Mundo Yold. En recuerdo y homenaje a una de las grandes escultoras de todos los tiempos
Camille Claudel, a la sombra brillante del maestro

Lo que sabemos de Camille Claudel, considerada hoy como un genio de la escultura, responde al tópico de la mujer sufridora, estilo Juana la Loca, que vive una intensa pasión por un hombre que finalmente la abandona, el famoso escultor August Rodin. Hoy, en Gente Yold, recordamos a otra Camille, la mujer que se independizó de su maestro y amante y pagó un alto precio: treinta años de ingreso en un manicomio (cuando los psiquiátricos eran centros de tortura institucionalizada).
Camille Claudel nació en 1864 y pasó sus primeros años en Villeneuve-sur-Fère, pueblecito con el que siempre mantuvo un fuerte vínculo emocional, y al que, hasta en sus últimos años ingresada en el manicomio, quiso regresar. Antes de cumplir los quince años, su pasión por esculpir era una realidad cotidiana que se trasladaba a los juegos con sus hermanos y la cocinera de la familia, a los que sometía a largas sesiones como modelos.

El retrato más conocido de Camille
Cuando el reconocido escultor Alfred Boucher vio sus primeras piezas, como David y Goliat, quedó impresionado y sorprendido por su originalidad y fuerza, a pesar de la falta de formación académica de Camille. Su estilo ya hacía pensar en Rodin, cuando la joven ni siquiera había oído hablar de él. Pareciera como si el destino acercara a Claudel y Rodin sin remedio, primero desde el plano artístico y luego desde el emocional.
Antes de cumplir los quince años, su pasión por esculpir era una realidad cotidiana que se trasladaba a los juegos con sus hermanos.
Cuando en 1881, Camille se fue a vivir a París, logró entrar en el taller femenino de la prestigiosa Academia Colarossi. Este taller acababa de abrir sus puertas a un grupo de jóvenes artistas europeas, pues las mujeres tenían prohibido el acceso a los estudios universitarios de Bellas Artes.

Busto de Rodin con los rasgos de Claudel
Su maestro, Boucher, marchó a Florencia y le pidió a Rodin que lo sustituyera como preceptor de Claudel. En ese momento, el creador de El Beso pudo conocer las primeras obras terminadas de la escultora, como La vieille Hélène, cuya expresividad y penetración psicológica impresiona en la capacidad de alguien tan joven, pues Camille la realizó a los 17 años.
La expresividad y penetración psicológica de sus primeras obras impresiona en alguien tan joven y sin formación académica.
Poco tiempo más tarde, en 1885, Camille ya es ayudante en el taller de Rodin, donde el escultor a menudo le encarga que modele las manos y pies de numerosas piezas, dada la demostrada destreza de la joven.

La escultora trabajando en la figura de un San Sebastián
Un estilo propio, con permiso del maestro Rodin
Como escultora, Camille tiene desde sus inicios un inconfundible estilo propio, a pesar del enorme peso artístico -y también afectivo- que representó Rodin, en su obra y en su vida. Al mismo tiempo, es innegable que la influencia de Rodin fue grande, como lo fue la de Donatello y otros maestros del Quattrocento florentino, además de la escultura barroca francesa.
La artista, que soñaba ser escultora, vivió feliz estos años, pues además de su amante, fue también su compañera, con él pasó una etapa de amor apasionado.
Esta es la época en la que Rodin y Camille se aman y trabajan juntos en plena armonía. Hace poco tiempo se ha reconocido la autoría de Camille en varios estudios y piezas inacabadas.

Jeune fille à la gerbe, de Camille
En estos años, las esculturas de ambos son difíciles de distinguir, como Jeune fille à la gerbe, de Camille y Galatée de Rodin. Las facciones de Claudel aparecen de forma habitual en rostros femeninos esculpidos por Rodin. La artista, que soñaba ser escultora, vivió feliz estos años, pues además de su amante, fue también su compañera, con él pasó una etapa de amor apasionado y juntos acudían a las fiestas y encuentros artísticos parisinos.

Galatée, de Rodin
Desde 1886, Camille trabaja en una de sus piezas más reconocidas, Sakountala, Mención de Honor en el Salón de 1888, a pesar de la polémica que generó entre los más mojigatos y conservadores: la fuerza de la pasión y el deseo que expresan el hombre y la mujer -Vertumno y Pomona- que se abrazan estrechamente resultaba inmoral para muchos bienpensantes.

Sakountala
Imposible no pensar en los propios Camille y Auguste que por esos años vivían con intensidad su relación sexual.
La artista desea escapar de la etiqueta de alumna aplicada y necesita alejarse del excesivo dominio que ejercía Rodin.
Por supuesto, siempre había comentarios maledicentes en torno a Camille; eran muchos los que opinaban que sus esculturas eran obra de Rodin o creadas con su colaboración. Por eso, la artista desea escapar de la etiqueta de alumna aplicada y necesita alejarse del excesivo dominio que ejercía Rodin en todos los ámbitos de su vida. Así comienza por abrirse a una nueva temática en sus obras. Le interesa la cotidianidad, distanciarse de la vacía frialdad mitológica o literaria.

En el centro de la imagen, Camille mirando a cámara
En concreto, son dos las esculturas que ejemplifican este alejamiento de la obra rodiniana: Le valse y Clotho. Su marcado acento en lo existencial y el dinamismo de su composición son dos signos de este nuevo fluir esculpiendo. Estos patrones pervivirán en la obra de Camille hasta sus últimos trabajos.

