Mundo Yold. La vida casi secreta del prodigio de la alta costura
Balenciaga, el genio hijo de la costurera

Se llamaba Cristóbal Balenciaga Eizaguirre y había nacido en el País Vasco español, pero desde París trasformó totalmente el mundo de la moda y se convirtió en uno de los grandes maestros de la costura. Tras su genialidad y elegancia, en su vida privada Balenciaga conservó como oro en paño el secreto de su gran amor.
En Guetaria, Guipúzcoa, en el brumoso e inigualablemente bello paisaje de la costa vasca, nació en enero de 1895 el pequeño Cristóbal Balenciaga Eizaguirre, en un hogar humilde formado por un pescador y una costurera. Nada hacía presagiar que aquel hogar sería la cuna de una de las mayores figuras de la moda y la elegancia, pero el destino influyó en ello. Su padre, José Balenciaga Basurto, falleció cuando él era niño y su madre, Martina Eizaguirre Enbil, tuvo que empeñarse a fondo para sacar a sus hijos adelante, trabajando como modista para las familias y clientas importantes de la zona.

Uno de sus clásicos diseños
Viendo a su madre trabajar con telas, hilos, botones y agujas, y descubriendo el precioso resultado de sus labores, el pequeño pronto aprendió a amar el arte de la costura, a extasiarse con la desenvoltura y prestancia de los tejidos, a dibujar los diseños que veía.
Viendo a su madre trabajar con telas, hilos, botones y agujas, y descubriendo el precioso resultado de sus labores, el pequeño pronto aprendió a amar el arte de la costura.
En cierta ocasión la Marquesa de Casa Torres, una de las principales clientas de su madre, se fijó en aquel niño al que le gustaba la costura, y como si fuera un juego, le entregó un trozo de tela para hacer un vestido. El resultado fue tan bueno que, a partir de ese momento, la marquesa se convirtió en la protectora del pequeño. Así fue como Cristóbal comenzó también a coser para las clientas.

Balenciaga supo trasladar a sus creaciones su propia elegancia personal
Ya convertido en un joven modisto, Cristóbal montó su primer taller en San Sebastián, que ya por entonces era una de las ciudades favoritas de la aristocracia europea. A sus playas acudía, cada año, la Familia Real, y en torno a ella se arremolinaban docenas de aristócratas y personajes de la alta sociedad. Durante los años 20 y 30, Cristóbal fue consolidando su prestigio entre clientas de alta costura. Sin embargo, como al resto de los españoles, el alzamiento franquista del 36 le cambió la vida: la Guerra Civil le obligó a trasladarse de ciudad, y decidió entonces irse al corazón de la moda internacional: París. Pero no se fue solo, se llevó consigo su más querido secreto, su amigo Wladzio Jaworowski d´Attainville.

Con su compañero Wladzio
Una pareja discreta
Muy poco se sabe de Wladzio Jaworoswki, que por aquella época ya era el socio y compañero de vida de Balenciaga. No eran tiempos para airear relaciones sentimentales del mismo sexo, así es que la pareja mantuvo su vínculo con una plena y total discreción. Según la periodista Judith Thurman, ambos vivían juntos en la calle Boétie, y Jaworowski, perteneciente a una familia aristocrática, hijo de una de las clientas de Cristóbal, fue también su socio en el negocio y quien le ayudó a terminar de consolidar su marca entre la élite aristócrata parisina.

Sus modelos llenaron páginas y páginas de revistas de moda
Apenas si hay documentos de ellos juntos, y Balenciaga nunca habló de su vida privada (no eran buenos tiempos para la homosexualidad), pero tras su muerte, amigos y biógrafos coinciden en el trascendental papel de Wladzio, tanto en su triunfo profesional, como en su vida personal. Elegantes, cosmopolitas, educados, cultos… ambos vivían su amor con una perfecta discreción que les hizo ser aceptados silenciosa, pero firmemente, en la sociedad más chic de París.
Balenciaga nunca habló de su vida privada (no eran buenos tiempos para la homosexualidad).
El genio de Cristóbal, la creatividad y elegancia de sus diseños pronto le convirtió en el modisto más admirado de Europa, y del mundo entero. Sus diseños marcaron la nueva silueta de los años cuarenta. Pero, además, Cristóbal conocía a fondo el arte de la costura, lo que le daba por ello una enorme versatilidad y profesionalidad, que le hizo ser reconocido por su perfección. De hecho, la gran Coco Chanel dijo que, entre todos los modistos, él era el único y auténtico ‘couturier’ (costurero).

