Gente Yold. La apasionante biografía de la madre de Justin Trudeau

Margaret Trudeau, una vida loca

Inés Almendros
5 abril, 2017

Apuesto, interesante, inteligente… el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, es uno de los hombres de moda. Pero los que somos yold todavía nos acordamos de su madre, Margaret Trudeau: una de las figuras más populares de los años setenta, que pasó de la gloria al escándalo con una amplia dosis de sexo, drogas y rock and roll. Hoy, recuperada de sus trastornos mentales, es una anciana y serena dama.

 

Justin Trudeau es, sin duda, uno de los hombres del momento: un defensor de los valores humanitarios que, en pleno auge de extremistas como Donald Trump, se ha destacado por defender a las minorías, y abrir las puertas a los refugiados, entre otras muchas cosas.

Claro que de casta le viene al galgo; y es que Trudeau es hijo de dos de los personajes más carismáticos de los años 70 y 80, que precisamente se hicieron famosos por defender las libertades, cada uno a su manera, y bien distinta… Su padre, Pierre Elliott Trudeau, fue uno de los más importantes políticos canadienses de la historia contemporánea. Primer ministro entre 1968 y 1979, y entre 1980 y 1984, está considerado como uno de los padres de la moderna Canadá. Su madre, Margaret Joan Sinclair, más conocida como Margaret Trudeau, también fue una de las grandes personalidades de la época, aunque por razones diferentes. Convertida en la esposa más joven y bella de un político importante, acabó como protagonista de innumerables escándalos y como atractiva representante hippy y nocturna, llevada por una ardorosa rebeldía que generó toneladas de chismes y escándalos varios. Sus idas y venidas en el pacato mundo de aquellos años, donde las mujeres apenas si empezaban a ser un poco más libres y visibles, supusieron una auténtica revolución. Páginas y páginas, tanto de papel couche como de periódicos más serios, se escribieron con sus andanzas. Con los años se supo que Margaret no sólo era una rebelde: su desenfreno se debía, también, a una dolencia de trastorno bipolar que se tardó años en diagnosticar.

Una hippy de familia bien

Hija, esposa y madre de políticos, Margaret nació en Vancouver en el seno de una familia de prestigio. Su padre era James Sinclair, que había sido diputado y Ministro de Pesca. Su madre, Doris Kathleen (Bernard) Sinclair, heredó la belleza trazada a costa de generaciones viajeras con sangre inglesa, escocesa, francesa, holandesa y malaya. Fue durante unas vacaciones familiares en Tahití cuando la joven conoció al entonces ministro Pierre Trudeau, católico de izquierdas, solterón empedernido, que tal y como confesaría más tarde, quedó literalmente prendado de ella. Posiblemente había más factores que les separaban de los que les unía: él era 30 años mayor que ella, católico y de costumbres conservadoras; ella, una especie de hippy de buena familia, y con mucho que vivir-, pero el amor (sobre todo el de él) triunfó ante las diferencias. Tras un noviazgo en privado, decidieron contraer matrimonio en 1971. Para entonces Trudeau se había convertido en el Primer Ministro de Canadá. El mundo asistió con bastante sorpresa al enlace entre el premier de 51 años y la bella nueva primera dama, que solo tenía 21.

Durante los primeros años de su matrimonio, cuando eran una pareja modelo

Durante los primeros años de su matrimonio, cuando eran una pareja modelo

Al principio de su matrimonio, la pareja deslumbraba en sociedad: pese a la diferencia de edad, ambos emanaban un aire fresco, un progresismo real, muy de los años 70, con carisma, juventud, inteligencia… El primer ministro y su joven esposa simbolizaban una nueva forma de hacer y mostrar política, a lo que contribuía la propia imagen de Margaret, quien aportaba el toque de belleza y cierta innata elegancia, que algunos compararon con la de Jacqueline Kennedy. Durante esa época viajaron y se relacionaron con los grandes personajes de la época, desde el Presidente de los Estados Unidos, a la Reina de Inglaterra o Fidel Castro… y todos mostraban su sintonía y admiración con la atractiva pareja. Del matrimonio nacieron tres hijos Justin, en 1971, que hoy es el primer ministro; Alexandre Sacha, en 1973 y el pequeño Michael en 1975.