Clotho
De hecho, un crítico ha opinado que en Clotho, la artista “volvió contra Rodin lo que este le había enseñado”. El expresivo desnudo sin tapujos de una anciana, sus arrugas, sus senos caídos… convierten a Camille en un antecedente del expresionismo y la distancian de la obra más “convencionalmente hermosa” de Rodin.
Por su parte, Le valse fue muy admirada por los que la pudieron contemplar; entre ellos, el que fuera su esporádico amante, el compositor Claude Debussy, que guardó una copia en su estudio hasta su muerte.

Le valse
Muchas de las ideas de Camille eran consideradas indecentes, especialmente por ser concebidas por una mujer; era difícil para ella obtener los fondos necesarios para sus creaciones, pero Claudel no cedió a esas presiones y siguió esculpiendo las obras de marcado carácter sexual que necesitaba arrancar del mármol o el bronce.

L´âge mûr
La anatomía de Clotho vuelve a estar presente en una de sus obras maestras, L´âge mûr, donde un hombre de pies y manos inmensas se yergue frente a una joven en actitud de súplica. Algunos biógrafos han querido ver en esta chica joven a la propia Camille abandonada y loca de amor por su maestro.
Tras la separación de Rodin, Camille se va a vivir sola al número 19 del Quai Bourbon, y allí acaba su vida amorosa y social.
También llegó el momento para que Claudel experimentara con nuevos materiales complicados, como el ónice o el alabastro, que ponían a prueba su destreza técnica. Además, en ocasiones, llega a mezclarlos en una misma obra, logrando una perfecta simbiosis de bronce y piedra o bronce, mármol y ónice.

Detalle de L´âge mûr
Tras la separación de Rodin, Camille se va a vivir sola al número 19 del Quai Bourbon, y allí acaba su vida amorosa y social. Para algunos de sus biógrafos, Camille dependía económicamente de Rodin y, esa circunstancia, unido al desprecio que su madre y hermano sentían por su forma de vida, a la muerte de su padre, no le correspondió herencia alguna y Camille pasó años de penuria absoluta. La crítica está dividida en cuanto a la actitud de Rodin tras la separación de la artista.

Rodin, esculpido por Claudel
Algunos opinan que el escultor la ayudó y otros destacan que la destrucción de gran parte de la obra de Camille y la falta de reconocimiento y apoyo son en gran parte responsabilidad de su maestro.
Camille no disfrutó de muchos encargos porque su obra era innovadora e inmoral para el gusto generalizado de la época.
Lo que es innegable es que Camille no disfrutó de muchos encargos porque su obra era innovadora e inmoral para el gusto generalizado de la época y, desde luego, su condición de mujer, le hizo perder a numerosos mecenas, patrocinadores y clientes.

Casa familiar en Villeneuve-sur-Fère
La pesadilla del manicomio
También su internamiento en un manicomio, durante nada menos que treinta años, es controvertido. Si bien el diagnóstico oficial fue manía persecutoria y delirios de grandeza, las cartas que escribió desde su confinamiento revelan a una mujer plenamente cuerda, pero que fue maltratada e incomprendida por todos los de su entorno. Al parecer, varios médicos intentaron convencer a la familia de que no era necesario su ingreso en el psiquiátrico, pero tanto su hermano, el famoso poeta Paul Claudel, como su propia madre, firmaron la admisión. Como “larga penitencia”, Camille calificó sus años de internamiento en el manicomio, donde murió el 19 de octubre de 1943 en la soledad y el olvido de su reclusión en el sanatorio de Montdevergues.
Como “larga penitencia”, Camille calificó sus años de internamiento en el manicomio.
El prestigioso poeta católico que era su hermano no encontró ni una pizca de piedad o amor por su hermana, para darle un entierro digno y Camille fue sepultada en el cementerio de Montfavent, desde donde más tarde sus restos fueron trasladados a una tumba comunal del manicomio.

Una de las últimas fotografías de la artista
Auguste Rodin había muerto muchos años antes, en 1917. En vida, Rodin y Camille no pasaron muchos años juntos; sin embargo, son muy numerosas las obras de ambos que se exponen entremezcladas en las salas, galerías y el jardín del Museo Rodin de París. No deja de ser significativo que sea ese museo el que expone el mayor número de obras de Claudel. ¿Le hubiera gustado esto a Camille?
Los críticos son unánimes en considerarla como un genio fuera de dudas. La paradoja es que sus esculturas siguen exhibiéndose a la sombra del maestro. La apertura del Museo Camille Claudel, en Champagne, en 2017, ha venido a paliar algo esta injusta circunstancia.

Cartel del biopic protagonizado por Juliette Binoche
Actualmente, sobreviven de la obra de Camille Claude unas noventa estatuas, bocetos y dibujos; su reconocimiento como artista rompedora es general y son numerosas las películas y obras literarias que recrean su figura, como la novela de Michèle Desbordes, “El vestido azul” (Periférica), y denuncian la incomprensión y censura que tantas mujeres artistas han padecido.


Como no lamentar la injusticia social, familiar y amorosa que padecio. De toda parte la humilaron y ella siempre callada y sola. Me entristece.
Jamás comprendere porqué los reconocimientos bienen después del sufrimiento y la muerte. Crueles seres somos los humanos que al artista lanzan al dolor y al llanto