Mundo Yold. Hoy queremos homenajear a la doctora que protegió de la muerte a miles de mujeres

Gisella Perl, la ginecóloga de Auschwitz que salvó la vida de miles de mujeres

Carmen Matas
25 mayo, 2020

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Gisella Perl, ginecóloga y prisionera en Auschwitz, interrumpió los embarazos de las mujeres que vivían en el infierno del campo de concentración, al descubrir que las embarazadas eran lanzadas vivas al crematorio. Te contamos esta historia de dolor y valentía.

No es la primera vez que hablamos de auténticos ángeles que aparecieron en el transcurso del infierno del holocausto nazi. Fue el caso de Irena Sendler, el ángel del gueto de Varsovia. Hoy en Gente Yold te contamos la increíble historia de Gisella Perl, doctora de origen judío y especializada en ginecología, que trabajó en el campo de concentración Auschwitz-Birkenau durante el genocidio nazi. Ella era prisionera, pero por su formación trabajó en el campo directamente con el temido doctor Josef Mengele, conocido por los historiadores como el ‘Ángel de la muerte’, siendo testigo de sus horribles crímenes.

Gisella, en su madurez

En un contexto como el del campo de concentración, tener un hijo era peligroso para las mujeres. En muchos casos resultaban víctimas de experimentos horribles por parte de Mengele o de violencia extrema. Fue por este motivo por el que Perl no dudó en ayudar a miles de mujeres a abortar, salvando así sus vidas. Gracias al libro que escribió la propia Perl en 1948, Yo fui una doctora en Auschwitz, hoy contamos la cruda realidad que tuvo que enfrentar la ginecóloga.

Trabajó en Auschwitz directamente con el doctor Josef Mengele, conocido por los historiadores como el ‘Ángel de la muerte’.

Grupo de mujeres confinadas en un campo de concentración

Puede parecer increíble que las mujeres se quedaran embarazadas en un contexto tan terrorífico como el del Auschwitz. Pero así es. En los barracones sin agua que servían para defecar en el mayor centro de exterminio nazi, los judíos se citaban para tener sexo, rodeados de excrementos y del olor a carne quemada que salía por las chimeneas de los crematorios. Muchas veces era pura prostitución: las mujeres vendían sus cuerpos para pagar los productos que tanto se necesitaban y que los hombres eran capaces de robar de los almacenes.

Promesa académica
Gisella Perl nació en Hungría -la parte que ahora es Rumanía- en el seno de una familia judía en 1907. Desde bien jovencita demostró ser toda una promesa académica -a los 16 años era la única mujer, y la única persona judía, que se graduó de su escuela secundaria-. Pronto sus aspiraciones académicas se orientaron al mundo de la medicina, con las claras reticencias de su familia, que no querían que Gisella perdiera la fe y abandonara el judaísmo. Ella no cedió.

Cinco jóvenes húngaras con sus bebés en el campo de Dachau

En 1944, la Dra. Perl trabajaba como ginecóloga, acababa de casarse con un cirujano y vivía en un gueto judío con su familia en Hungría. En marzo de ese año, Perl fue enviada a Auschwitz junto a su esposo, hijo, padres y otros miembros más lejanos de su familia. Por supuesto, fueron separados nada más llegar. El Dr. Joseph Mengele, médico alemán y capitán de las SS de Auschwitz, reclutó a la Dra. Perl para trabajar en el hospital del campo de exterminio.

En marzo de 1944 Perl fue enviada a Auschwitz junto a su esposo, hijo, padres y otros miembros de su familia. Todos fueron separados al llegar.

De un trabajo rutinario al infierno
Tal y como relató la propia Perl en sus memorias, su cometido como médica en un principio era bastante estándar, centrándose en tareas rutinarias: “Básicamente vendaba cabezas ensangrentadas, trataba costillas rotas y limpiaba heridas”.

Portada de su autobiografía Yo fui una doctora en Auschwitz

Pronto, sin embargo, sus cometidos derivaron en tareas más complicadas. Se le ordenó informar directamente al Dr. Mengele de cualquier mujer embarazada que hubiera dentro del campamento. Según la información que recibió, estas mujeres mujeres serían enviadas a un campamento diferente donde recibirían una mejor nutrición. Pero no tardó en darse cuenta de que aquello era una auténtica farsa: las mujeres eran trasladadas al bloque de investigación, donde eran utilizadas como conejillos de indias.

Se le obligó a informar de cada mujer embarazada que hubiese en el campo. Perl descubrió que esas mujeres terminaban siendo lanzadas vivas al crematorio.

