Cine Yold. Hoy nos vamos de spas, a disfrutar de esos escenarios elegantes en las películas 

Balnearios cinematográficos: el descanso de guerreros y guerreras Yold

 

 

 

Angel Domingo
28 marzo, 2022

El cine no se ha podido resistir al encanto decadente de los balnearios europeos; son numerosas las películas que han elegido estos espacios acuáticos tan especiales para enmarcar escenas, muchas veces inolvidables. Ángel Domingo nos propone un poco de turismo termal sin salir del cine… ¿nos acompañas?

Los balnearios han aparecido en inolvidables películas como 8 ½ (Federico Fellini, 1963), en la que Mastroianni se refugiaba de su ansia creativa en unas decadentes aguas termales, o como la soviética Ojos negros (Nikita Mikhalkov, 1987), también protagonizada por el maravilloso actor italiano.

Hoy nos proponemos hacer un repaso por las cintas rodadas en esos escenarios de descanso termal que tanto encanto exhiben.

Charlot en el balneario (Charles Chaplin, 1917)
Como advierten los rótulos al comienzo de este mediometraje, la bien pensante sociedad estadounidense empezaba a tener conciencia del alcoholismo como problema muy extendido en las clases populares. Por ello, a pesar de que el título traducido mantenga la referencia a Charlot, Chaplin curiosamente renunció aquí a su personaje vagabundo para adoptar otro rol, con señas de clase social alta (impecable pamela de estilo canotier y traje claro). Las peripecias de un hombrecillo alcohólico que visita un elegante balneario y lo pone patas arriba quedan ya a salvo de la crueldad y desplazan toda su tensión al slapstick más blanco, en el que Chaplin se mueve como pez en el agua, sobre todo cuando se trata de liarse a mamporros y fintas con los grandullones Eric Campbell y Henry Bergman, habituales villanos de sus películas.

Los jueves, milagro (Luis García Berlanga, 1957)
Berlanga en plena forma. Retrato social de una España en la que la sátira era la mejor forma de reflejar situaciones tan disparatadas como la que ingenia aquí el maestro valenciano con la complicidad de un reparto de lujo. Un pequeño pueblo afamado por sus aguas termales atraviesa ahora una crisis en la cantidad y la categoría de sus visitantes. Sus fuerzas vivas intentarán recuperar el esplendor de su balneario ideando un milagro que sirva de revulsivo para el turismo: San Dimas, el buen ladrón, se encarnará en Don José, un peculiar y acaudalado vecino al que Pepe Isbert interpreta en estado de gracia, nunca mejor expresado.

El año pasado en Marienbad (Alain Resnais, Francia-Italia-Alemania-Austria, 1961)
Resnais sitúa este filme icónico de la Nouvelle Vague más experimental en Mariánské Lázně (Marienbad en alemán; en español podría traducirse como ‘Baños de María’), famoso balneario de la cinematográfica Karlovy Vary, en la actual República Checa. Su guion es de Alain Robbe-Grillet, referente del Nouveau roman, con la reconocida inspiración en la novela de Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel. Su abierta estructura narrativa: flashbacks desordenados, cambios de contexto, repetición de situaciones en espacios diferentes… deja entrever una ambigua relación entre tres personajes que apenas son identificados por sus iniciales: un hombre, X, está convencido de haberse citado en Marienbad el año anterior con una mujer, A, que a su vez está alojada en el balneario con otro acompañante, al que llamaremos Y. La realidad y el deseo se cruzan y se superponen en este artefacto dramático de apabullante belleza visual.

Ocho y medio (8 ½) (Federico Fellini, 1963)
Guido (Marcello Mastroianni) huye de su vida social y de las expectativas de los que le rodean y solo encontrará cierta calma gracias al conjuro de su memoria y en especial a una fórmula mágica, Asa-Nisi-Masa, una enigmática oración que le evocará su infancia y sus recuerdos más vivos, vinculados en muchos casos a su relación con las mujeres. Más que un escenario, el balneario es aquí un espacio mítico, recurrente también en otras películas de Fellini como La ciudad de las mujeres (1980) o La voz de la Luna (1990). Y por él desfilarán, desde la mente de Guido, un completo catálogo de personajes fellinianos.

Ojos negros (Nikita Mikhalkov, Italia-URSS, 1987)
El legendario galán italiano afronta aquí la recta final de su carrera. Tres cuentos de Antón Chéjov, entre ellos el memorable La dama del perrito, sostienen el entramado de esta bella estampa de la decadencia decimonónica en la que un maduro arquitecto italiano evoca sus amores de balneario con una tímida y encantadora mujer rusa de ojos negros.

El balneario de Battle Creek (Alan Parker 1994)
Sobre un superventas de Thomas Coraghessan Boyle (también conocido como T.C. Boyle), al que algunos califican como el escritor estadounidense más divertido de la literatura contemporánea, Alan Parker edificó esta ácida parodia de la vida sana. Anthony Hopkins reencarna a un personaje real, el Dr. Kellogg (el mismo de los cereales, sí), director del Balneario de Battle Creek (en Míchigan), en el que puso en práctica excéntricas terapias naturalistas basadas, entre otros pilares, en la abstinencia sexual o el uso terapéutico de enemas, además de en una militancia acérrima al vegetarianismo y el ejercicio físico.

La juventud (Paolo Sorrentino, 2015)
Con la exuberancia estética a la que nos tiene acostumbrados, Sorrentino reincide aquí en algunas de sus obsesiones, como la decadencia personal y social o los conflictos entre arte y poder, trazando una cierta continuidad con la exitosa La gran belleza (2013), aunque sin llegar a la brillantez de aquella. Rodada en inglés, transcurre en un balneario de los Alpes suizos, donde un director de orquesta retirado (interpretado por Michael Caine) pasa unos días con su hija (Rachel Weisz) y con un amigo director de cine en crisis (Harvey Keitel) en un personaje que puede recordar inevitablemente al Guido de 8 ½.

Spa Night (Andrew Ahns, 2016)
Mucho más modesta es la película que hemos elegido para el chapuzón final: Spa Night es otra de las grandes perlas del cine estadounidense independiente de los últimos años. Su acción no transcurre en los elegantes balnearios que nos evocan muchas de las obras anteriores, sino en su versión low cost, los spas urbanos de Los Ángeles, que son un punto de encuentro para la comunidad coreana de la ciudad y funcionan en cierto modo como lejana conexión con sus tradiciones. En uno de estos spas trabaja el protagonista, un joven de origen coreano, que irá explorando, en ese espacio, su recién descubierta sexualidad.

Nunca tuve la oportunidad de visitar un balneario, por eso me conformo con ver cómo lo disfrutan los protagonistas de las películas que les he citado.

¡Anímense y, si pueden, disfrútenlos!

Ángel Domingo Pérez

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies