Frida: ¡viva su -desgraciada- vida!

 

 

 

Angel Domingo
6 marzo, 2020

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Hoy, nuestro crítico de cabecera nos recomienda acudir a las salas a partir del domingo 8 de octubre para ver la película documental  “Frida. Viva la vida”, que narra la tormentosa vida de la pintora mexicana Frida Khalo. Ángel Domingo destaca la belleza estética de la cinta y la de la propia obra de la artista. ¿Nos vamos al cine?

 

“Nada es negro, realmente nada” escribió Frida Kahlo en su diario. Y es que el equilibrio entre el dolor y la esperanza es una de las claves para analizar la imagen de la artista mexicana, origen de un interés muy popular que procede, en su mayor parte, del mito creado alrededor de ella.

Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón (6 de julio de 1907) fue una reconocida pintora nacida en la Casa Azul del barrio mexicano de Coyoacán, el mismo lugar que la vio morir en 1954; dejó atrás dos centenares de obras, un romance tan apasionado como tormentoso con Diego Rivera y la huella de un carácter rebelde que rompió con muchos convencionalismos.

Kahlo, Frida (1907-1954): The Broken Column. 1944. Mexico City Fundacion Dolores Olmedo *** Permission for usage must be provided in writing from Scala.

Para la académica Eli Bartra, el reconocimiento, tanto nacional como internacional tiene una parte legítima, pero también otra que corresponde al marketing y que deja en segundo plano el valor de su producción artística. La profesora de la Universidad Autónoma, autora de Frida Kahlo. Mujer, Ideología, Arte, destaca que el mito surgido alrededor de la artista nació en los Estados Unidos y Europa, donde la encuentran “sumamente exótica, impactante y crítica”, aunque no es su afán crítico lo más valorado.

El dolor físico que siempre le acompañó, lo inmortalizó en óleos como La columna rota (1944), devastador autorretrato en el que su torso se abre en dos para mostrar una columna griega quebrada en su interior. A su vez, el sufrimiento psicológico también aparece en sus creaciones, como se ve, de manera terriblemente explícita en Henry Ford Hospital (1932), pintura en la que retrata uno de sus abortos que tuvo lugar en la ciudad de Detroit. No poder tener hijos fue una de sus grandes frustraciones.

La obra de quien escribiera, en una de sus primeras pinturas, la majestuosa frase “Viva la vida”, está marcada por la presencia del sufrimiento. De pequeña, Kahlo contrajo poliomielitis y a los 18 años su vida dio un vuelco cuando el vehículo en el que viajaba chocó con un tranvía. En el accidente se fracturó la espina dorsal y varios huesos de la pelvis, lo que la obligó a permanecer en cama durante meses. Por puro aburrimiento, según afirmó, comenzó a pintar, dejando de lado su idea de estudiar medicina. 

Algunos han explotado y trivializado de mala manera el dolor de la artista. Fuera de México llamó la atención la historia de “la pobre mujer” del tercer mundo que, a pesar de todo, es la gran artista. La mercadotecnia, gracias a la cual tanto las obras como su propia imagen pueden encontrarse en objetos como puzzles, libretas, cojines o muñecas, “se ha apoderado de su figura, su vida o su obra con afán lucrativo, pura y simplemente”, concluye.

Por su parte, Josefina García, directora de colecciones y servicios educativos del Museo Dolores Olmedo -que cuenta con una de las colecciones más importantes de la obra de Frida- afirma que la suma de la dimensión artística y comercial constituye la “riqueza” de su figura. Una persona puede acercarse a la artista a través de sus productos comerciales e, igualmente acabará “fascinada” por quién fue Kahlo como artista y persona.

De acuerdo con la directora, Kahlo acapara tanta admiración entre los visitantes de los museos porque entre éstos y ella se llega a forjar un vínculo, gracias al componente autobiográfico de sus pinturas. “La gente cuando acude a ver sus exposiciones se da cuenta de que se puede sentir identificado con la artista” y encuentran ‘otro ser humano’ que ha tenido, como cualquier persona, experiencias difíciles en la vida”.

Nuestra heroína tuvo un gran amor al que cariñosamente llamaba mi sapito. El grandullón  Diego Rivera, pintor muralista mexicano, fue el compañero en su viaje por la vida; una vida tormentosa plagada de infidelidades. Con él se casó dos veces. En la segunda boda, Frida puso una condición: no intimar y vivir sin verse.

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Fuera de su obra pictórica, Frida se interesó e hizo posible que México acogiera al teórico ruso León Trotsky, perseguido por Stalin. Cuando fue asesinado, Diego Rivera huyó a los Estados Unidos y, desde allí, aconsejó que Frida le acompañase.

“Jamás pinté mis ilusiones, fueron mis desgracias las protagonistas de mi obra”, afirmó en varias ocasiones. La soledad fue su íntima compañera y lo supo expresar magistralmente en obras como Las dos Fridas (1939).

Para finalizar, un consejo: acude al cine para ver Frida.Viva la vida (Giovanni Troilo, 2019), además de disfrutar de bellas imágenes, seguramente, al salir, comprenderás que tus preocupaciones pueden ser superadas si “le sacas pecho a la vida”.

Ángel Domingo Pérez

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