decir lo que piensa, lo que opina y lo que siente a través de foros, Facebook, Twitter, o en los miles de medios de comunicación que nos dan la posibilidad de opinar y compartir nuestros vídeos, fotos o impresiones. Pero las redes, que nos permiten intercambiar comunicación, fotos, ideas, aficiones y mil cosas más, también tienen su lado malo. Por eso, en los últimos tiempos contemplamos en ellas una imparable sucesión de agresividad dialéctica, violencia explícita, mal gusto, pésima educación, y contenidos en general violentos y negativos, que las convierten, muchas veces, en una cloaca.

Wutausbruch im Bro

El asunto se ha vuelto cada vez más importante, hasta el punto de que en los últimos tiempos se han hecho célebres las noticias de la twittera Casandra, demandada y condenada por la audiencia a un año en prisión; algo que a su vez ha generado otra ola de debates, polémicas y de nuevo insultos y más insultos entre quienes están a favor y piensan que debe haber límites en la libertad de expresión, y los que están en contra de la decisión de la justicia y esgrimen que volvemos a los tiempos de la censura, y se plantean porqué los tribunales se centran en estos actos, y no condenan otros asuntos que seguramente son más importantes para todos nosotros, como por ejemplo, los conocidísimos casos de corrupción política. ¿Acaso sirven estas polémicas como maniobras para -precisamente- desviar la atención de los asuntos trascendentes? ¿Hay algo de verdad en esto? No somos capaces de afirmarlo, pero sí podemos asegurar que el tiempo, esfuerzo y energías que entre todos gastamos en polémicas y trifulcas digitales sí benefician a algunos, mientras que, sin duda, perjudican la imagen y el planteamiento positivo de las redes sociales.

La polémica encarnizada genera audiencias y otros beneficios
En nuestro mundo del siglo XXI, la polémica se ha convertido en una de las mejores formas de recaudación para los medios de comunicación. En televisión, los debates siempre han formado parte de las programaciones, pero hasta hace algunos años se mantenía en los mismos un tono bastante más moderado. El grado de apasionamiento del debate televisivo ha ido elevándose conforme las cadenas han ido apretando al máximo todos sus recursos para hacer más caja. En la actualidad, cuanto más fogoso, exacerbado y encrespado sea el debate -da igual que sea político, que del corazón-, más posibilidades tiene de generar audiencia. Y la audiencia, no hay que olvidarlo, siempre es dinero.Internet Troll sitting at the computer. Vector illustration without gradients. White background

En cuanto a los medios de comunicación escritos, su incorporación a internet les ha hecho abrir su forma de opinión a todo el mundo, en los mismos artículos o en su publicación en las redes sociales. Por eso, las nuevas audiencias ya no se miden solo por ejemplares vendidos, sino por la participación del público, por los seguidores que El País, El Mundo o El Confidencial tienen en su web, y por supuesto, en su Facebook y en su Twitter; también, por el número de clics, o “me gustas” que provocan las publicaciones que cada medio hace en estas redes sociales. ¿Y cómo conseguir cada vez más participación en una publicación? Una de las formas para conseguirlo es fomentar la polémica, la discusión, el debate y el enfrentamiento. En resumidas cuentas: sacándonos a todos nuestro lado más visceral y peleón. Los nuevos medios de comunicación nos encizañan bastante a todos para entrar al trapo. Y lo cierto es que lo entramos a él.angry evil troll using a computer

Esta es una de las razones por las cuales últimamente leemos tanta bronca, y muchas veces con el peor de los estilos en las redes sociales, que muchas veces sin darnos cuenta, convertimos entre todos en una auténtica cloaca de malas formas y educación. Pero hay otros factores que ayudan a ello: Facebook puede parecer una estupenda forma de desahogarse y soltar improperios. El supuesto anonimato que da estar sentados en nuestro sofá nos “envalentona”, hasta el punto de que decir cosas que no seríamos capaces de mencionar en público… Y luego están los “haters” y “trolls”, esos personajes de las redes que se dedican a incendiar, provocar, insultar… debido a vaya usted a saber qué problema psicológico o neuronal y a los que muchos no pueden evitar contestar. El extremo lo ocupan seres humanos realmente enfermos, como los pandilleros de Chicago que, hace unos días, lanzaron el vídeo de una violación en Facebook, que además fue compartido y que nadie denunció hasta pasadas bastantes horas. ¿Nos estamos volviendo locos?Violacion en FAcebook

Lo cierto es que, entre unos y otros, a veces convertimos las redes en un espacio digital tóxico, ejemplo auténtico de comportamientos indeseables, con una atmósfera nauseabunda, y que no dice nada bueno de nuestra sociedad. Como los padres que van a un partido de fútbol infantil y salen a bofetadas.