Después de eso, mientras cumplía un encargo cerca del crematorio, Perl vio con sus propios ojos que las mujeres embarazadas eran apaleadas con porras y fustas, destrozadas por perros, arrastradas por los pelos y golpeadas en el estómago con las pesadas botas alemanas. “Entonces, cuando se desplomaban, eran arrojadas al crematorio. Vivas.”, relata la doctora en sus memorias. Tras ver este horror, Perl decidió que nunca habría otra mujer embarazada en Auschwitz.

Uno de los barracones femeninos donde vivían hacinadas mujeres judías

Realizaba abortos sin ningún medio
Así, la Dra. Perl comenzó a informar a las mujeres embarazadas de la situación real y de los riesgos a los que se enfrentaban: si las SS llegaban a saber que estaban embarazadas, su vida y la de su futuro hijo habrían terminado.

Comenzó así a asistir partos y realizar abortos en mitad de la noche, sobre los sucios suelos de los barracones y sin ningún tipo de equipo médico, medida higiénica, anestesia ni medicamentos. “Ayudé a dar a luz a mujeres en su octavo, séptimo, sexto o quinto mes de embarazo, siempre de manera apresurada, siempre con mis cinco dedos, en la oscuridad, en condiciones terribles. Nadie entenderá jamás lo que significó para mí destruir a esos niños”, narraba en su autobiografía. Perl, según contó ella misma, llegó a estrangular a un bebé de tres días tras darle un beso de despedida.

Cartel de la película Out of the Ashes, inspirada en la vida de Gisella

Gisela calmaba el terrible dolor que sentía imaginando un mundo en el que todas estas mujeres tendrían hijos con sus parejas después de la guerra, criando a una familia fuera de los horrores de un campo de concentración. Hacia el final de la guerra, hubo casos raros de bebés que nacieron dentro de los campamentos y sobrevivieron, a menudo porque los alemanes estaban preocupados por el cerco de los aliados.

Comenzó así a asistir partos y realizar abortos en mitad de la noche, sobre los sucios suelos de los barracones y sin ningún tipo de herramienta ni medida higiénica.

Fin del infierno
Cuando las tropas soviéticas se acercaban peligrosamente en 1945, los alemanes comenzaron a cerrar apresuradamente las cámaras de gas y los campos de concentración. La Dra. Perl fue trasladada a un campamento cerca de Hamburgo y, dos meses después, a Bergen-Berlsen, donde la célebre Ana Frank murió de tifus.

Gisella con uno de los más de tres mil bebés que ayudó a nacer en su clínica de Nueva York

Al fin de la guerra el campamento fue liberado y Gisella pasó meses buscando a su familia. Ella, que salvó innumerables vidas en Auschwitz, tristemente descubrió que había sido la única superviviente de toda su familia, a excepción de una hija que pudo quedarse en Rumanía. La culpa, el dolor y la carga del Holocausto pesaron demasiado sobre ella, que intentó quitarse la vida en 1947.

Finalmente emigró a Nueva York, donde no fue recibida como una heroína, sino como una sospechosa de crímenes de guerra: Gisella fue acusada de colaborar con Mengele. Por suerte, el testimonio de Perl, que coincidía con los de otros supervivientes consiguió convencer de la cruda realidad que se vivía en aquellos campos. Incluso, la voz de la ginecóloga fue crucial para condenar al médico nazi en los juicios de Auschwitz, según subrayan varios historiadores.

Ya con su reputación limpia, la doctora se convirtió en una experta en infertilidad en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York y abrió su propia clínica en Park Avenue cuya única misión era traer vida al mundo.Era la médica más pobre de Park Avenue, pero desarrollaba la mejor práctica, ya que todos los supervivientes de Auschwitz y Bergen-Belsen fueron mis pacientes”. Ejerció durante 43 años, trayendo a la vida a más de 3.000 bebés sanos. Tal y como contaba en su autobiografía, cada vez que la doctora entraba en la sala de partos rezabaDios, me debes una vida, me debes un bebé vivo”.

Finalmente, el 16 de diciembre de 1988, Perl murió a los 81 años en la ciudad israelí de Herzliya, donde se había mudado para vivir con su hija y su nieto.

Más información:

https://www.ushmm.org/

Comentarios

  1. Alicia dice:

    Indudablemente esta doctora tuvo que sibrepinersea lo que la rodeaba y ahi en esis espacios nauseabundos, pudo salvar vidas y otras actuar en contra df sus creencias. Mi respetuoso saludo en su memoria.

  2. Juani dice:

    Doy gracias a Dios por no haber vivido una guerra ni haber visto tanto dolor siento de todo corazon lo que ha vibido el pueblo Judio Dios los bendiga un fuerte abrazo para todos

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