Mundo Yold. Hoy reflexionamos sobre una reciente polémica surgida en torno a sesgos racistas en famosos audiovisuales actuales

¿Diversidad o realidad histórica en el cine y la televisión? El debate está servido

Inés Almendros
28 octubre, 2022

En los últimos años nos hemos acostumbrado a ver personajes de distintas razas o características físicas en series o películas con un contexto histórico en el que jamás hubieran tenido cabida. El debate entre diversidad e inclusión, frente a veracidad histórica en los guiones, ha llegado para quedarse. ¿Cuál es tu opinión? ¿Se debe respetar la rigurosidad histórica, aunque esto suponga eliminar la diversidad de razas en la ficción? O por el contrario, ¿estás a favor de abrir la puerta a todos los representantes del amplio y variado género humano, aunque se pierda el rigor documental? Hoy analizamos el tema y esperamos tu opinión. Frente a polémicas ridículas como el hecho de que una sirenita no pueda ser de raza negra, hoy hablamos del debate histórico: ¿Puede un actor asiático interpretar a un lord inglés? Recordemos, no obstante, que los actores blancos interpretaron siempre a personajes de todo tipo de razas.

Aquellas películas del Hollywood más clásico tenían bien claro los roles de cada cual: los protagonistas principales eran siempre blancos caucásicos, y normalmente, guapísimos, porque los feos solían ser, como mucho, secundarios; y los pocos actores que había de otras razas únicamente interpretaban personajes de segunda fila y estatus inferior. De esta forma, los indios eran los malos en las pelis del Oeste, mientras que los negros normalmente aparecían como esclavos y criados. Al principio, incluso, no se admitía la presencia de afroamericanos en los rodajes, así es que sus papeles eran interpretados por actores con el rostro pintado.

 

Personajes de la serie Más dura será la caída

El encasillamiento de roles se extendía a prácticamente todos los personajes e historias: las mujeres no solían interpretar papeles protagonistas, y menos todavía de guerreras, soldados o empresarias, por poner algunos ejemplos. Normalmente solían hacer de esposas, novias, hijas, etc., en su mayoría dulces, cándidas e inocentes, aunque en ocasiones, seductoras o malvadas. Y lo mismo sucedía con personas mayores, obesos o gente con cualquier tipo de discapacidad o diferencia. Por supuesto, hasta hace muy poco hubiera sido impensable –e incluso delictivo- incorporar en un guion cualquier tipo de personaje LGTB. Eso, aunque todo el mundo sabía que, en su vida real y de forma oculta, muchos actores como Rock Hudson, entre otros, eran homosexuales.

En la época clásica de Hollywood, los protagonistas principales eran siempre blancos caucásicos, y normalmente, guapísimos, porque los feos solían ser, como mucho, secundarios.

En aquellos tiempos, el rigor histórico era una aspiración habitual en cualquier ficción medianamente seria, y el cine reflejaba lo que ha sido el mundo durante siglos: una sociedad dominada por el hombre blanco, que mantenía su protagonismo también en la ficción. Afortunadamente, esto ha cambiado para mejor, y vivimos en plena era de la apertura, la integridad y la diversidad, algo que el cine y la televisión, evidentemente, no pueden obviar. Nuestro siglo XXI es el de un mundo globalizado, y en nuestras ciudades conviven unidas personas de muy distintos orígenes, razas, culturas y condiciones. Las mujeres hemos conquistado el protagonismo del que antaño solo gozaban los varones. Y las personas discapacitadas, LGTB y de cualquier otra circunstancia son igualmente protagonistas del mundo en el que vivimos.

 

Escena de María, reina de Escocia

Por eso, al igual que sucede en nuestra vida real, las películas y series nos muestran actores de todas las razas, géneros y circunstancias. Pese a ello, seguimos asistiendo a polémicas un tanto ridículas, como la surgida tras el estreno de producciones como La Casa del Dragón, Los Anillos de Poder o el adelanto del remake de La Sirenita, ya que algunos espectadores se han quejado de que los actores y protagonistas de estos títulos sean de razas diversas, y no exclusivamente de piel blanca. Cosa que es absurda, sobre todo si tenemos en cuenta que esos papeles –elfos, hadas o sirenitas- son personajes ficticios, de un mundo inventado y fantástico, que nada tiene que ver con la realidad, y que, por tanto, carecen de contexto histórico.

La Casa del Dragón

A favor o en contra: ¿respeto al rigor histórico o respeto a la diversidad?
Pero, ¿qué pasa cuando hablamos de series o películas históricas? La necesaria diversidad ha llegado de tal forma que, en los últimos años, incluso se ha colado en las producciones en las que se relata la historia antigua real.

Nuestro siglo XXI es el de un mundo globalizado, y en nuestras ciudades conviven unidas personas de muy distintos orígenes, razas, culturas y condiciones. Por eso, al igual que sucede en nuestra vida real, las películas y series nos muestran actores de todas las razas, géneros y circunstancias.

