Mundo Yold. Recordamos a Maureen O’Hara cuando este verano se cumplen cien años de su nacimiento

La pelirroja más indomable de Hollywood

Angel Domingo
11 junio, 2020

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Este año 2020 se cumple un siglo del nacimiento de la espléndida actriz Maureen O’Hara. Nuestro crítico de cine hace un repaso a la trayectoria cinematográfica y vital de la que se dijo fue “la pelirroja más indomable de Hollywood”.

Muchos aficionados al cine tenemos grabado en la retina la imagen de un tranquilo ex-boxeador arrastrando por las malas a una impertinente muchacha por las calles de la localidad irlandesa de Innisfree. El hombre tranquilo que arrastra a la chica, en contra de su voluntad, es Sean Thornton (John Wayne en el mejor papel de su carrera); la temperamental pelirroja responde al nombre de Mary Kate Danaher, joven que se rebela a la autoridad patriarcal y a la que pone cara Maureen O´Hara en la interpretación más recordada de su trayectoria.

Comenzaré diciendo que el verdadero nombre de esta intérprete es Maureen FitzSimmons nacida en 1920 en Ranelagh, Dublín.

La actriz, fallecida hace cuatro años, conquistó a John Wayne quien llegó a decir “solo la música pudo calmar a la fiera”. Dijo esto porque, la considerada reina de las primeras películas en color, falleció mientras dormía escuchando la banda sonora de la película El hombre tranquilo, dirigida por un cineasta que le hizo justicia en pantalla.

A pesar de que la Academia de Hollywood la relegase al olvido hasta el Oscar honorífico concedido un año antes de su muerte, fue John Ford quien le regaló los mejores personajes de su carrera cinematográfica como actriz, desde Angharad en ¡Qué verde era mi valle! (1941) a Kathleen Yorke en Río Grande (1950) y, por supuesto, la legendaria Mary Kate Danaher en El hombre tranquilo (1952), en la que volvió a poner en cintura al Duke, que una vez dijo de ella: “prefiero enfrentarme a un matón de dos metros que con este huracán devastador llamado Maureen”.

En ese fuerte temperamento algo debió ver el director de Las uvas de la ira (1940), algo de sí mismo, toda vez que nunca ocultó lo que disfrutaba torturando a John Wayne, su actor fetiche, que las pasó canutas durante el rodaje de La diligencia (1939).

Wayne, siempre imperturbable, dijo: “He tenido muchos amigos y prefiero la compañía masculina, excepto con Maureen. Ella es un gran tipo”. O´Hara, por su parte, siempre le devolvió el elogio, como cuando en 1979, pidió una medalla conmemorativa para su pareja en la gran pantalla y afirmó de él que, junto a su padre y su último marido, John había sido uno de los “tres grandes hombres de mi vida”.

También se las vio con su fuerte carácter Charles Laughton, su padrino en la industria, quién la rescató de una terrible primera prueba en Londres a los 17 años. El célebre actor y director le sugirió que cambiase su apellido FritzSimmons por otro más corto para que “entrase en las marquesinas” y junto a él debutó en un filme de Alfred Hitchcock, La posada de Jamaica (1939), donde conoció al primero de sus tres maridos y al más breve de todos, el guionista y productor George H. Brown. Todavía tendría dos más: “el peor hombre de mi vida”, el guionista y director Will Price, padre de su única hija, y su último marido, el aviador de las fuerzas armadas Charles Blair.

Sus fascinantes ojos verdes y la película de Hitchcock le valieron a Maureen el pasaporte a Hollywood; en 1939 volvió a acompañar a Laughton en otro filme, en este caso ella como Esmeralda y él como Jorobado (El Jorobado de Notre Dame). Aún coincidirían una tercera vez en la extensa y, por momentos, brillante filmografía de la actriz, que volvió a demostrar su talento en 1946, cuando, tras conseguir la nacionalidad estadounidense, se negó a firmar un documento que la definía como “antigua súbdita británica”.

Maureen O´Hara, que deslumbró a Hollywood, tras llegar a Estados Unidos desde Irlanda, se encontró con una industria marcadamente machista y se sintió indefensa. En una entrevista concedida en 1945 a The Mirror se definió como víctima de una campaña de descrédito en Hollywood. Y todo por no haber permitido que el productor o el director de turno me besen cada mañana o me toqueteen, han contado por toda la ciudad que solo soy pura soberbia”.

Sin embargo, nada de todo esto sorprendió a la actriz, que como recordó en su autobiografía: “un hombre apareció en la puerta de mi casa, me leyó la mano y aseguró que saldría de Irlanda y me haría famosa; vas a hacer una fortuna y serás muy, muy rica, pero todo se te escapará de las manos un día”.

 Ángel Domingo Pérez

 

 

 

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