Con su hijo Justin, que claramente ha heredado el carisma y personalidad de sus padres

Con su hijo Justin, que claramente ha heredado el carisma y personalidad de sus padres

Pero las apariencias engañaban: lo cierto es que los problemas de la pareja habían empezado poco después de casarse. Margaret llevaba mal las ausencias de su marido que vivía para y por el Gobierno de la Nación. Su espíritu libre, su juventud, su ansia de aventura, su rebeldía innata, mezclados con lo que posteriormente sería diagnosticado como trastorno bipolar, la hicieron pasar de fulminante primera dama, a protagonista de escándalos de cada vez mayor calado. Primero fueron los rumores de que Margaret fumaba hierba -algo totalmente prohibido en aquel entonces-; que lo hacía sin reparos en la residencia del premier o en los coches oficiales, delante de sus escoltas. Luego empezaron sus salidas nocturnas a las discotecas de moda, especialmente Estudio 54, donde fue muchas veces retratada. Aparecieron los amantes, que fueron muchos, como ella misma declararía posteriormente, y no precisamente discretos. Ted Kennedy a Jack Nicholson, Ryan O´Neal o el famoso periodista Gerardo Rivera… tuvieron aventuras con la bella Trudeau, con más o menos discreción por parte de la prensa. Hasta que llegaron los Rolling Stones y se armó el gran escándalo: en febrero de 1977, Keith Richards fue arrestado en Toronto por tenencia de heroína, lo que significaban unos años de cárcel; en ese momento Margaret tenía un affaire con Ron Wood. Las relaciones de la esposa del primer ministro con el grupo de rock trascendieron y saltaron a la prensa. Con los años, se dijo también que Margaret también había tenido relaciones con Mick Jagger y el propio Keith Richards. Ron Wood la recordaría después en sus memorias.

El numero de los Stones fue el escándalo más grande que la ex Primera Dama llegó a protagonizar.

Su affaire con Ron Wood fue el escándalo más grande que la ex Primera Dama llegó a protagonizar

Living la vida loca

Aunque el primer ministro había sabido gestionar y disimular con una gran habilidad política los asuntos de su mujer, finalmente solicitó el divorcio: la pareja se separó en ese mismo año. Pierre Trudeau se quedó con la custodia de los hijos y, más enloquecida que nunca, Margaret se entregó, con mayor frenesí, pero menos medios económicos a la vida loca. Durante años se dedicó a salir, dar entrevistas, escribir sus memorias y hasta participó en dos películas. A los 33 años ya había escrito ¡dos biografías! en las que relataba, con pelos y señales, todos los detalles de sus correrías. En 1984, la noche de la derrota electoral de su marido, fue fotografiada bailando alegremente en Estudio 54, una foto que terminó de destrozar su imagen, porque su marido, incluso ante sus opositores, era un tipo respetado.

Después de su separación, para costear su sofisticada vida, se dedicó a hacer entrevistas y biografías sobre su sofisticada vida.

Después de su separación, para costear su sofisticada vida, se dedicó a hacer entrevistas y autobiografías

Del infierno al descubrimiento del trastorno bipolar

Ese mismo año, en 1984, tras obtener el divorcio oficial de su exmarido, Margaret contrajo nuevamente matrimonio con el magnate inmobiliario Fried Kemper, con quien tuvo otros dos hijos: Kyle y Alicia. Durante un tiempo se mantuvo estable con su nueva familia, pero en 1998, la desgracia llamó a la puerta y despertó al monstruo que permanecía tranquilo. Michael Trudeau, el menor de los hijos que tuvo con Pierre, falleció en la Columbia Británica mientras practicaba deportes de invierno, debido a un alud. La noticia sumió a Margaret de nuevo en una depresión y la llevó de nuevo a las drogas, al alcohol y a acabar con su segundo matrimonio.

Hoy en día, Margaret se dedica a actos sociales

Hoy en día, Margaret se dedica a actos benéficos en países en vías de desarrollo

Tras una nueva época de crisis y decadencia, Margaret se puso en manos de especialistas para tratar sus problemas de depresión, descubriendo así que gran parte de los mismos se debían a que padecía un trastorno bipolar: una enfermedad mental que lleva a quienes la sufren a cambiar de estado de ánimo de forma radical, pasando de la euforia a la depresión aguda, en horas o días. Una dolencia desconocida incluso para muchos de los propios afectados, que intentan encontrar solución mediante las drogas y el alcohol, lo cual evidentemente, complica todavía más las cosas. El descubrimiento cambió su vida: inició rutinas completamente diferentes y, con la ayuda de terapia y especialistas, Margaret ha podido, en los últimos tiempos, asentarse y encontrar la paz.

Hoy en día, con 62 años, lleva a sus espaldas una muy intensa vida, con un presente pleno y de gran serenidad. Se dedica a trabajar para la organización WaterCan, que ayuda a las comunidades más pobres en países en desarrollo para construir instalaciones de agua potable. También trabaja para dar a conocer su enfermedad, y de hecho, su último libro fue Changing my life, un manual en el que explica la forma en la que tuvo que enfrentarse al trastorno bipolar. Ha visto a su hijo ocupar el mismo lugar que su marido, y ella hace muchos años ya ha preferido mantenerse en un segundo plano.

La vida da muchas vueltas, pero lo de Margaret Trudeau ha sido, sin duda, una verdadera noria, con un viraje final hacia la paz.

 

Inés Almendros

 

 

 

 

 

 

 

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