Los Bridgerton inauguró la tendencia

Y por ello, en los últimos años, hemos empezado a ver, en ámbitos del pasado, a personajes que no existían, ni podrían haberlo hecho, siglos atrás. Los Bridgerton fue la primera súper producción que puso de moda este concepto, al presentar actores negros, asiáticos y mestizos interpretando a miembros de la aristocracia británica del siglo XIX, incluyendo a la propia reina. Una apuesta que sorprendió a todo el mundo e inauguró el debate, ya que, evidentemente, en la Inglaterra de aquella época, las únicas personas de la nobleza eran británicos de piel blanca. Más bien al contrario: en el Reino Unido la esclavitud se había abolido poco antes; y por supuesto, tanto los negros, como los pocos habitantes de otras razas ocupaban un lugar absolutamente marginal, normalmente como criados o servidores. Pensar en que un vizconde inglés se pudiera casar con una joven de origen hindú hubiera sido, no solo absurdo, sino además, totalmente ofensivo para el vizconde.

La hermosa piel negra de Zeus y Aquiles en Troya, la caída de una ciudad

Desde Los Bridgerton hasta ahora, proliferan cada vez las producciones y títulos en los que podemos ver una amalgama de razas y tipologías humanas, en lugares y ubicaciones históricas: En Troya, la caída de una ciudad (2018), actores negros daban vida a personajes de la antigua Grecia (aunque paradójicamente, no aparecen actores asiáticos o de Medio Oriente, que sí encajarían en la realidad histórica que se relata).

Sanditon, otro ejemplo de diversidad en el casting

En Sanditon (2019), serie basada en la última novela de Jane Austen, nuevamente actores no caucásicos interpretan a ingleses de primeros del siglo XIX. 

En María, Reina de Escocia (2019) los nobles y cortesanos del medievo presentan una amplia variedad de orígenes; el western Más dura será la caída (2021) fue protagonizado por un elenco negro encabezado por Idris Elba. En la película Ana Bolena, de 2021, la esposa del rey inglés Enrique VIII es interpretada por Jodie Turner-Smith, de raza negra y padres jamaicanos. Entre otros casos…

La Ana Bolena negra dio lugar a todo tipo de críticas

El asunto de que la integración no respete el rigor documental en la ficción ha creado un amplio y profundo debate: una buena parte del público, y muchos historiadores, han mostrado su rechazo a que se difunda una versión totalmente diferente de lo que fue la realidad histórica. Argumentan que se trata de un interés hipócrita por parte de los estudios. Alegan que, lejos de beneficiar a las razas históricamente marginadas, lo que se hace es borrar la dura realidad de sus ancestros, ya que en el medievo cualquier persona negra era literalmente esclavizada y despojada de su humanidad. Opinan que el hecho de que la televisión actual nos ofrezca un retrato distorsionado y blanqueado de aquella época es un error histórico y una falta de respeto a aquellas generaciones que tanto sufrieron.

Algunos opinan que el retrato distorsionado y blanqueado de aquella época es un error histórico y una falta de respeto a aquellas generaciones que tanto sufrieron el racismo.

En el lado contrario están quienes bendicen esta apertura y defienden la libertad creativa, aunque sea a costa de tomarse licencias históricas; en esta parte, se encuentran los estudios y las productoras, así como muchos creadores y parte del público. Por ejemplo, en una entrevista, Julia Quinn, la escritora de las novelas de la familia Bridgerton, reconoció que le encanta esta visión contemporánea: “refleja a la sociedad tal y como debería ser”, dijo al respecto, en una entrevista.

Escena de Cleopatra

Los defensores de la diversidad en la ficción histórica también recuerdan que los actores blancos han interpretado durante décadas a otras razas, sin que hubiera ningún debate ni problema por ello. De hecho, Hollywood está lleno de ejemplos antiguos y actuales: desde los actores blancos que interpretaban a negros en los primeros años del cine, pasando por Elizabeth Taylor haciendo de egipcia en Cleopatra, hasta Ben Affleck haciendo de mexicano en Argo, encontraríamos cientos, miles, de casos.

Otros defienden la libertad creativa, aunque sea a costa de tomarse licencias históricas.

 

Una Cleopatra demasiado blanca para ser egipcia

Los estudios defienden además la necesidad de ser responsables con los mensajes que difunden y que, por ello, deben apoyar la lucha contra el racismo, dar protagonismo a todo tipo de personas y personajes, y mostrar nuestro mundo diverso y real. Pero también hay claros motivos empresariales: en un mundo cada vez más global, empresas como Disney, Netflix o Paramount saben de sobra que sus producciones ya no solo se dirigen a un público formado por gente blanca. Al contrario: la población de los países occidentales es absolutamente global, y cada vez más mestiza, e incluye miles de millones de personas latinas, africanas, orientales o asiáticas. Y no solo esto: sus series y películas ya no solo se ven en Occidente, sino que se comercializan y proyectan en los cinco continentes. Por ello, es fundamental que el nuevo público global de todo el mundo, de todas las razas, géneros, culturas y condiciones, encuentre en sus producciones personajes con los que sientan cercanía y se puedan identificar. Es, por tanto, una cuestión de mercado.

El debate está abierto y acaba de comenzar. Y tú, ¿qué opinas al respecto? ¿Crees que es más importante garantizar el rigor histórico en la ficción audiovisual, o te decantas por contar la historia con amplitud de miras y diversidad? No es un tema fácil, pero esperamos tu argumentación.

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