Mundo Yold. Una pionera que desafió las normas
Amalia Figueredo: la mujer que conquistó los cielos de Sudamérica

En 1914, Amalia Celia Figueredo se convirtió en la primera aviadora de Sudamérica, marcando un hito en la historia de la aviación. Su pasión por volar desafió las normas de una época en la que las mujeres apenas comenzaban a abrirse camino en terrenos dominados por hombres. Sin embargo, las exigencias sociales de su tiempo la alejaron de los cielos, dejando un legado brillante pero truncado que hoy seguimos admirando.
Amalia Celia Figueredo nació el 18 de febrero de 1895 en Rosario, Argentina, en el seno de una familia de clase media. Era hija de Honoria Pereyra y Faustino Figueredo, y desde pequeña demostró ser una niña curiosa y tenaz. A la edad de cinco años, su familia se trasladó a Buenos Aires, donde Amalia comenzó a formarse académicamente.
Lo que muchos no saben es que, antes de convertirse en aviadora, Amalia fue una mujer multifacética con intereses variados. Estudió obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, una carrera que en aquella época también era poco común para mujeres. Además, fue alumna del prestigioso Conservatorio Fontova, donde desarrolló su amor por la música. Esta combinación de talentos revela el carácter curioso y perseverante de Amalia, quien nunca temió explorar diferentes caminos antes de encontrar su verdadera pasión.
Esta rosarina no solo rompió barreras de género, sino que abrió el camino para que muchas más soñaran con las alturas
Fue en su juventud, mientras vivía cerca del aeródromo de Villa Lugano, cuando comenzó a soñar con los cielos. Este lugar se convirtió en su punto de encuentro con la aviación, y poco a poco, esa curiosidad inicial se transformó en una vocación. Su vida cambiaría por completo tras conocer a dos figuras clave: el francés Paul Castaibert, constructor de aviones, y Jorge Newbery, el aviador más reconocido de Argentina en ese momento.
El nacimiento de una aviadora
En 1914, Amalia tuvo la oportunidad de realizar su primer vuelo de bautismo junto a Jorge Newbery. Este momento marcó un antes y un después en su vida: quedó absolutamente fascinada por la sensación de volar y decidió que ese sería su futuro. Sin embargo, los desafíos no tardaron en aparecer.
Amalia comenzó su formación con Paul Castaibert, pero el monoplano utilizado para entrenar tenía una sola cabina, lo que dificultaba enormemente el aprendizaje en vuelo. Para una mujer en 1914, con un acceso limitado a recursos y apoyo, estas complicaciones técnicas podían haberla desanimado. Pero Amalia era incansable. Decidió cambiarse a la Escuela de Aviación de San Fernando, donde continuó su preparación en biplanos Farman-Gnome bajo la supervisión de Marcel Paillete. Allí, demostró que no solo tenía habilidad, sino también la resiliencia necesaria para triunfar en un ámbito dominado por hombres.
El 1 de octubre de 1914 se convirtió en la primera mujer aviadora de Argentina y de Sudamérica. Todo un logro
El camino no fue fácil. En septiembre de 1914, durante uno de sus primeros intentos de examen, Amalia sufrió un accidente debido a un fallo mecánico. En lugar de abandonar su sueño, redobló esfuerzos. Finalmente, en la mañana del 1 de octubre de 1914, Amalia subió al biplano Farman de 50 caballos de fuerza para ubicarlo en la pista, ante la atenta mirada de los dos examinadores del Aero Club Argentino. Resolvió sin problemas dos pruebas que consistían en hacer ochos en el aire. Una vez resuelto, debía elevarse y apagar el motor para bajar planeando. La maniobra de Amalia no fue perfecta, pero se aproximó mucho a la altura que se había determinado para mantenerlo en planeo.
Tras las felicitaciones de los examinadores, Figueredo recibió su licencia de piloto aviador, conocida como ‘brevet’ internacional, otorgada por el Aero Club Argentino. Esta licencia no solo la convirtió en la primera mujer aviadora de Argentina, sino también en la primera de Sudamérica. ¡Un logro histórico!
Un talento apagado por las exigencias de la época
Más allá de sus hazañas en los cielos, Amalia Celia Figueredo tuvo una vida personal que refleja las duras restricciones que enfrentaban las mujeres de su tiempo. En 1915, apenas un año después de haber obtenido su licencia de piloto y haberse convertido en la primera aviadora de Sudamérica, decidió dejar la aviación al casarse con Alejandro Carlos Pietra, un destacado empresario. Juntos formaron una familia y tuvieron dos hijos: Blanca Noemí y Rodolfo Carlos. Aunque su rol como madre y esposa fue central en su vida, queda un halo de tristeza al pensar en cómo las expectativas sociales de la época truncaron una carrera que prometía ser extraordinaria.
Apenas un año después de haberse convertido en la primera aviadora de Sudamérica, decidió dejar la aviación, al contraer matrimonio
En 1928, tras la muerte de su esposo, Amalia enviudó y nunca volvió a volar: decidió dedicarse por completo a la crianza de sus hijos. Este sacrificio, si bien habla de su fortaleza y amor por su familia, también resulta una pérdida para la historia de la aviación. Amalia tenía el talento, la determinación y la pasión para convertirse en una figura aún más prominente en la aeronáutica argentina e internacional. Sin embargo, su sociedad no estaba lista para permitir que las mujeres como ella pudieran equilibrar una vida profesional ambiciosa con sus responsabilidades familiares.

