Mundo Yold. Reivindicando el nombre de otra gran artista desconocida

Eva Gonzalès, la pintora impresionista a la que no conocías

 

 

 

Inés Almendros
4 abril, 2022

Monet, Renoir, Manet, Degas, Cezanne, Morisot… Los clásicos nombres de la pintura impresionista son reconocidos popularmente, pero eso no sucede con Eva Gonzalès, modelo y pintora francesa de origen español, que dejó algunas de las más bellas obras de este estilo antes de su muerte prematura al dar a luz. Hoy ponemos un poco de luz sobre la preciosa y muy desconocida obra de esta genial artista.

Aunque Eva Gonzalès dejó un precioso legado de pinturas, aunque durante décadas apenas solo se la ha recordado por haber sido modelo de su maestro y amigo, Edouard Manet. Su corta vida y su propio deseo de permanecer, de alguna forma, en un segundo plano detrás de su profesor, difuminaron su nombre en la historia del arte. Afortunadamente, a veces el tiempo pone luz sobre el olvido humano, y en esta ocasión el paso de los años ha ayudado a recuperar el valor de sus preciosos cuadros.

Té de la tarde. Óleo sobre lienzo, 1875

Eva Carola Jeanne Emmanuela Antoinette Gonzalès, más conocida como Eva Gonzalès, era hija del periodista y escritor nacido en España, pero nacionalizado francés, Enmanuel Gonzalès, autor de novelas, obras de teatro y fundador también de la prestigiosa Revue de France.

Su corta vida y su propio deseo de permanecer, de alguna forma, en un segundo plano detrás de su profesor, difuminaron su nombre en la historia del arte.

La toilette. Óleo sobre lienzo, 1879

Su madre, Marie Céline Ragout, que se dedicaba a la música, era de origen belga. La niña se crió en una familia culta, liberal, adelantada a su tiempo. En ese entorno privilegiado tuvo la oportunidad -muy rara para las mujeres en su época- de estudiar y relacionarse con las principales figuras del mundo intelectual que, por el trabajo de su padre, frecuentaban su hogar.

Le petitlever. Óleo sobre lienzo, 1875

De esta forma, Eva se decantó pronto por la pintura y comenzó a tomar sus clases con el pintor Charles Joshua Chaplin, que además había desarrollado un supuesto método especial para enseñar a las mujeres, aunque algunos autores posteriores aseguran que en realidad su visión de la pintura femenina, y de la mujer en sí, era un tanto limitada y conservadora.

Retrato de una mujer en blanco. Óleo sobre lienzo, 1979

Tras años de estudio con Chaplin, Eva decidió continuar aprendiendo con el gran maestro Édouard Manet, que ya entonces era una de las más importantes figuras de la época, y que ejerció una enorme influencia sobre ella.

Los trabajos de la joven pintora habían tenido una gran aceptación en el Salón de París, y sus obras al pastel eran muy valoradas.

Para entonces, los trabajos de la joven pintora habían tenido una gran aceptación en el Salón de París, y sus obras al pastel eran muy valoradas por la sutileza de sus trazos, su delicadeza y perfección.

La sombrerera. Pastel y acuarela sobre lienzo, alrededor de 1877

Eva y su maestro
Durante años, la relación de Eva con Manet fue de gran amistad, complicidad, admiración y cariño; algo que levantó alguna que otra suspicacia tanto entre los íntimos de la pintora, como del artista.

Uno de los muchos retratos que Eva realizó a su hermana Jeanne, quien tras su muerte, se casaría con su marido y cuidaría de su hijo

Los primeros alertaban a Eva de la excesiva –a su criterio- influencia que ejercía sobre ella el profesor. Los segundos envidiaban la debilidad de Manet por su alumna. De hecho, Manet -que también era profesor de Berthe Morisot, la más conocida pintora impresionista- decidió quedarse únicamente con Eva como única pupila, abandonando al resto de sus aprendices.

Retrato de Eva por Edouard Manet. Óleo sobre lienzo, 1870

Berthe, que a su vez era la cuñada del maestro -ya que estaba casada con su hermano, Eugène Manet– dejó constancia escrita de su disgusto por la predilección de Édouard hacia Eva, a la que, de alguna forma, consideraba su rival. Por su parte, Eva también mantuvo una actitud de cierta frialdad hacia Berthe.

Un palco en el teatro de los italianos. Óleo sobre lienzo, 1874

Además de aprender durante años con él, Eva hizo de modelo en varias ocasiones. Esto tuvo otra consecuencia: con los años, Eva fue más conocida por posar como modelo para su famoso maestro, que por su propia y maravillosa obra; algo que –como hemos indicado arriba- el tiempo está corrigiendo.

La mujer de azul. Óleo sobre lienzo, 1871-1872

Por otra parte, Gonzalès decidió seguir los mismos pasos que Édouard, y evitó posicionarse directamente con el grupo de los llamados “impresionistas”, aunque sus pinturas -como las de él- claramente lo eran.

Eva fue más conocida por posar como modelo para su famoso maestro, que por su propia y maravillosa obra.

También rechazó exponer en las muestras compartidas que estos organizaban. De alguna forma, este hecho igualmente contribuyó a que sus cuadros no fueran tan conocidos.

La alcoba. Óleo sobre lienzo, sobre 1878

Una vida demasiado corta
En 1879, Eva contrajo matrimonio con el también artista y grabador, Henri Guérard. Su boda no le impidió seguir pintando, dedicando gran parte de sus trabajos a retratos cercanos e intimistas de su familia y amigos. De entre todos ellos, su modelo favorita era su hermana Jeanne, a la que retrató en varias ocasiones, y en distintas poses.

Dama con abanico. Pastel sobre papel adherido a tabla, sobre 1870

Tristemente, en 1883 dio a luz a su hijo Jean-Raymond, pero pocos días después falleció por una embolia provocada durante el parto. Tan solo un día antes, también había muerto su gran amigo Édouard Manet.

La Mariée, otro retrato, esta vez a pastel sobre lienzo, de su hermana Jeanne

Eva solo tenía 34 años cuando falleció; se marchó dejando un viudo, un niño huérfano, y una prometedora carrera por delante. Su familia, tal vez obligada por la necesidad, vendió gran parte de sus cuadros tras su muerte, y sus amigos y compañeros le dedicaron una exposición póstuma en 1885. En 1888, su marido Henry se casó con su cuñada, la hermana de Eva, su gran amiga y modelo favorita, Jeanne, que se ocuparía de cuidar de su sobrino como si hubiera sido su hijo. Eva está enterrada en el cementerio de Montmartre, en París.

Fotografía de la artista

Una obra para descubrir
Pese a su corta carrera, y a que ella misma ocupó, tal vez voluntariamente, un papel de secundaria detrás de su maestro, Manet, Eva nos dejó el legado de una colección de pinturas hasta ahora poco conocida, pero que, con el tiempo, es cada vez más valorada y respetada.

El balcón. Óleo sobre lienzo, entre 1865 y 1870

Entre las más famosas, El despertar, Palco en el teatro, La sombrerera, Retrato de una mujer en blanco, El balcón…

Autorretrato

Y por supuesto, los retratos de Jeanne. Los críticos valoran su gusto por la sencillez, la simplicidad, el tratamiento intimista de su factura, la delicadeza de sus trazos, sobre todo en sus cuadros al pastel. Hoy, descubrir las obras de esta desconocida pintora, es sin duda, una gran satisfacción.

 

 

 

 

 

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