Los trajes de fiesta formaban parte importante de todas sus colecciones
Sus clientas, sus competidores y los críticos de moda alababan la enorme maestría de Balenciaga, a quien se consideraba un arquitecto de la costura, cuyos vestidos destacaban por su soberbia estructuración técnica, que permitía que las telas se plegaran, “volaran” o permaneciese perfectas, en su sitio.

En su despacho, decorado con la exquisitez de su estilo
En los años 40 Balenciaga ya era uno de los modistos más famosos del mundo, a su taller acudían, princesas, estrellas de Hollywood o celebrities internacionales. Desde Grace Kelly a Greta Garbo, de Mona Bismark a Pauline de Rothschild.

El creador llevó una vida privada discreta y libre al mismo tiempo
Todas deseaban llevar un Balenciaga. Marlene Dietrich aseguraba que ni siquiera tenía que probarse los modelos. El maestro conocía sus medidas y solo con ello le ejecutaba diseños perfectos.
La creatividad y elegancia de sus diseños pronto le convirtió en el modisto más admirado de Europa.
Sin embargo, fue en pleno éxito cuando Cristóbal sufrió la mayor tragedia de su vida, la muerte de su compañero Wladzio en 1948, debido a una enfermedad. El modisto nunca se recuperó del todo. La colección de aquel año fue toda en color negro.

Sus diseños fueron portada en numerosas ocasiones, como esta de Vogue
A finales de los años sesenta, y conforme el pret-a-porter y la venta masiva de moda evolucionaban al tiempo que los vaqueros, las protestas de estudiantes y la minifalda, Balenciaga se fue retirando poco a poco del mundo de la alta costura.
Los críticos de moda alababan la enorme maestría de Balenciaga, a quien se consideraba un arquitecto de la costura.
Primero se retiró en persona, y posteriormente decidió cerrar su casa central en París y sus talleres en Madrid. La firma llevaba un tiempo perdiendo rentabilidad, y el negocio había cambiado conforme la ropa se vendía en grandes almacenes.

Ingrid Bergman luciendo uno de sus trajes de noche
Así pues, con la misma discreción que siempre caracterizó a su vida privada, sin grandes alardes ni apariciones ruidosas, Balenciaga regresó a España y se fue a vivir a Altea, en la costa mediterránea, donde se reunía con los amigos y dedicaba su ocio a pintar. Durante su retiro solo aceptó algunos encargos concretos como fue el vestido de novia de Carmen Martínez Bordiú.

La soberbia estructuración técnica de sus modelos permitía que las telas se plegaran, “volaran” o permaneciese perfectas, en su sitio
El 24 de marzo de 1972, mientras se encontraba en el Parador de Turismo de Jávea sufrió un infarto del que falleció a los 77 años. Fue enterrado en Guetaria, su pueblo natal, donde hoy podemos visitar el magnífico museo dedicado a su obra y figura. Un viaje cien por cien recomendable que nos llevará a disfrutar al mismo tiempo de las maravillas de la zona (paisaje, gastronomía, cultura…) y a deleitarnos con las maravillas de tela creadas por Balenciaga. Docenas de años después de que fueran diseñados por Cristóbal Balenciaga, bolsos y vestidos auténticos del gran maestro se siguen vendiendo en el mercado de la moda de lujo de segunda mano, a precios desorbitados, como las piezas de colección y obras de arte que, sin duda, son.
Inés Ortega


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