Mundo Yold. Recordamos a la revolucionaria bailarina rusa

Anna Pavlova, la bailarina que revolucionó el mundo del ballet

Carmen Matas
9 junio, 2020

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Anna Pavlovna Pavlova fue una de la más grandes bailarinas de todos los tiempos y la viva imagen de la conocida danza La Muerte del Cisne. Te contamos como pasó de vivir prácticamente en la miseria durante su infancia, a convertirse en una leyenda.

La bailarina más famosa del mundo, Anna Pavlova, dedicó por completo su vida al ballet y se convirtió en una de las bailarinas más importantes de todos los tiempos. Debido a su figura delgada y de apariencia delicada y etérea, rompió con el estereotipo de bailarina fuerte y robusta que existía a finales del siglo XIX. Su papel en El Lago de los Cisnes es el más famoso de todos, pero también actuó en obras célebres como Giselle, Las Sílfides, y Coppélia, entre otras.

Retrato coloreado de la gran bailarina

Hoy en Gente Yold te hablamos de esta fabulosa bailarina, que fue aclamada en todo el mundo.

Decenas de miles de kilómetros en giras
Anna Pavlova nació en la ciudad rusa de San Petersburgo el 31 de enero de 1881, en el seno de una familia con pocos recursos. Su vida es, de este modo, especialmente admirable. No solo acabó convirtiéndose en una de las mejoras bailarinas de la historia, sino que lo hizo a pesar de haber luchado contra la pobreza y la adversidad. Sin duda, la de Pavlova es una historia única.

Bailando en la obra Chopiniana, en Nueva Zelanda (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

No solo acabó convirtiéndose en una de las mejoras bailarinas de la historia, sino que lo hizo a pesar de haber luchado contra la pobreza y la adversidad.

Se inició en la danza con tan solo diez años, en la Escuela de Ballet del Teatro Mariinsky de la ciudad rusa, con maestros como Pavel Gerdt, Christian Johansson y Eugenia Sokolova. Tras siete años de duro entrenamiento y un régimen intenso, que superó airosa, Pavlova debutó por fin en el Teatro Mariinsky (Opera Imperial rusa). Tras su debut, los periódicos hablaron así de ella: “Flexible, llena de vida y apasionada, grácil y delicada. Cuando Anna Pavlova baila cambia el estado de ánimo del teatro. Pavlova, una nube se cierne sobre la tierra, una llama parpadeante, una hoja de otoño, impulsada por una ráfaga de viento helado, su talento es superior a todo”.

‘El cisne’ abraza a un cisne

En 1905, cuando fue invitada a participar en una gran función benéfica, pidió a su amigo Michael Fokin qué pieza musical podía bailar. Éste le propuso El cisne, de Saint-Saens. Es así como nace el solo de ballet más famoso de todos los tiempos: La Muerte del Cisne.

Siempre aclamada en sus debuts
Se dice de ella que ha sido la artista moderna que más ha viajado por el mundo. Se calcula que a lo largo de su sensacional carrera, que duró aproximadamente 20 años, la bailarina recorrió más de 500 mil kilómetros en sus giras, que abarcaron prácticamente todo el planeta: Estados Unidos, Canadá, México, América del Sur, Sudáfrica, Europa y Oriente.

Fue la intérprete del solo de ballet más famoso de todos los tiempos: La Muerte del Cisne.

En cada ciudad en la que la artista bailaba era aclamada y ovacionada. Fue el caso de su primera aparición en Londres, en 1910, en el Teatro Victoria Palace, donde se la denominó la artista del siglo”.

En su casa de Inglaterra

La misma línea siguió su debut en París, con el Ballet Ruso de Diaghileff: fue una actuación triunfal. Más tarde vino la memorable primera aparición en Nueva York, el 1 de marzo de 1910, en el Metropolitan Opera House. Tras este debut, un crítico de Nueva York llegó a declarar que una actuación como la de la rusa nunca había sido vista sobre un escenario en el país norteamericano.

Solicitada por grades personalidades
Anna Pavlova era proclamada por sus admiradores como la mejor de las bailarinas vivas. Su aparición en los escenarios, ya fuera en Tokio o Nueva York, era un despliegue de ovaciones sin fin. El paso del tiempo no atenuó el brillo de su nombre ni la exquisita técnica de su baile. Pocas veces en la historia un artista ha podido disfrutar en su propia piel de los reconocimientos y honores por parte de su público como Pavlova lo hizo.

Con Charles Chaplin

Antes de la Primera Guerra Mundial, Anna bailó ante grandes emperadores como Francisco José I de Austria y Guillermo II de Alemania. También monarcas como el rey Alfonso XIII de España y los reyes de los belgas sucumbieron ante los encantos de la bailarina rusa.

A su regreso a Rusia, después de su primera gira estadounidense en 1910, el Zar Nicolás II la convocó en palacio para felicitarla personalmente. En las crónicas de su vida, la bailarina asegura que ese día el zar le dijo “a pesar de todo lo que he escuchado sobre tu maravilloso Baile del Cisne, lamento no haberlo visto nunca”.

Se dice que durante su primera aparición en París, la gran actriz Sarah Bernhardt, de la que también hablamos en este artículo, ayudó a que su triunfo fuera notable.

Vestida de fiesta

Revolucionó el mundo de la danza
Pavlova cambió para siempre la concepción que a finales del siglo XIX existía de las bailarinas. Por más que nos pueda sorprender, en 1890 las bailarinas del Teatro Mariinsky lucían un físico aparentemente fuerte, con una constitución poderosa, musculosa y compacta. Pavlova, en cambio, era delgada, de apariencia delicada y etérea, perfecta para los papeles románticos como Giselle. Sus pies eran extremadamente arqueados, tanto es así que reforzó sus zapatillas de ballet -denominados ‘puntas’- agregando un pedazo de cuero duro en la punta para soportar y aplanar el cuerpo del zapato. Este fue el inicio de la punta de ballet moderna, tal y como se concibe hoy en día.

Como hemos contado, la danza de La Muerte del Cisne siempre fue el sello de identidad de Pavlova. La bailarina llegó incluso a hacerse con cisnes reales que tenía en el jardín de su casa en Hempstead (Londres), para poder estudiar sus movimientos de forma más precisa.

Su estatua corona la cúpula del Palacio del Teatro de Londres

Su aparición en los escenarios, ya fuera en Tokio o Nueva York, era un despliegue de ovaciones sin fin.

Muerte en la cima de su carrera
Anna Pavlova nació prematuramente y, de la misma forma, debemos lamentar que su muerte también lo fuera. La bailarina murió un 23 de enero de 1931 de neumonía a pocos días de cumplir 50 años, en la ciudad holandesa de La Haya. Unos días antes, el tren en el cual viajaba tuvo un accidente y ella corrió por la nieve para ayudar a los heridos. Todo comenzó como un simple resfriado, pero poco a poco su salud empeoró.

Su médico personal le anunció que si quería recuperarse era necesario someterse a una operación, pero que, si salía adelante, nunca sería capaz de bailar de nuevo. Ella se negó a someterse a la cirugía sentenciando si no puedo bailar, prefiero estar muerta”. Murió de pleuresía pocos días después. Sus últimas palabras fueron: “Prepárenme el traje de cisne”.

¿Conocías la historia de Anna Pavlova? ¿Sabías que ella revolucionó la concepción de la danza? No dudes en compartir tus sensaciones con nosotros a través de los comentarios o en alguna de nuestras redes sociales.

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