Mundo Yold. Recordando a la autora de Memorias de África, Karen Blixen

“Yo tenía una granja en África…

Redacción Yold
23 marzo, 2019

 Número de Comentarios (0)

al pie de las colinas de Ngong”. De esta forma mágicamente evocadora comienza una de las historias autobiográficas más sinceras, poéticas y atemporales de la literatura: Memorias de África. Hoy, en Gente Yold, recordamos a su autora, Karen Blixen, y las peripecias novelescas de su vida y obra.

Escritora, pintora, aristócrata, gourmet, agricultora, jardinera… así era la multifacética Karen Blixen, una mujer fuerte y rebelde, que se enfrentó a su familia y el entorno social más encorsetado para vivir su vida de la forma más libre y aventurera posible.

La joven Karen antes de su aventura africana

Y empezó bien prontito a crecer a su aire, en su Dinamarca natal, cuando ya de bien pequeña sorprendía a su familia con su vena de escritora incipiente, llenando páginas y páginas de fantásticas historias llenas de dragones, princesas y mundos lejanos.

Con uno de sus preciosos galgos

También se enfrentó a su familia cuando, en 1903, anunció su intención de estudiar arte en la Academia Real de Copenhague y empezó a publicar sus primeros cuentos.

Karen continuó pintando en sus años en Kenia

Muy joven decidió casarse con su primo para huir del yugo familiar y, de paso, convertirse en baronesa. Su marido, el barón Bror Blixen-Finecke, era el hermano gemelo de aquel del que se había enamorado en su adolescencia.

Cartel de la maravillosa película de Sidney Pollack

Una vida de película, una película de su vida
Se casó en Nairobi, adonde no había tenido inconveniente alguno en viajar sola cargada con sus baúles, su porcelana china y sus galgos. Es precisamente en el tren que la lleva a la ciudad keniata donde conoce al gran amor de su vida, el inglés Denys Finch Hatton, en una escena inolvidable de la maravillosa película Memorias de África (Sidney Pollack, 1986).

En sus años felices con Finch Hatton

Era 1931. La baronesa no sabía que permanecería “al pie de las colinas de Ndong” nada menos que diecisiete años; no sabía que sería realmente dura su experiencia como cultivadora de café en las llamadas “tierras altas” del país; no sabía que viviría un romance intenso y feliz con Finch Hatton (interpretado en la película por Robert Redford, cuya belleza bajo el cielo africano está grabada a fuego en la retina de la humanidad cinéfila entera); no sabía que entablaría relaciones cercanas y afectuosas con los kikuyus que trabajan en su granja, muy especialmente con Farah, con el que mantuvo una amistad que cultivó con cartas y cartas durante años (a él dedicó el primer capítulo de Sombras en la hierba, las segundas memorias africanas); y tampoco sabía que su matrimonio iba a ser una gran fuente de sufrimiento emocional y también físico, pues su marido le contagió la misma enfermedad que causó el suicidio de su propio padre, al que Karen adoraba. Fue la terrible sífilis y su ruina económica en la granja keniata la que finalmente la obligaron a volver a la casa familiar en Dinamarca.

Con Denys Finch Hatton compartió su amor por la poesía, África y la libertad

Un incendio, una serie consecutiva de pésimas cosechas, la débil salud de la Leona (así la llamaban los kikuyus) y el fin de su relación con Finch Hatton, determinaron a Karen a malvender su amada granja.

El Museo Karen Blixen cercano a Nairobi

Para poner el broche final trágico a esta fase de su vida llegó la noticia de la muerte del que ya era su ex amante, mientras pilotaba su avioneta. Denys está enterrado, según sus deseos, en las colinas de Ndong.

Con Farah y su hijo, durante una visita de su madre a la granja

Alimentando la leyenda de su aventurero amante, Karen escribió este pasaje inolvidable: “Después de que me fuera de África, Gustav Mohr me escribió contándome una cosa muy extraña que había sucedido en la tumba de Denys, nunca había oído nada semejante. `Los masai´, me escribió, `han informado al Comisionado del Distrito de Ngong que muchas veces, al alba y al crepúsculo, han visto leones en la tumba de Finch Hatton en las colinas. Un león y una leona han aparecido allí y se quedan de pie, o se echan, en la tumba durante mucho tiempo´”.

 

Con los sirvientes que trabajaban en la granja (Farah, a la izquierda)

Un seudónimo masculino para poder publicar
De regreso en su hacienda familiar en Rungsetlund, a 26 kilómetros de Copenhage, pasó años y años de encierro voluntario escribiendo. “Por las tardes comencé a escribir cuentos de hadas y relatos fantásticos que me llevaban lejos, a otros países y a otros tiempos“, recuerda.

La escritora se convirtió en una especie de leyenda viviente, envuelta en un misterio fomentado y adornado por ella misma.

Las editoriales rechazaron la publicación de Siete cuentos góticos, y Karen adoptó un seudónimo masculino, Isak Dinesen, para probar suerte y seguir la estela de otras mujeres, como George Eliot o George Sand, que se encontraron con el rechazo a su obra por su condición femenina.

