Cuando Icíar deshojó la Rosa

 

Angel Domingo
24 septiembre, 2020

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La boda de Rosa es el título de la nueva película de Icíar Bollaín, que nuestro crítico de cine de confianza, Ángel Domingo, nos recomienda encarecidamente. Una extraordinaria Candela Peña encarna a la poderosa Rosa, plena de resiliencia y vitalidad. Esta es una de esas (escasas) películas imperdibles.

Rosa (Candela Peña) lleva toda la vida pendiente de los demás, hasta tal punto que ha olvidado lo que realmente quiere hacer con su vida y lo que necesita para alcanzar lo que más desea, que no es otra cosa que ser feliz. Así que toma la decisión de apretar el botón nuclear.

Piensa que el singular mecanismo de este botón romperá todas sus ataduras y podrá, al fin, comprometerse con ella misma, así como amarse y respetarse todos los días de su vida, en fin, lo habitual en una ceremonia nupcial, pero en esta asombrosa ocasión sin cónyuge.

Icíar Bollaín regresa con esta cinta al cine que mejor resultados le ha dado: el de los pequeños gestos simbólicos que representan las grandes verdades. El espléndido impulso juvenil de su extraordinaria Hola, ¿Estás sola? (1995) se ha rebajado,  y en esta película, encontramos la imperiosa necesidad de encontrar un poco de libertad, cuando su protagonista está perdida en medio de las presiones y responsabilidades de su vida diaria.

En el momento en que Rosa toma la decisión de dar un giro radical a su vida provocará a su alrededor un tsunami de proporciones colosales que terminará destapando las miserias más escondidas de sus allegados, entre ellos sus hermanos, encarnados por unos sublimes Nathalie Poza y Sergi López, a los que, por fin, les llega el momento de reconocer los errores que jamás habían pensado admitir; ambos se habían esforzado en fabricar una coraza para aparentar que todo funcionaba bien dentro de la familia, mientras la desorientación íntima que les provoca la decisión de Rosa les llevará en un torbellino que avanza cada vez más rápido y no les permite tiempo para una reflexión más sosegada.

La incomunicación es otra de las plataformas estructurales sobre las que se asienta esta narración, en la que todas las voces implicadas hablan y hablan, pero jamás se escuchan, como si existiera una barrera invisible que consigue que, algo tan elemental como la comprensión, parezca una cuestión extraterrestre.

Y todo esto sucede en el interior de La boda de Rosa (2020), una preciosa película de reconciliación y, especialmente, de compromiso. Casi toda la filmografía de Bollaín transcurre en estos términos, a través de personajes que toman conciencia de una realidad que los reprime y condena hacia algo con lo que no están de acuerdo. Y, claro, rebelarse ante estas imposiciones supone recorrer un camino difícil salpicado de numerosos retos. Sin embargo, en esta ocasión la directora ha optado por la sencillez y una luminosa cercanía en el momento de mostrar el complejo proceso de cambio de una mujer que se propone coger las riendas de su vida, sin pesimismo ni un ápice de autocompasión, adoptando un espíritu luminoso y mediterráneo, el azul del mar de Benicasim que, en determinados momentos, nos recuerda la poderosa esencia berlanguiana en la manera de abordar el humor y la fanfarria fallera de este extraordinario filme.

Ángel Domingo Pérez

 

 

 

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