Cine Yold. Medio siglo del suceso que conmovió al mundo entero y cuestionó los límites morales de la supervivencia

Canibalismo o muerte segura: La tragedia de los Andes

 

 

Angel Domingo
13 octubre, 2022

Cuando se cumplen 50 años del fatal accidente ocurrido en la Cordillera de los Andes, en el que sobrevivieron 16 pasajeros del avión que transportaba al equipo de rugby Old Christians Club de Montevideo, nuestro crítico de cabecera desea escribir este artículo en su memoria, recordando las películas, series y libros que recrearon la tragedia.

El terrible accidente sucedió el 13 de octubre de 1972, cuando el vuelo 571 de la FAU (Fuerza Aérea Uruguaya), que había sido contratado por el equipo universitario de rugby Old Christians Club de Montevideo, tenía que aterrizar en el aeropuerto de Santiago de Chile, pero un error de cálculo del copiloto ocasionó que el aparato bimotor se estrellara en un glaciar, en el corazón de la imponente cordillera de los Andes, con cuarenta pasajeros y cinco tripulantes a bordo. Solo dieciséis de todos ellos sobrevivieron al accidente.

En el momento del rescate

Cuando recuperaron la consciencia, descubrieron que estaban en uno de los puntos geográficos más hostiles del planeta. Aterrorizados, comprobaron que las múltiples fracturas que tenían en sus piernas les impedirían cualquier viaje en un entorno tan complicado, así pues tenían que esperar que llegara alguien para socorrerlos.

Padecieron sucesivas avalanchas de nieve -una de ellas mató a ocho personas-, el empeoramiento de la salud de algunos y el hambre atroz. La necesidad de alimentarse convirtió esta tragedia en noticia mundial; hasta que  aparecieron los servicios de emergencia entre el 21 y el 23 de diciembre. Habían transcurrido setenta y dos días.

Al principio comieron los alimentos que llevaban consigo: ocho barras de chocolate, una lata de mejillones, almendras, caramelos, ciruelas secas y varias botellas de vino. Después, le llegó el turno a las escasas hierbas y plantas que crecían en ese lugar tan hostil. En una montaña tan alta ni siquiera había caza. Algunos, estaban tan desesperados que comenzaron a comerse el cuero y el relleno de los asientos, pero el resultado fue un desastre y muchos enfermaron.

-“Abrimos los cojines de los asientos con la esperanza de encontrar paja, pero solo encontramos espuma de tapicería no comestible”, recuerda Nando Parrado, tal vez el mejor jugador del equipo, y autor del libro de memorias El milagro de los Andes.

Mientras, aviones de Argentina, Chile y Uruguay les buscaban. Después de sobrevolar aquella remota e inaccesible zona de los Andes durante 142 horas y 30 minutos, las autoridades concluyeron que no había esperanzas y dieron por finalizada la búsqueda. Y los supervivientes lo sabían. Dentro del avión habían encontrado un transistor de radio, en el que escucharon la noticia de que ya no les buscaban. Sólo habían pasado diez días del accidente.

Por si fuera poco, se terminó la comida, y tuvieron que tomar la decisión más difícil de sus vidas. Se vieron ante el dilema de dejarse morir o comer la carne de aquellos que habían muerto. Un acto de canibalismo, para sobrevivir.

-“Creo que me estoy volviendo loco, porque estoy pensando en comerme los cuerpos de nuestros amigos“, cuenta Roberto Canessa, uno de los supervivientes, que dijo a alguien. Los demás le respondieron que, efectivamente, era una locura y eso no iba a pasar.

La situación era impensable y difícil como pocas. No solo porque se trataba de comer la carne de otro ser humano, sino porque se trataba de los cuerpos de familiares, amigos y compañeros de clase. Pero finalmente, la mayoría decidió hacerlo. No había elección si se quería seguir con vida. De manera colectiva acordaron comer carne de los cuerpos congelados de los compañeros muertos.

Canessa, asumiendo el rol de capitán y líder moral del equipo, fue el primero. Cortó un hilo de carne con la ayuda de un cristal y comió. Siguieron el ejemplo algunos compañeros, pero otros se negaron. También se dio el caso de aquellos que aceptaron masticar y tragar la carne pero que luego la devolvieron. Las iniciales reservas morales de todos ellos se las llevó por delante el hambre.