Pese a su retiro, Amalia siempre mantuvo vínculos con la comunidad aeronáutica y recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su vida. Sus hijos y nietos, orgullosos de su legado, siempre destacaron su talento y determinación.
Un legado que perdura
El legado de Amalia Figueredo no pasó desapercibido. En 1964, la Cámara de Senadores de la Nación le rindió homenaje, destacándola como un ejemplo de valentía y patriotismo. Posteriormente, en 1970, se le otorgó el título de Precursora de la Aeronáutica Argentina. Pero el reconocimiento más emotivo llegó en 1972, cuando el aeródromo de Cosquín fue bautizado en su honor, inmortalizando su nombre en un espacio directamente relacionado con su pasión.
El legado de Amalia Figueredo no pasó desapercibido, recibiendo gran cantidad de premios y homenajes a lo largo de su vida
A pesar de estos homenajes, Amalia siempre fue una persona sencilla y reservada. Nunca buscó la fama; para ella, el verdadero valor de su hazaña radicaba en inspirar a otras mujeres a romper barreras y perseguir sus sueños.

Amalia falleció el 8 de octubre de 1985 en Buenos Aires, dejando tras de sí un ejemplo imborrable de coraje y determinación. Sus descendientes han continuado recordándola, no solo como la aviadora pionera que cambió la historia, sino como una mujer apasionada que supo equilibrar sus sueños con el amor por su familia.
Amalia y el impacto en las mujeres sudamericanas
La influencia de Amalia Figueredo trascendió las fronteras de Argentina. Su ejemplo animó a otras mujeres sudamericanas a incursionar en profesiones y actividades que hasta entonces les estaban vedadas. En un momento donde la aviación era una actividad de alto riesgo y exclusividad masculina, Amalia demostró que las mujeres eran igualmente capaces de conquistar los cielos.

Hoy, su historia sigue siendo una fuente de inspiración, especialmente para aquellas que enfrentan obstáculos similares en su camino hacia sus sueños. En su época, Amalia no tuvo referentes femeninos en la aviación; en cambio, decidió convertirse en uno para las futuras generaciones.
¿Conocías la historia de Amalia? ¿Sabías que fue la primera aviadora sudamericana? Hoy en Gente Yold celebramos su vida y legado, y te invitamos a compartir tus pensamientos en los comentarios o en nuestras redes sociales. ¡Nos vemos muy pronto!




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