Cine Yold. ¿Qué aportan sus misteriosos reflejos en la pantalla grande?

Espejos en el cine: de recurso ingenioso a trampa mortal

Angel Domingo
26 diciembre, 2022

El espejo es uno de los inventos más misteriosos de la humanidad. Hay quien lo define como la herramienta perfecta, pero también quien lo considera un objeto siniestro. Hoy, de la mano de Ángel Domingo, nos asomamos a ellos para saber qué nos aportan sus reflejos fílmicos.

Lo que tenemos que reconocer es que, para las personas atractivas y carismáticas, los espejos son aliados perfectos, ya que les permiten ver su potencial en todo su esplendor, sirviéndose de ellos para reparar alguna leve imperfección o potenciar un rasgo.

En muchas ocasiones, los espejos de las películas muestran la verdadera esencia del que se asoma a ellos, como sucede, felizmente, en la película de La bella y la bestia (1991), cuando la encantadora taza Chip se asoma a un espejo y el reflejo que aparece es su verdadera forma: un simpático joven repleto de ganas de jugar con sus amigos.

Sin embargo, el gran Orson Welles utilizó el recurso del espejo de un modo muy particular en La dama de Shangai (1947), al filmar un salvaje tiroteo dentro de un laberinto de espejos en que los personajes se confundían entre el espejo y la persona real.

Esta escena resultó muy estimulante para Woody Allen, que la reprodujo de manera prácticamente exacta en su filme Misterioso asesinato en Manhattan (1993).

Otro modo de utilizar el espejo en el cine es filmar la imagen fraccionada que refleja, recurso que utilizó Pedro Almodóvar en La flor de mi secreto (1995), al mostrar hechos pedazos a Imanol Arias y Marisa Paredes, para conseguir que el espectador comprendiera de un modo sencillo el tormento interior que sufrían los personajes.

Y en otro género mucho más desenfadado, el sinvergüenza de Sam Raimi se enfrentaba al accidental héroe Ash (Bruce Campbell), contra su reflejo malvado en la original película El ejército de las tinieblas.

¿Y cómo no mencionar la célebre discusión de Tobey Maguire en la versión de Spiderman, firmada por el mismo Raimi en 2002, cuando Maguire, que interpreta al Trepamuros, discute con el Duende verde que se alojaba en su cabeza?

Por su parte, el cine de terror no podría vivir sin el espejo del baño. No es solo que se haya convertido en un cliché, es que resulta casi una obligación que ha traspasado géneros con el objetivo del susto fácil.

Y, para cerrar este sencillo artículo, recuerdo dos memorables escenas de cine que no podrían haberse producido sin un espejo:

Robert de Niro dejaba salir su lado más violento en la película de culto Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), al repetir hasta la extenuación ese “Are you talking to me? (“¿Estás hablando conmigo?”).

Y de una película icónica a otra si cabe todavía más: Pulp Fiction. Vincent Vega (John Travolta) meditaba sobre moralidad y masturbación, mientras era tentado por Uma Thurman, la esposa de su jefe, la señora Wallace, que bailaba provocativamente al ritmo de Girl, you’ll be a woman soon.

Y después está el artefacto fantástico: el que cae en manos de la villana del cuento de Blancanieves (una fábula muy revisitada últimamente al ritmo del hip, hop), para ser utilizado como si fuera un buscador de Google interactivo. 

Como podéis comprobar, la mayoría de los espejos del cine están protagonizados por recursos de ilusión óptica y complicados efectos especiales. Mi escena favorita, sin embargo, se realiza con un único y sencillo espejo: la que protagonizan Groucho, Harpo y Chico Marx en Sopa de ganso (1933).

Ángel Domingo Pérez

 

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