Asustados, al principio evitaron las vísceras y sólo calentaban al sol trozos de piel y músculo. Pero con el transcurrir de los días también la carne fue escaseando y tuvieron que consumir pulmones, corazones y hasta cerebros.

Hubo límites. Por ejemplo, Nando Parrado protegió los cadáveres de su madre y su hermana para que nadie se los comiera. De hecho, el grupo de supervivientes acordó que si cualquiera de ellos moría, los demás podrían alimentarse de ese cuerpo.

La solución desesperada: Subir una montaña de 4.650 m para pedir ayuda
Puesto que ya no les buscaban, intentaron buscar ayuda, una salida. Tras intentar otras opciones vieron que la única posibilidad era escalar las montañas hacia el oeste. El 12 de diciembre, Parrado, Canessa y Antonio Vizintín comenzaron la escalada.

Al tercer día se dieron cuenta de que la misión iba a durar más de lo previsto, que las distancias eran mayores de lo que habían pensado y que se estaban quedando sin comida. Vizintín regresó al lugar del accidente.

Parrado y Canessa caminaron siete días más, en total 38  km. Subieron un pico de montaña de 4.650 m y desde allí fueron bajando. Poco a poco, aparecían signos de presencia humana y eso les animaba en su empeño. Cuando recogían leña para hacer una hoguera, vieron a tres hombres a caballo al otro lado de un río. Parrado les llamó, pero el ruido del agua imposibilitó la comunicación.

Al día siguiente, uno de esos hombres regresó y les lanzó una piedra con un papel y lápiz. Parrado respondió: “Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace diez días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan catorce personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?“. Aquel arriero chileno se llamaba Sergio Catalán. Les arrojó pan y montó a caballo durante diez horas para traer ayuda. Finalmente, transmitieron la noticia al comando del Ejército en San Fernando (Chile), quien se comunicó con el Ejército en Santiago.

Finalmente, ¡habían sido encontrados!, y la pesadilla había terminado. Entonces, surgió una duda casi tan terrible como la del propio accidente, ¿debían confesar que se habían alimentado de sus compañeros muertos?

¡Cómo hacerlo sin recibir el implacable juicio de quienes no habían pasado por semejante trance! Los supervivientes querían explicárselo primero a sus familias, en la intimidad. Pero fue imposible. Cuando el rescate era un hecho, los medios se empezaron a hacer eco de los rumores de canibalismo. No habían pasado tres días del rescate, cuando el 26 de diciembre los periódicos chilenos publicaron fotografías tomadas por miembros del cuerpo de rescate de una pierna humana a medio comer. Los supervivientes tuvieron que dar explicaciones y el día 28 dieron una rueda de prensa.

Contaron su terrible experiencia y explicaron el pacto que habían adoptado para sacrificar su carne si morían y ayudar así a los demás a sobrevivir. De ese modo lograron cierta comprensión y la compasión de la opinión pública que, en principio, había recibido mal las noticias de que para evitar la muerte habían practicado el canibalismo.

-“Recuerdo que volvimos, y esa gran aceptación y perdón de toda la gente que nos recibió y nos reintegró a la sociedad, después de lo que habíamos hecho y lo que nos había pasado. Pudimos integrarnos, y lo que tenemos que hacer es agradecer que ahora somos veteranos con nietos”, dijo el superviviente Adolfo Strauch en 2012.

A lo largo de estos cincuenta años, los supervivientes han narrado su dramática experiencia en libros, documentales, películas y producciones televisivas:

Libros:

Survive! (1973). Clay Blair Jr.

¡Viven! (1974). Piers Paul Read

Milagro en los Andes (2006). Nando Parrado

La sociedad de la nieve (2009). Pablo Vierci (en esta obra se basa el largometraje homónimo de Juan Antonio Bayona, pendiente de estreno en 2023)

Tenía que sobrevivir (2016). Roberto Canessa

Desde el silencio (2019). Eduardo Strauch

Cine y televisión:

Supervivientes de los Andes (1976), René Cardona Jr.

 ¡Viven! (1993), Frank Marshall. En mi opinión, la  mejor adaptación de la historia

Alive: 20 Years Later (1993), Jill Fullerton-Smith

La sociedad de la nieve (2007), Gonzalo Arijón

Trapped: Alive in the Andes (2007), documental de  National Geographic

I‘ Am Alive: Surviving the Andes Plane Crash (2010), Brad Osborne

 

 

 

 

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