El vacío legal existente en la mayor parte de los países, que hace hasta ahora impunes la mayor parte de estas publicaciones, acabará desapareciendo… Alemania ha sido el primer país en anunciar que prepara una legislación con multas millonarias para aquellas publicaciones que incluyan contenidos delictivos, incluyendo incitación al odio o calumnias. Pero sin necesidad de que hubiera que recurrir a medidas judiciales, todos deberíamos empezar a tomar cartas en el asunto; la sociedad debería comenzar a educarse también a la hora de participar en las redes sociales para hacerlo con la misma actitud social y educada que casi todos solemos utilizar en público. Pensemos además en la gente joven, en los chavales: menudo ejemplo les damos si leen Facebook o el Twitter. Ser un valiente difamador detrás de un teclado no es convertirse en un héroe, es justo lo contrario. Es momento de concienciarse.Portrait angry business man working on the laptop. Negative human emotion face expression

Tics para cuando no te puedes aguantar

Seguramente nos ha pasado a más de uno: estás leyendo una noticia de una famosa que lo mismo ni te va ni te viene. Luego bajas la vista y ves un comentario de una fulana que le dice a la susodicha  famosa: “eres gorda y estúpida, vete a fregar”; entonces, incluso aunque la famosa te de lo mismo, se te enciende la sangre y ardes en deseo de contestar a esta fulana, insultándola mucho mejor y mucho más…

Pues bien, para estos momentos y algunos más, en los que no nos podemos controlar las ganas de insultar más fuerte y mejor, hemos recopilado unos pequeños tics mentales, que seguro te ayudarán:

Hacer caso a un idiota es una idiotez. Encontraremos millones de comentarios groseros y estúpidos en la red. No podemos lidiar con todos ni evitar que haya tanta gente capaz de escribirlos. Además, gran parte de los que opinan así buscan justo eso: provocar para que alguien les siga la corriente. No seas tú.

Expresa su opinión sin insultar ni ofender. Es más fácil escribir “imbécil” que argumentar una opinión en contra. Además, un insulto, una descalificación, resulta mucho más polémico, incisivo e hiriente. Pero en el fondo no estamos poniendo a nadie en su sitio, sino descalificándonos a nosotros mismos. Utilizar el recurso fácil para tener razón es la mejor forma de demostrar que no estamos siendo, precisamente, razonables.

Cuenta hasta diez. Es lo que harías si por ejemplo te enfadas en un lugar público: evitar estallar, conservar la calma. Pues a veces es mejor hacerlo antes de soltar una burrada por escrito. Haz ¡ohmmm! y evita entrar en la polémica. En un rato te sentirás mejor que si lo hubieras hecho.

Si vas a polemizar, hazlo en tu “recinto privado”. No es lo mismo opinar, y hasta calumniar, dentro tu propio muro de Facebook, con la seguridad convenientemente ajustada, que hacerlo en un espacio público y abierto, como podría ser por ejemplo el muro de un medio de comunicación, o el twitter de un personaje popular. En el primer caso, estás dentro de tu ámbito privado, en el segundo no. Con todas las consecuencias.

Aunque creas que eres anónimo, no lo eres. Justo, al contrario. Las redes sociales están cada vez más controladas, como hemos sabido por los últimos casos de denuncias, como ha sucedido con la famosa twittera Casandra y tantos más. Aunque borres el post ofensivo, alguien puede haber hecho una captura de pantalla que puede quedar para siempre. Por cierto, muchas empresas de empleos revisan las redes sociales antes de escoger al candidato.

 

Inés Almendros

 

 

 

 

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