Cine Yold. Hepburn y Martinelli, dos sólidas actrices de elegante belleza

Elsa Martinelli, la Audrey Hepburn italiana

Angel Domingo
12 septiembre, 2022

Nuestro crítico de cine favorito, Ángel Domingo, nos habla hoy de una gran actriz, Elsa Martinelli, que por vida, físico y trayectoria cinematográfica tiene varios paralelismos con la exquisita Audrey Hepburn. ¿Te apetece jugar con nosotros a los parecidos y diferencias entre ambas?

Si hablamos de cultura pop, antes o después tiene que aparecer el nombre de la actriz belga Audrey Hepburn (Ixelles, 1929). Se hizo muy conocida en el mundo del cine en la época dorada de Hollywood, y se convirtió en el espejo al que debían mirarse todas las mujeres que querían ser un referente de moda y estilo durante las décadas de los cincuenta y sesenta del pasado siglo.

Actualmente es recordada, además de por sus brillantes interpretaciones, por el no muy conocido trabajo solidario que realizó en los lugares más humildes del mundo, poniendo especial énfasis en lo referente a las mujeres y su explotación patriarcal en todos los continentes.

De hecho, en 1988 Audrey Hepburn fue nombrada embajadora de la UNICEF por su labor humanitaria con los niños, rol que ejerció en países como Sudán, El Salvador, Guatemala, Honduras y Vietnam. Fue justamente tras su visita a este último país, cuando a Audrey Hepburn le diagnosticaron el cáncer de colon que, tiempo después, terminaría con su vida a la edad de 63 años; los especialistas que le trataron afirman que contrajo la enfermedad por las constantes visitas a lugares con un nivel de radiación muy elevado, siendo Vietnam el país donde más tiempo estuvo expuesta. Así que ya lo sabes: cuando escuches el nombre de Audrey Hepburn de nuevo, recuerda que no solo es la emblemática actriz de la película Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1963), sino también la mujer que luchó por el cuidado de los niños más necesitados.

Todas estas características convirtieron a Audrey Hepburn en uno de los iconos más admirados del siglo XX. Y, como es natural, cada nación deseaba poder decir que contaba con una actriz como ella.

Italia, el país por excelencia de las donas más míticas, no comprendía por qué no aparecía en su filmografía una actriz que reuniera algunas de las cualidades de la Hepburn, no tanto humanas, ya que eso era casi imposible, sino relativas a la elegante apariencia y notable capacidad interpretativa.

Elsa Martinelli,  la Cenicienta del cine italiano
A veces, algunas comparaciones suenan a tópico repetido, pero en el caso de la actriz de la que hablamos no es ninguna exageración, es una definición realista. Toda su biografía parece una revisión del cuento de la Cenicienta.

De su larga carrera, resulta muy significativa una anécdota: el legendario intérprete Gary Cooper fue elegido para recibir a la diva italiana en uno de sus primeros viajes a Estados Unidos, y quizás conocedor de que a aquella joven le apodaban ‘Cenicienta’, bebió champagne de uno de sus zapatos.

Naturalmente, una belleza tan pura como Elsa solo podía nacer en uno de los paisajes más idílicos de Italia, la región de Toscana de Groseto el 30 de enero de 1935, siendo la séptima de ocho hijos. Dio el salto a la alta sociedad gracias al estilista Roberto Capucci, que la vio entrar en una boutique de la avenida más exclusiva de Roma y no dudó en contratarla como maniquí, por su notoria y natural elegancia en la manera de moverse, convirtiéndola en protagonista de la mayoría de sus desfiles.

La actriz contrajo matrimonio, en 1957, con el conde Franco Mancinelli Scotti de San Vito, padre de su única hija, Cristiana. De familia muy humilde, supo convertirse en una mujer admirada por su elegancia y estilo, una de las bellezas italianas de su generación, siguiendo el canon de formas marcadamente curvilíneas. Pero ella, consciente de su limitada exuberancia física para competir con bellezas tan llamativas como Sophia Loren o Gina Lollobrigida, decidió seguir los pasos de mujeres más acordes a sus características físicas, e ‘imitar’ a Audrey Hepburn.

Camarera de bar y empleada en una tienda para ayudar a su familia, entró casi de manera fortuita en el mundo del cine. Sus primeras apariciones fueron en los brillantes años cincuenta del cine italiano. Poco después apareció en una portada de la revista Life, en la que llamó la atención de Kirk Douglas, quien la llevó a trabajar en Pacto de Honor, una película de Andre de Toth de 1955, protagonizada por Douglas, que tenía también derechos en la producción de la cinta. Sin embargo, para una anónima italiana en esa época no era fácil entrar en el mundo de Hollywood. Ella lo logró, no sólo por la ayuda de Douglas, sino también por su espíritu inconformista, que logró seducir al implacable star system americano.

Otro gran admirador suyo fue John Wayne, además de Frank Sinatra, un amante muy entusiasmado pero también pasajero.

 

Nuestra actriz (en el 1956 tenía apenas veintiún años) utilizó el billete de regreso de Estados Unidos a Italia para trabajar con Mario Monicelli, con quien fue protagonista en Donatella, película con la que ganó el premio de mejor actriz en el Festival de Berlín de 1956. Luego vinieron otros filmes, como La noche salvaje, de Mauro Bolognini y Un amor en Roma, de Dino Risi.

La actriz romana saltó al gran cine de autor internacional. Ya corrían los años sesenta cuando trabajó con Roger Vadim (La sangre y la rosa, 1960), Orson Welles (El proceso, 1962), Henry Hathaway (El gran safari, 1963), o Elio Petri en (La décima víctima, junto a Marcello Mastroianni). En total hizo setenta películas y más tarde, en los años setenta, se fue alejando del cine y trabajó cada vez más en televisión, como la mayor parte de los intérpretes de su época.

Poco a poco su mundo pasó a ser el de la jet-set internacional: grabó un disco como cantante, trabajó en el periodismo, dirigió un Festival de San Remo, y en 1968 se casó en segundas nupcias con el fotógrafo y diseñador Willy Ricci. Jamás escondió su carácter pasional. Vivía en una bella casa cerca de la Piazza del Popolo de Roma y hasta sus últimos días fue icono de elegancia innata. Naturalmente, no igualó la carrera de la Hepburn, pero puedo afirmar que fue una digna competidora de Audrey.

Ángel Domingo

 

 

 

 

 

 

 

 

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