 

Retrato en el que resaltan los vivos ojos de Karen y su carácter resuelto y determinado

La recopilación de cuentos, escrita en inglés, se publicó finalmente en Estados Unidos, con inmenso e inesperado éxito. El nombre real de la autora no se conoció hasta tres años después, con la publicación de Lejos de África (o Memorias de África, según la traducción). Con este segundo éxito, la escritora se convirtió en una especie de leyenda viviente, envuelta en un misterio fomentado y adornado por ella misma, por su enclaustramiento en Dinamarca, y por sus curiosas excentricidades.

Karen pasó años y años escribiendo en su casa danesa sin apenas salir

Así la describe su amigo Truman Capote, en su altamente recomendable Música para camaleones:La baronesa, que pesa como una pluma y es tan frágil como un puñado de conchas, recibe a sus visitantes en un salón amplio y resplandeciente, salpicado de perros dormidos y calentado por una chimenea y una estufa de porcelana; en el salón, como creación imponente surgida de uno de sus propios cuentos góticos, está sentada ella, cubierta de peludas pieles de lobo y tweeds británicos, con botas de piel, medias de lana en sus piernas, delgadas como los muslos de un hortelano”.

Su fama alcanzó la cumbre cuando en 1959 hizo una gira de meses por los Estados Unidos. Llenó teatros, asistió a fiestas en su honor, firmó libros a miles y recibió halagos de lectores y colegas. Ernest Hemingway, por ejemplo, dijo que Isak Dinesen merecía el Premio Nobel de Literatura, galardón que estuvo a punto de ganar en dos ocasiones.

Con Marilyn, tras la cena que compartieron y en la acabaron bailando sobre la mesa

También en Estados Unidos vivió un episodio curioso y divertido. A la también estupenda escritora Carson Mccullers, que admiraba su obra, Karen le expresó su deseo de conocer a Marilyn Monroe. Mccullers y Monroe habían sido vecinas y tenían un amigo común, Truman Capote.

Karen y Marilyn congeniaron tanto que -según se cuenta- ambas acabaron bailando encima de una mesa.

Mccullers propició un encuentro en su casa al que acudió también el dramaturgo Arthur Miller. Karen y Marilyn congeniaron tanto que -según se cuenta- ambas acabaron bailando encima de una mesa.

-“Marilyn irradiaba una ilimitada vitalidad y una especie de increíble inocencia. Sólo había visto algo parecido en un cachorro de león que me mostraron en África mis sirvientes nativos…”, escribió Blixen con cariño.

África sigue presente en mil detalles de la casa de la escritora en Dinamarca, hoy convertida en museo

La forma libre de narrar de Karen seduce como una Sherezade que se mueve entre lo gótico y lo maravilloso.

Sherezade en África
-“En realidad, tengo tres mil años y he cenado con Sócrates. Descubrí muy pronto a Shakespeare, y ahora siento que la vida no sería nada sin él”. La forma libre de narrar de Karen seduce como una Sherezade que se mueve entre lo gótico y lo maravilloso, y envuelve al lector en ambientes fantásticos, míticos y fuera del tiempo. Una escena de la película Memorias de África recrea esta notable capacidad mágica del relato oral, cuando Meryl Strep, que encarna a Karen, cuenta un relato a Finch Hatton tras cenar a la luz de las velas:

Los jarrones de flores de Karen
La escritora consideraba a las flores como uno de los milagros de la vida y dedicó buena parte de su tiempo a crear arreglos sorprendentes, lejos de la ortodoxia, en los que combinaba el tallo más delicado de invernadero con vegetales de huerto o flores silvestres. Así, sus enormes ramos exhiben la más exquisita rosa junto al más salvaje brote de hinojo silvestre.

La escritora con un ramo tan alto como ella

Karen se inspiró en dos grandes jardineras famosas en su época: la también escritora Vita Sackville-West, cuyo jardín en Sissinghurst era un verdadero espectáculo y la muy admirada, Gertrude Jekyll.

Escritorio en la casa familiar de Rungsetlund con la recreación de uno de sus espectaculares arreglos florales

Muchas composiciones florales de la pintura flamenca fueron también motivo de inspiración. Su buen amigo y profesor de arquitectura, Steen Eiler Rasmussen, realizó numerosas fotos de sus jarrones y gracias a sus imágenes ahora se pueden reproducir sus ramos y adornar con ellos el Museo Karen Blixen de Rungstedlund, donde se pueden contemplar, entre muchos recuerdos de los años en Kenia, el cofre que le regaló Farah, su sirviente y amigo somalí.

En Rungsetlund, rodeada de sus recuerdos

En el jardín, bajo un inmenso árbol, reposan los restos de Karen, que falleció el 7 de septiembre de 1962, a los 77 años de edad.

-“Aunque yo sé una canción de África… de la jirafa y de la luna nueva africana tendida de espaldas, de los arados en los campos y de los rostros sudorosos de los recolectores de café, ¿sabrá África una canción sobre mí? ¿Vibrará el aire en la llanura con un color que yo he llevado, o los niños inventarán un juego en el cual esté mi nombre, la luna llena proyectará una sombra sobre la grava del camino que era como yo, o me buscarán las águilas de Ngong?”.

Sí, Karen, vibra el aire y suenan canciones con tu nombre cada vez que tus lectores te leemos, aquí, ahora y en las colinas de Ndong.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies